#1-O: Choque de Trenes y defensa de la democracia

choque_trenes1Se llevaba mucho tiempo – años – hablando del “choque de trenes”, es decir, de aquel momento en que la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de España se enfrentarían abiertamente a causa del ejercicio al derecho a la autodeterminación. Y podemos afirmar que a partir de la convocatoria oficial del referéndum para el próximo 1 de Octubre por la independencia de hace apenas dos semanas, ese momento ya ha llegado.

Se podría hablar largo y tendido sobre este asunto desde diferentes perspectivas, pero no es mi intención hacerlo en esta ocasión porque creo que cuando la cosa se tensa tanto no queda más remedio que tomar un posicionamiento al respecto, a pesar de que lo que sucede no sea lo que personalmente yo (ni muchos otros) hubiésemos preferido. Pero la realidad es tal cual se presenta. Y, nos guste más o menos, ahí estamos el conjunto de los ciudadanos contemplando este “choque de trenes”. Y lo cierto es que cuando dos trenes chocan, siempre se producen lamentables daños, independientemente de qué tren fuera por la vía correcta y cuál no, si es que fuera alguno…

Dicho esto, en primer lugar quiero dejar claro que todo esto no se estaría produciendo si el gobierno de España hubiera accedido a la celebración acordada con el gobierno de la Generalitat, en los términos que fueran, de un referéndum por la independencia de Catalunya.

El derecho de autodeterminación, es decir, la capacidad intrínseca de un pueblo o comunidad determinada a decidir sobre su futuro, es algo tan elemental que es muy difícil (por no decir imposible) no estar de acuerdo si no es desde un posicionamiento cercano al de un nacionalismo reaccionario.

¿Existe alguna razón por la que los ciudadanos de Catalunya (o de Euskadi o de Galicia) no puedan ejercer su derecho democrático a voto acerca de si desean seguir formando parte de España?

Pues bien, como el gobierno del Estado lleva enrocado desde hace años en su posicionamiento negativo, ahora nos vemos abocados a esta situación. Y es totalmente cierto (y también es bueno recordar) que desde Catalunya en este tema se han hecho muchas cosas bastante mal y que se han cometido ciertas irregularidades (véase el esperpento en la aprobación de la “ley de transitoriedad” o en la misma convocatoria del referéndum)  y que, además, de llegar a producirse el referéndum catalán, éste no contaría ni siquiera con las garantías mínimas marcadas por la Comisión de Venecia en esta materia, por lo que tampoco contaría con el aval y reconocimiento internacional…

Está claro que el gobierno catalán ha desobedecido al Estado al convocar el referéndum unilateralmente. Es una evidencia incuestionable. No obstante, yo me pregunto, ante la negativa reiterada del gobierno de España a acceder a un diálogo sobre la autodeterminación de Catalunya, ¿qué otra opción tenía el Govern? ¿Quedarse de brazos cruzados? ¿Esperar pacientemente a que haya elecciones generales para ver si gana “Podemos”? (cosa, por cierto, muy poco probable en estos momentos…)

papeleta

Sinceramente, pienso que el Govern català no tenía muchas alternativas si, de algún modo, quería presionar al Estado para que se aviniera a algún tipo de acuerdo dialogado…

Ahora bien, aún en el supuesto de estar totalmente en desacuerdo con la decisión adoptada por el Parlament de Catalunya, la respuesta del Estado a todas luces está siendo absolutamente desproporcionada e impropia de una democracia mínimamente avanzada o consolidada. En Catalunya ahora mismo estamos viviendo casi en estado de excepción: Las finanzas públicas intervenidas, la guardia civil interviniendo conselleries y otras instituciones del Govern, cierre de páginas web y, por lo tanto, en detrimento de la libertad de Internet, la policía haciendo registros en imprentas y oficinas de correos, prohibición de actos y manifestaciones a favor del “derecho a decidir”, cientos de alcaldes citados a declaración judicial, detenciones de cargos públicos, censura de spots publicitarios…

O dicho de otro modo, el estado español ha convertido definitivamente la defensa de los derechos nacionales de Catalunya en una lucha por los derechos civiles e, incluso, por el mantenimiento de la misma democracia, tal cual la entendemos a día de hoy. La respuesta social no se ha hecho esperar y una multitud ha tomado las calles y plazas para expresar enérgicamente su rechazo.

