“Alike” (corto de animación)

En esta entrada quiero compartir un pequeño cortometraje de animación, de apenas 8 minutos de duración, titulado “Alike” dirigido por Daniel Martínez Lara y Rafa Cano Méndez, que vio la luz a finales del año pasado.

Como sus autores explican, la historia intenta plantear una reflexión acerca de la paternidad y la enorme importancia de la influencia de los padres hacia sus hijos y, sobretodo, plantea una crítica hacia los estímulos y la educación en general que reciben los más pequeños en nuestra sociedad.

Ahora bien, creo que del corto también se desprende una perspectiva crítica respecto al actual modelo social en el cual, desde la infancia y siguiendo los más elementales principios del “condicionamiento clásico” de Pavlov, aprendemos a dejar de lado nuestra capacidad creativa limitándonos, poco a poco, en nuestra toma de decisiones y adiestrándonos, de esta manera, para llegar a convertirnos en engranajes necesarios para perpetuar un sistema “gris” que no está en absoluto diseñado para que las personas tomemos el protagonismo respecto nuestras propias vidas.

(Más info en www.alike.es)

“Alike” (corto de animación)

El Elefante Encadenado

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños.
Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio sigue pareciéndome evidente. ¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez. Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él. Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…

 

“Déjame que te cuente…”
Jorge Bucay

Este pequeño relato es el que abre una de las primeras obras literarias del conocido psicoterapeuta argentino Jorge Bucay. El libro se editó en Argentina en 1994 bajo el título Recuentos para Damián y años más tarde, fue publicado en España como Déjame que te cuente…. A éste, le siguieron otros libros de relatos cortos como por ejemplo Cuentos para pensar. En cualquier caso, la obra de este autor es bastante extensa y variada, que incluye desde los mencionados libros de “fábulas” hasta ensayos psicológicos o novelas de ficción, y se caracteriza por utilizar siempre un lenguaje sencillo y directo sobre temas de cierta complejidad en lo relativo a lo humano. Particularmente, para ahondar un poquito en el autoconocimiento recomiendo la serie de libros de “los caminos“…

En cualquier caso, el relato de “El elefante encadenado” me marcó enormemente hace ya bastante más de una década y a día de hoy, aún lo recuerdo bien. Creo que pueden desprenderse de él diferentes lecturas. Por un lado, el condicionamiento que la sociedad ejerce sobre los individuos, que funciona a modo de lastre. Desde bien pequeños, de algún modo, se nos adiestra sutilmente para que seamos seres dóciles y manejables, fácilmente manipulables y predecibles. Para que sigamos el camino de “lo correcto” y no nos desviemos demasiado de la norma. Por otra parte, creo que esta pequeña historia también nos habla sobre nosotros mismos, sobre la tendencia que tenemos a auto-castigarnos o a ponernos límites, tanto si las cosas no nos han salido bien en el caso de que hayamos tenido una mala experiencia en el pasado, como si por el motivo que sea creemos que no seremos capaces de lograrlo en el futuro… En definitiva, sobre nuestro miedo y nuestra resignación.

El cuento, en cualquiera caso, resulta una llamada a nuestra atención. Para que nos demos cuenta de que sí se puede. O al menos a darnos el permiso necesario para intentarlo. Se trata de una especie de grito silencioso que nos anima a romper las cadenas imaginarias que nos esclavizan, ya sean éstas propias o ajenas. Para que, de una vez, de poco en poco o de vez en cuando, nos atrevamos.

elefante

El Elefante Encadenado

What? Sobre el futuro

A continuación comparto un vídeo del conocido escritor y conferenciante Álex Rovira que gravó hace unos tres años para la plataforma WHAT.

WHAT es una plataforma abierta y sin ánimo de lucro que tiene como objetivo inspirar y difundir conocimiento para favorecer una sociedad más justa, libre y equilibrada.

En este vídeo, Álex Rovira habla de la crisis financiera y de valores en la que estamos inmersos en los últimos tiempos. También aporta su visión acerca de cómo debería evolucionar la toma de conciencia individual para un desarrollo favorable en las relaciones entre los seres humanos en el futuro.

