“El Procés”: Pros y Contras

Hace unos días el president de la Generalitat, el sr. Carles Puigdemont, anunció el próximo 1 de Octubre como la fecha para el referéndum de independencia de Catalunya. Cabe destacar que, de momento, aún no cuenta con una convocatoria “oficial” puesto que presumiblemente, en el momento en que ésta se produzca, será recurrida al Tribunal Constitucional…

En cualquier caso, creo que es un buen momento para hacer un pequeño listado de valoración de las cosas (tanto positivas como negativas), que hasta ahora nos está dejando “el procés” desde que se iniciara allá por el año 2012. Vaya por delante que soy consciente que, debido a la complejidad de este asunto, es muy complicado realizar un resumen de este tipo sin caer en ciertas simplificaciones. Eso, por no hablar de mi propia perspectiva individual que, por mucho que me esfuerce en ser lo más imparcial posible, siempre influirá en la valoración que haga. Aún así, creo que el esfuerzo puede valer la pena.

 

Aspectos Positivos:

– Situar en la agenda de la actualidad el problema no resuelto en la transición respecto las diferentes realidades identitarias y nacionales de la sociedad española (catalana, gallega, vasca…).

– Poner de manifiesto la necesidad imperiosa de regeneración y profundización democrática del conjunto del Estado español, donde la insatisfacción de la población respecto la clase política y, en general, al actual sistema de representación democrática es evidente.

– Agudizar la crisis de los hasta ahora partidos hegemónicos surgidos del denominado “régimen del 78” (PP, PSOE, CiU).

– Aparición de un proyecto colectivo generador de ilusión para gran parte de la sociedad civil catalana, que puede servir también de estímulo para la movilización y el empoderamiento del resto de la sociedad española.

– Colocar en el orden del día la dicotomía entre “legalidad” y “legitimidad” y, por tanto, la conveniencia o no a la desobediencia como forma de resistencia o acción política.

 

Aspectos Negativos:

– Relegar a un segundo plano de la actualidad aspectos tan fundamentales para la vida de las personas como por ejemplo aquellos que tienen que ver con la vivienda, la salud, la educación o los derechos laborales en pos a “un bien superior”.

– Potenciar el efecto “cortina de humo” ante los numerosos casos de corrupción y malas praxis de gran parte de las clases dirigentes, o simplemente ante medidas de privatización o recortes de los servicios públicos o prestaciones sociales.

– Auge en buena parte de la ciudadanía la ideología nacionalista, fomentando así cierto clima de confrontación entre las diferentes realidades culturales que conforman España.

– Difuminar la presencia de otro tipo de movimientos o reivindicaciones sociales.

– Cierta irresponsabilidad de los partidos políticos que, acostumbrados a no decir “toda la verdad”, suelen realizar un relato de la realidad social según sus propios intereses u objetivos particulares y a no tener suficientemente en cuenta la afectación que sus decisiones pueden ocasionar en el conjunto de la población.

 

Pues estas son, a mi entender, las cosas que hasta ahora (además de bastante entretenimiento) nos ha traído “el procés”…

 

Me gustaría acabar este post con una pequeña reflexión final. Existen dos grandes grupos entre los que, como yo, creen que un referéndum vinculante es necesario para solucionar este conflicto: (1) los que apuestan por la vía unilateral y (2) los que creen que es necesario un acuerdo con el Estado para su realización.

Personalmente, estoy convencido que hasta que no haya un acuerdo con el Estado efectivamente todo este proceso no terminará y, por lo tanto, se irá reiniciando de una manera u otra como en un bucle (algunas veces de forma seguida y otras de manera más dilatada en el tiempo, en ocasiones de forma sosegada y en otras con más o menos virulencia).

Ahora bien, también creo que hasta la fecha, en cierto modo, es necesaria la presión ejercen los partidarios de la vía unilateral para que esto llegue a producirse algún día… Esperemos que más pronto que tarde.

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“El Procés”: Pros y Contras

Atzucac

En lengua catalana se utiliza el término “atzucac” para expresar una situación de complejidad tal que se considera prácticamente imposible su solución, al menos en los términos en los que ésta es planteada. En castellano, podría traducirse perfectamente por la expresión “callejón sin salida”.

Pues bien, considero que ésta es precisamente la situación en la que actualmente nos encontramos respecto al “proceso catalán”. Así pues, por un lado, tenemos una clara mayoría de la población catalana que reclama ejercer el derecho a la autodeterminación y, por la otra, un gobierno del Estado que no muestra ninguna intención de facilitar la convocatoria de un referéndum sobre esta cuestión, más bien al contrario.