Y ante esta actitud autoritaria y toda esta vorágine de represión desatada por el Estado, gente como yo que no entendemos en absoluto la ideología nacionalista y que ni siquiera tenemos un posicionamiento a favor de la independencia de Catalunya, pero que venimos de movimientos sociales como el 15M y que defendemos un pensamiento libertario, nos tendrán enfrente. Puesto que creemos radicalmente en el diálogo, el acuerdo y, sobretodo, en la democracia y la libertad.

Y, no nos olvidemos, haya o no finalmente referéndum, después del día 1, llegará el día 2…

SPAIN-CATALONIA-POLITICS-PROPAGANDA

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#1-O: Choque de Trenes y defensa de la democracia

Algunas reflexiones desordenadas respecto a los atentados

LAZO CONDOLENCIAHace poco más de una semana de los atentados de Barcelona y Cambrils. Poco más de una semana y parece que haya pasado un mundo. En la tarde de ayer salieron a las calles del centro de Barcelona medio millón de personas para expresar su rechazo al terrorismo y solidaridad con las víctimas. Recordemos que estos atentados, además de dejar un centenar de heridos, se cobraron la vida de 15 seres humanos inocentes, incluyendo niños que apenas habían tenido la oportunidad de comenzar su aventura por la vida. Y jóvenes. Y también mayores, es igual. 15 muertos que solamente estaban en el lugar más inadecuado en el momento más inoportuno. E imprevisible. Y fortuito. Personas que, bien pudieran esa tarde haber decidido hacer cualquier otra cosa y ahora estarían vivas. Y quizás otras ocuparían su lugar. Quién sabe. Personas que bien podríamos haber sido cualquiera de nosotros. Yo mismo, quizá. No hay ningún motivo racional que justifique su muerte ni por el cual se comprenda que esas personas, y no cualesquiera otras, deberían morir ese día… Pasear por las Ramblas de Barcelona una tarde de Agosto. Ya ves, tú. Nada más cotidiano. Nada fuera de lo más habitual.

Posteriormente, fueron muertos a manos de las fuerzas de seguridad la mayoría de los terroristas implicados en el mayor atentado yihadista perpetrado jamás en Catalunya. Unos seis, creo. No lo sé con certeza. También murieron dos más el día anterior a causa de la explosión de una bomba que preparaban con tal de cometer un atentado aún mucho más terrible en la capital catalana. Aunque lo cierto es que tampoco lo sé bien. La información es algo confusa y todo esto resulta muy difícil de comprender… Y, sinceramente, tampoco quiero saber demasiado. No encuentro que los detalles en este caso sean importantes. Al final, ha sucedido así, ¿qué más da lo demás?, ¿de qué sirve pensar que hubiera podido ser aún peor? En cualquier caso, con los terroristas abatidos, más muertos que sumar la negra lista de muertos. Y aunque no sienta ni mucho menos el mismo dolor por la muerte de unos y otros, lo cierto es que al final todo me resulta de lo más entristecedor. Pues todas ellas son muertes que, al fin y al cabo, acrecientan esta funesta espiral de odio, miedo, locura y desolación.

Barcelona, París, Londres, Madrid. También Madrid. Otros muertos que nos tocaron de muy cerca hace relativamente poco, apenas algo más de una década. Definitivamente, desde el 11-S de 2001, con el estremecedor derrumbe de las torres gemelas de Nueva York asistimos atónitos a otra manera de comprender hasta donde puede llegar el alcance del terrorismo contra la población civil. Porque el terror siempre afecta más cuando lo sentimos de cerca, cuando les ocurre a aquellos con los que más nos identificamos. Es así: no tienen el mismo valor para nosotros estos muertos que los que se producen por las guerras y conflictos armados en Palestina, Kurdistán o Síria. Simplemente porque aquéllos no los sentimos como propios y, en cambio, estos sí. No es ninguna rareza, nos duele más la muerte de aquéllos con los que más cosas en común compartimos. Es normal que así sea. Aunque probablemente el nexo de unión de unos y otros sea mucho más evidente de lo que de común imaginamos y tal vez fuera bueno reflexionar sobre ello.