 

What? Sobre el futuro

Poder y Responsabilidad Individual

Que el mundo en el cuál vivimos está bastante jodido, es algo que más o menos la mayoría de personas tenemos presente. Lo cierto, es que en el anterior post ya dediqué unas breves reflexiones sobre este tema, así pues prefiero dedicar este artículo a nuestra responsabilidad como individuos respecto la sociedad en la cual vivimos. De hecho, ante esta realidad sombría que a menudo se nos presenta la mayoría de nosotros acostumbramos a mostrar una actitud bastante pasiva. Habitualmente, tendemos a culpabilizar a los demás (políticos, banqueros, empresarios, etc.) de las desgracias y peligros que nos acechan mientras miramos las noticias de la tele desde nuestro sofá, sin hacer absolutamente nada al respecto, más allá de esperar agazapados que a nosotros no nos afecte todo esto demasiado.

¡Y ni qué decir tiene que las personas de poder que con sus decisiones desde sus despachos realmente moldean el devenir colectivo tienen una responsabilidad enorme respecto la sociedad a la que pertenecen! Decisiones que, por desgracia, a menudo denotan un egoísmo y una irresponsabilidad alarmante. No obstante, pienso que en muchas ocasiones la pasividad de la mayoría de la ciudadanía no ayuda a solventar esta situación, sino al contrario, más bien ayuda a perpetuarla e incluso a potenciarla.

Así pues, creo que nos somos del todo conscientes de nuestra responsabilidad individual respecto al conjunto de la sociedad. E incluso me atrevería a hablar del enorme poder que podemos llegar ejercer como individuos para influir positivamente en la realidad de la cuál formamos parte. Nuestros deseos y anhelos de un mundo mejor jamás se materializarán por sí solos, si no ponemos un poquito de nuestra parte. La vida no se trata de ir mirando unos boletos de lotería de vez en cuando para ver si nos ha tocado “el gordo” y, si no, pues nada. Así pues, siguiendo la idea de los “postulados de poder” de Michel Foucault – según la cual el poder no es algo perteneciente a un grupo reducido de humanos o instituciones, ni tampoco algo que pueda adquirirse, conquistarse o aprenderse sino que simplemente se corresponde con  aquellas acciones que se ejercen desde la total libertad individual con tal de obtener un resultado determinado – es hora de que las personas tomemos las riendas de nuestra propia vida y de que decidamos en qué tipo de mundo queremos vivir. De este modo, para hacer efectiva nuestra influencia positiva en la sociedad resulta imprescindible la implicación y el compromiso personal derivados de mantener un estado de coherencia entre nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones. Y esta coherencia sirve exactamente igual para ayudar a una transformación social, como para la búsqueda de un propósito vital individual o mantener un estado de serenidad interior con uno mismo.

No es la primera vez que escribo sobre este asunto. De hecho, cuando empecé con este Blog publiqué varios posts en esta misma dirección. Así que para no extenderme demasiado, a quien pueda interesarle puede consultarlos en los siguientes enlaces: el cambio y el cambio (II). No obstante, sí que me gustaría en este artículo lanzar algunas pequeñas reflexiones por si sirven de ayuda sobre la manera en la que actuamos en la sociedad:

  • Nos quejamos del gobierno pero… ¿a qué partidos políticos votamos?
  • Nos quejamos de los bancos pero… ¿a qué bancos confiamos nuestro dinero?
  • Nos quejamos de las multinacionales… ¿pero a qué empresas o marcas compramos?
  • Nos quejamos del medio ambiente… ¿pero qué medidas tomamos para evitar ejercer un impacto negativo en él?
  • Nos quejamos de la actual falta de valores en la sociedad… ¿pero nos preocupa la clase de educación que reciben los niños y jóvenes?
  • Nos quejamos de cómo está el mundo… ¿pero qué hacemos nosotros para mejorarlo?

 

Cabe recordar que en la actualidad existe todo un abanico de posibilidades diferentes a las convencionales como por ejemplo la banca ética, las cooperativas de energía renovable, los productos ecológicos  y/o de comercio justo, etc. que constituyen opciones fácilmente a nuestro alcance para que nuestra influencia en el mundo se traduzca en términos positivos y se potencie una nueva manera de entender las relaciones entre los seres humanos.

Y sobre todo, es importante tener presente que lo único que indefectiblemente podemos controlar es lo que nosotros individualmente hagamos. Ahí reside nuestro poder y es irresponsable eludirlo: en primer lugar, por nosotros mismos, porque tiene que ver con nuestro camino de realización personal; y en segundo lugar, por los otros, porque nuestras acciones tienen afectación sobre el resto. Y ser conscientes de que nuestro comportamiento también puede servir de ejemplo (o al menos de posibilidad) para el de los demás. Y que cuanto mayor sea el número de personas dispuestas a comprometerse de esta manera, mayor será el impacto en pos de una sociedad mejor.

Me gustaría acabar este artículo compartiendo una excepcional conferencia de Joan Antoni Melé sobre el sentido de la vida que, entre otras muchas cosas interesantes, trata de manera genial todo este asunto:

 

Poder y Responsabilidad Individual

System Not Found

Vivimos días inciertos. Hace años que arrastramos una crisis financiera fruto de la especulación inmobiliaria y de crédito internacional que, como bien se sabe, se ha traducido en unos índices enormes de desempleo y  una alarmante precarización laboral, además de recortes en prestaciones sociales de todo tipo. En los últimos tiempos también hemos sido testigos de cómo las partidas económicas destinadas a sanidad y educación (los dos pilares fundamentales de un “Estado de bienestar”) se han ido reduciendo progresivamente y observamos impávidos a su vez cuán complicado es el acceso a la vivienda para los más jóvenes o el drama de los desahucios. En nuestros barrios, demasiadas familias tienen dificultades para llegar a fin de mes aún trabajando y, lejos de ellos, miles de personas mueren intentando atravesar nuestras fronteras, huyendo de la guerra o de la pobreza extrema.

A todo esto, la desigualdad social sigue creciendo. La brecha salarial entre los que más cobran y los que menos, es insultante. Cada vez más, una proporción más pequeña de personas en el mundo acumula más riqueza que el resto. Las empresas del IBEX y, en general, las grandes multinacionales atesoran cada vez más beneficios. Contemplamos impasibles como se siguen vendiendo armas y estableciendo extrañas alianzas con países en guerra mientras lloramos los atentados terroristas que nos tocan de cerca. Por otro lado, los casos de corrupción institucionalizada parecen la norma habitual y observamos como los políticos navegan sin rumbo aunque, eso sí, muy bien acomodados a  la espera de que un día el viento sople a favor, mientras procuran cuadrar bien los presupuestos que les dicta la troika y encorsetar nuestras libertades individuales en nombre de la lucha contra el fanatismo religioso.

Mientras tanto, la contaminación va en aumento y el planeta muere poco a poco, sin que nadie le haga mucho caso.

Hubo un momento en que todo se paró por un instante. La gente tomó las plazas y gritó “basta”. Se reunieron miles de sonrisas, ilusiones y esperanzas. Le llamaron 15M. Luego, nadie sabe bien bien lo que pasó… Pero al final, pasó. Aparecieron “las mareas” y otros movimientos ciudadanos. Unos con más fortuna que otros. También llegaron estelades y gritos de independencia y grandes manifestaciones y la promesa de que existe un país imaginario en el que todos seremos felices. O, al menos, la ilusión de emanciparnos del país causante de todos nuestros males. Y surgió un circo mediático acerca de este tema que dura hasta hoy y que, por lo visto, tiene cuerda para rato.

Más tarde, llegó el día a día y la cotidianeidad. Y el cansancio. Y un cierto aburrimiento. Y “el esto para qué” y el “si total, ¿yo qué puedo hacer?” y el “si no sirve para nada”.

De pronto, un día unos gritaron “podemos” y volvieron las sonrisas a las caras. Y gente muy diversa parecía ponerse de acuerdo y muchos confluyeron en un proyectos comunes pero diversos. Y se ganaron elecciones en ciudades importantes y parecía que se podían cambiar las cosas. Pero, al final, todo resulta más complicado. Mucho más complicado. Y la sonrisa poco a poco se fue desvaneciendo. Definitivamente, aunque lo sabíamos, la solución tampoco llegará por este lado. Al menos, no sólo…

Ahora se ha acabado el verano, parece que volveremos a repetir por tercera vez elecciones generales en diciembre. La fiesta de la democracia se está convirtiendo en una funesta envoltura de votos y coloridas y costosas campañas para intentar esforzarnos al máximo en no reconocer cuál es el verdadero mensaje: System not found.

Y sólo nosotros, individualmente, podremos cambiarlo.

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System Not Found

Psicópolis

Siguiendo la línia del último post, he creído interesante compartir un cortometraje de ficción que trata, creo que con gran ingenio, el tema de la influencia de la sociedad en el individuo y de como ésta afecta a su concepción acerca de la realidad.

El corto, de aproximadamente 20 minutos de duración, se estrenó en 2011 y es obra del director Manuel Mérida y ha sido galardonado con varios premios.

Espero que lo disfruten!

 

Psicópolis