En cualquier caso, desde entonces hasta ahora, tras todas estas muertes, después de todo este horror ¿qué hemos aprendido? Creo que apenas nada. O, al menos, poco. Muy poco…

De este modo, si nos preguntamos por el motivo de todo esto, ¿cuál es la causa, si es que existe? ¿Simplemente el generar terror por el terror? ¿La sinrazón? No lo creo en absoluto.

Porque, vamos a ver, ¿existe un motivo que pueda ofrecernos una comprensión para todo esto?

¿El petróleo, quizá? ¿El fanatismo religioso, tal vez? ¿Las guerras que se libran en Oriente Medio? ¿Los intereses económicos? Lo cierto es que posiblemente no encontremos una argumentación sencilla sino que exista toda una extensa maraña de hilos que se relacionan y se comuniquen los unos con otros, confeccionando un todo enormemente complejo…

En cualquier caso, estoy convencido de que los terroristas no son unos locos que simplemente quieren matar a la gente y ya. Quizás sea esta la explicación que a nosotros nos resulte más plausible, pero en el fondo, sabemos que no es así. Que no puede ser así. Ellos tendrán sus motivos, seguro, aunque nosotros no los comprendamos… Y tal vez no queramos ni tan siquiera escuchar.

Al igual que tampoco comprendemos qué carajo pasa con eso que llaman el Estado Islámico, el ISIS el DAESH o como quiera que lo llamen. Ni tampoco con el papel que juega el régimen de Arabia Saudí, ni con la venta de armamento de empresas occidentales a determinados países, ni con el dinero que financia las guerras (¿nuestro dinero?), ni con la crisis de los refugiados y ni mucho menos con los inmigrantes que vienen en patera a nuestras costas en busca de un futuro mejor.

Y sin embargo, aceptamos todas estas cosas que no entendemos con absoluta normalidad. Mira tú, qué curioso. Así pues, quizás la nueva normalidad en unos años sea aceptar también los atentados que se comentan en nuestras sociedades como algo que pasa de vez en cuando. Que no sabemos porqué, pero pasa. Como cuando existía ETA, pero en plan bestia. Con la misma normalidad como cuando ahora contemplamos en las noticias que se producen violaciones a mujeres, o asesinatos por razones machistas, o palizas a homosexuales, a extranjeros, a vagabundos, o la normalidad de la violencia en el fútbol, en las agresiones en los patios de colegio o, simplemente, los atracos en la calle a punta de navaja. Es decir, como algo que pensamos que ojalá que nunca nos suceda a nosotros pero que sabemos que son cosas que pueden ocurrir. Porque la vida es así. La gente está muy mal y hay cosas que no se pueden cambiar. Así que mejor cruzar los dedos, intentar no meterse en líos y que cada cual procure salvarse su culo. En el fondo, esta es la manera normal con la que nos movemos por el mundo y nos relacionamos los unos con los otros: repletos de desconfianza y de miedo… Y es que, por desgracia, razones no nos faltan. Cuando no es una cosa es otra. Y todo esto sin contar ya nuestros miedos habituales a quedarnos sin trabajo, a que nos deje la pareja, a que nos traicione un amigo, etc. Vamos, una locura de vida.

De lo que estamos hablando es de que, quizás, acabemos incorporando el terrorismo a nuestro sentimiento normal de vulnerabilidad. Aumentándolo, más y más, eso sí. Incorporar esta pesada carga a la ya de por sí voluminosa mochila de ataduras y cadenas.

Porque, en el fondo, nos sentimos vulnerables. Aunque claro está, siempre nos quedará el consuelo de encontrarnos en el lado de “los buenos”, por supuesto. “Los malos” siempre son los otros (el extranjero, el musulmán, el negro, el chino, el rico, el pobre, el hombre, la mujer, el catalán, el castellano, el de mi izquierda, el de mi derecha…) Pero nosotros, no. Nunca. La culpa, del otro. Siempre. Así de sencillo.

Dicho lo cual, no obstante, quiero dejar absolutamente claro que pienso firmemente que los terroristas que deciden llevar a cabo estos miserables actos, desde luego, son absolutamente responsables de sus acciones. Simplemente pretendo estirar del hilo de este pensamiento:

¿Por qué razón una persona decide acabar con la vida de alguien que ni siquiera conoce? ¿De alguien que no le ha hecho nada en absoluto?

Y, al final, después de mucho pensar sólo se me ocurre una respuesta: el odio.

Así pues, quizás sea tiempo de reflexionar qué motivos les lleva a unos jóvenes que han nacido y crecido en nuestra sociedad a odiar de esa manera, a odiar tanto como para desear meterse en una furgoneta y atropellar a todo aquel ser inocente que se cruce en su camino, ya sean mujeres, niños o ancianos. A atropellar a cuantos más mejor. Y a sentir que hacen bien. Sentir como su odio se libera otorgándole una extraña sensación de libertad y justicia. Aún a sabiendas de que probablemente ellos mismos morirán pocas horas después. De un tiro en el pecho. A sabiendas que esto supondrá el fin de sus cortas vidas. A sabiendas del poco valor, por lo tanto, que se dan así mismos. ¿Qué les lleva a estas personas a sentir que sus vidas tienen tan poco valor? ¿A ver que su única opción es aquella que les conduce a su propia muerte sin remedio?

Nosotros, desde la comodidad de nuestros hogares, deberíamos de ser capaces, al menos, de comprender una cosa: que el odio no puede ser combatido con balas, ni con mayores medidas de seguridad, ni mucho menos echándonos irresponsablemente la culpa los unos a los otros, ni con himnos o banderas, ni desviando la atención con temas superfluos o que nada tienen que ver con todo esto ni intentando de forma miserable sacar rédito de algún modo de tanta desgracia… Y aprovechar para pensar en todo aquello que como sociedad quizás no estemos haciendo bien, todas aquellas medidas de integración social y de no exclusión que podríamos mejorar enormemente. Y a nosotros mismos. No como sociedad sino como seres individuales. Como nos comportamos con los demás, qué le estamos ofreciendo al mundo.

El odio sólo puede ser combatido proporcionando amor. Aunque cueste. Nada más tiene el más mínimo sentido. Ningún otro camino podrá conducir a la paz.

Amor sin distinción. Ésa es la única respuesta realmente valiente y revolucionaria. A todos. Rompiendo las barreras imaginarias que nos convierten en enemigos del otro, del diferente. Desde el respeto más profundo por las víctimas y por los familiares, por supuesto. Ya que jamás podremos ponernos en su pellejo. Jamás. Sólo podemos abrazarlos y callar si no sabemos hacer nada más. Y solidarizarnos con ellos, pues bien pudiéramos ser nosotros los protagonistas de interpretar ese triste papel. Y aceptar toda la ira y rabia que como humanos en estos momentos puedan albergar… Puesto que la comprendemos perfectamente. Tienen todo el derecho.

Y, por supuesto, aceptar también toda la tristeza por aquellos que ya no están. Que descansen en paz.

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Algunas reflexiones desordenadas respecto a los atentados

“Alike” (corto de animación)

En esta entrada quiero compartir un pequeño cortometraje de animación, de apenas 8 minutos de duración, titulado “Alike” dirigido por Daniel Martínez Lara y Rafa Cano Méndez, que vio la luz a finales del año pasado.

Como sus autores explican, la historia intenta plantear una reflexión acerca de la paternidad y la enorme importancia de la influencia de los padres hacia sus hijos y, sobretodo, plantea una crítica hacia los estímulos y la educación en general que reciben los más pequeños en nuestra sociedad.

Ahora bien, creo que del corto también se desprende una perspectiva crítica respecto al actual modelo social en el cual, desde la infancia y siguiendo los más elementales principios del “condicionamiento clásico” de Pavlov, aprendemos a dejar de lado nuestra capacidad creativa limitándonos, poco a poco, en nuestra toma de decisiones y adiestrándonos, de esta manera, para llegar a convertirnos en engranajes necesarios para perpetuar un sistema “gris” que no está en absoluto diseñado para que las personas tomemos el protagonismo respecto nuestras propias vidas.

(Más info en www.alike.es)

“Alike” (corto de animación)

El Elefante Encadenado

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños.
Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio sigue pareciéndome evidente. ¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez. Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él. Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…

 

“Déjame que te cuente…”
Jorge Bucay

Este pequeño relato es el que abre una de las primeras obras literarias del conocido psicoterapeuta argentino Jorge Bucay. El libro se editó en Argentina en 1994 bajo el título Recuentos para Damián y años más tarde, fue publicado en España como Déjame que te cuente…. A éste, le siguieron otros libros de relatos cortos como por ejemplo Cuentos para pensar. En cualquier caso, la obra de este autor es bastante extensa y variada, que incluye desde los mencionados libros de “fábulas” hasta ensayos psicológicos o novelas de ficción, y se caracteriza por utilizar siempre un lenguaje sencillo y directo sobre temas de cierta complejidad en lo relativo a lo humano. Particularmente, para ahondar un poquito en el autoconocimiento recomiendo la serie de libros de “los caminos“…

En cualquier caso, el relato de “El elefante encadenado” me marcó enormemente hace ya bastante más de una década y a día de hoy, aún lo recuerdo bien. Creo que pueden desprenderse de él diferentes lecturas. Por un lado, el condicionamiento que la sociedad ejerce sobre los individuos, que funciona a modo de lastre. Desde bien pequeños, de algún modo, se nos adiestra sutilmente para que seamos seres dóciles y manejables, fácilmente manipulables y predecibles. Para que sigamos el camino de “lo correcto” y no nos desviemos demasiado de la norma. Por otra parte, creo que esta pequeña historia también nos habla sobre nosotros mismos, sobre la tendencia que tenemos a auto-castigarnos o a ponernos límites, tanto si las cosas no nos han salido bien en el caso de que hayamos tenido una mala experiencia en el pasado, como si por el motivo que sea creemos que no seremos capaces de lograrlo en el futuro… En definitiva, sobre nuestro miedo y nuestra resignación.

El cuento, en cualquiera caso, resulta una llamada a nuestra atención. Para que nos demos cuenta de que sí se puede. O al menos a darnos el permiso necesario para intentarlo. Se trata de una especie de grito silencioso que nos anima a romper las cadenas imaginarias que nos esclavizan, ya sean éstas propias o ajenas. Para que, de una vez, de poco en poco o de vez en cuando, nos atrevamos.

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El Elefante Encadenado

What? Sobre el futuro

A continuación comparto un vídeo del conocido escritor y conferenciante Álex Rovira que gravó hace unos tres años para la plataforma WHAT.

WHAT es una plataforma abierta y sin ánimo de lucro que tiene como objetivo inspirar y difundir conocimiento para favorecer una sociedad más justa, libre y equilibrada.

En este vídeo, Álex Rovira habla de la crisis financiera y de valores en la que estamos inmersos en los últimos tiempos. También aporta su visión acerca de cómo debería evolucionar la toma de conciencia individual para un desarrollo favorable en las relaciones entre los seres humanos en el futuro.

 

What? Sobre el futuro

Poder y Responsabilidad Individual

Que el mundo en el cuál vivimos está bastante jodido, es algo que más o menos la mayoría de personas tenemos presente. Lo cierto, es que en el anterior post ya dediqué unas breves reflexiones sobre este tema, así pues prefiero dedicar este artículo a nuestra responsabilidad como individuos respecto la sociedad en la cual vivimos. De hecho, ante esta realidad sombría que a menudo se nos presenta la mayoría de nosotros acostumbramos a mostrar una actitud bastante pasiva. Habitualmente, tendemos a culpabilizar a los demás (políticos, banqueros, empresarios, etc.) de las desgracias y peligros que nos acechan mientras miramos las noticias de la tele desde nuestro sofá, sin hacer absolutamente nada al respecto, más allá de esperar agazapados que a nosotros no nos afecte todo esto demasiado.

¡Y ni qué decir tiene que las personas de poder que con sus decisiones desde sus despachos realmente moldean el devenir colectivo tienen una responsabilidad enorme respecto la sociedad a la que pertenecen! Decisiones que, por desgracia, a menudo denotan un egoísmo y una irresponsabilidad alarmante. No obstante, pienso que en muchas ocasiones la pasividad de la mayoría de la ciudadanía no ayuda a solventar esta situación, sino al contrario, más bien ayuda a perpetuarla e incluso a potenciarla.

Así pues, creo que nos somos del todo conscientes de nuestra responsabilidad individual respecto al conjunto de la sociedad. E incluso me atrevería a hablar del enorme poder que podemos llegar ejercer como individuos para influir positivamente en la realidad de la cuál formamos parte. Nuestros deseos y anhelos de un mundo mejor jamás se materializarán por sí solos, si no ponemos un poquito de nuestra parte. La vida no se trata de ir mirando unos boletos de lotería de vez en cuando para ver si nos ha tocado “el gordo” y, si no, pues nada. Así pues, siguiendo la idea de los “postulados de poder” de Michel Foucault – según la cual el poder no es algo perteneciente a un grupo reducido de humanos o instituciones, ni tampoco algo que pueda adquirirse, conquistarse o aprenderse sino que simplemente se corresponde con  aquellas acciones que se ejercen desde la total libertad individual con tal de obtener un resultado determinado – es hora de que las personas tomemos las riendas de nuestra propia vida y de que decidamos en qué tipo de mundo queremos vivir. De este modo, para hacer efectiva nuestra influencia positiva en la sociedad resulta imprescindible la implicación y el compromiso personal derivados de mantener un estado de coherencia entre nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones. Y esta coherencia sirve exactamente igual para ayudar a una transformación social, como para la búsqueda de un propósito vital individual o mantener un estado de serenidad interior con uno mismo.

No es la primera vez que escribo sobre este asunto. De hecho, cuando empecé con este Blog publiqué varios posts en esta misma dirección. Así que para no extenderme demasiado, a quien pueda interesarle puede consultarlos en los siguientes enlaces: el cambio y el cambio (II). No obstante, sí que me gustaría en este artículo lanzar algunas pequeñas reflexiones por si sirven de ayuda sobre la manera en la que actuamos en la sociedad:

  • Nos quejamos del gobierno pero… ¿a qué partidos políticos votamos?
  • Nos quejamos de los bancos pero… ¿a qué bancos confiamos nuestro dinero?
  • Nos quejamos de las multinacionales… ¿pero a qué empresas o marcas compramos?
  • Nos quejamos del medio ambiente… ¿pero qué medidas tomamos para evitar ejercer un impacto negativo en él?
  • Nos quejamos de la actual falta de valores en la sociedad… ¿pero nos preocupa la clase de educación que reciben los niños y jóvenes?
  • Nos quejamos de cómo está el mundo… ¿pero qué hacemos nosotros para mejorarlo?

 

Cabe recordar que en la actualidad existe todo un abanico de posibilidades diferentes a las convencionales como por ejemplo la banca ética, las cooperativas de energía renovable, los productos ecológicos  y/o de comercio justo, etc. que constituyen opciones fácilmente a nuestro alcance para que nuestra influencia en el mundo se traduzca en términos positivos y se potencie una nueva manera de entender las relaciones entre los seres humanos.

Y sobre todo, es importante tener presente que lo único que indefectiblemente podemos controlar es lo que nosotros individualmente hagamos. Ahí reside nuestro poder y es irresponsable eludirlo: en primer lugar, por nosotros mismos, porque tiene que ver con nuestro camino de realización personal; y en segundo lugar, por los otros, porque nuestras acciones tienen afectación sobre el resto. Y ser conscientes de que nuestro comportamiento también puede servir de ejemplo (o al menos de posibilidad) para el de los demás. Y que cuanto mayor sea el número de personas dispuestas a comprometerse de esta manera, mayor será el impacto en pos de una sociedad mejor.

Me gustaría acabar este artículo compartiendo una excepcional conferencia de Joan Antoni Melé sobre el sentido de la vida que, entre otras muchas cosas interesantes, trata de manera genial todo este asunto:

 

Poder y Responsabilidad Individual