Así las cosas, es fácil deducir cuáles son las dos propuestas que actualmente tenemos sobre la mesa: por un lado, los que proponen la vía unilateral catalana, la cual inevitablemente está asociada en algún momento a la desobediencia a la legalidad vigente y, por el otro, los que se acogen a esta misma legalidad para mantener su modelo territorial.

A mí cualquiera de estas dos opciones me parece mala. La primera porque traza un escenario futuro de consecuencias impredecibles y algunas, seguramente lamentables, pero principalmente porque no cuenta ni mucho menos con el consenso de la sociedad catalana ni tampoco con las garantías mínimas suficientes de reconocimiento o validez internacional. La segunda porque genera cada vez mayor incomprensión en Catalunya y además potencia un clima generalizado de tensión creciente en el conjunto de España, el cuál pienso que en modo alguno es sostenible a medio/largo plazo.

Lo deseable, a mi modo de ver y como ya he manifestado en ocasiones anteriores, sería alcanzar algún tipo de acuerdo entre ambas partes que facilitase la celebración de una consulta o referéndum legal sobre esta cuestión, tal y como por ejemplo sucedió hace varios años en el caso de Escocia y Reino Unido.

De hecho, esta situación de bloqueo no ha variado demasiado respecto a la que había a finales de 2014 cuando se realizó la consulta del 9N, salvo por una excepción: a día de hoy, y vistos los últimos resultados electorales, la tendencia al alza del PP, el estancamiento de Podemos, los pronunciamientos del Tribunal Constitucional, etc. parece que la opción de conseguir una correlación de fuerzas en el conjunto del Estado que permita un acuerdo con los partidos soberanistas, lamentablemente, se encuentra hoy muy lejos de ser una posibilidad real.

Con esto no quiero decir que avale la vía unilateral, pero visto lo visto, entiendo que los partidos independentistas no se resignen a estar de brazos cruzados y, tal vez, sea la única manera de que en el país sucedan cosas (véase la reciente crisis o implosión del mismo PSOE). No sé…

En cualquier caso, lo único cierto ahora mismo es que nos encontramos en medio de un buen “atzucac”, y que si ninguna de las partes da su brazo a torcer, no sabemos muy bien adónde nos conducirá todo esto.

Particularmente, toda esta situación me produce bastante tristeza, pues encuentro bastante lamentable esta incapacidad para llegar a un mínimo de entendimiento entre nosotros. Un fracaso que nos revela un claro déficit democrático en nuestra sociedad.

Creo que la opción futurible más plausible es que la Generalitat acabe convocando un nuevo referéndum para 2017 (como ya se ha anunciado) y que el Estado a través del Tribunal Constitucional lo vuelva a impugnar para, finalmente más tarde, acabar repitiendo unas nuevas elecciones catalanas en clave independentista similares a las del 27S de 2015 y, de las cuáles, seguramente salgamos con un resultado igual de incierto que entonces y acabemos volviendo otra vez al punto de partida.

Y aunque creo que en demasiadas ocasiones es a los propios partidos a los que parece que ya le va bien que las cosas sucedan de esta manera, espero que algún día, entre todos nos demos cuenta que así no podemos seguir. Y que jugando con fuego un día nos podemos quemar.

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Atzucac

Sobre las elecciones del 27S

Pues ya pasaron las elecciones del 27S, las terceras en Catalunya en 5 años, y la verdad es que visto el resultado y dejando las pasiones a un lado, la cosa sigue más o menos en el mismo punto que antes de los comicios. Ni mejor ni peor. Eso sí, hay que reconocer que debido al éxito de participación ciudadana (nada menos que un 77%) la legitimidad de la representación de la voluntad de la sociedad catalana es incuestionable.
Lo cierto, es que ya la consulta del 9N advirtió que la realidad catalana es mucho más compleja de lo que muchos nos sugieren (con un resultado totalmente favorable a la independencia de Catalunya, un sector del electorado altamente movilizado pero, finalmente, con una participación global que escasamente alcanzó el 40%) y el resultado de las elecciones (¿plebiscitarias?) del pasado domingo nos lo han vuelto a confirmar: victoria rotunda de Junts pel Sí (JxSí) que, sumando los diputados obtenidos por la Cup obtendrían una cómoda mayoría absoluta de escaños en el Parlament a favor de la independencia de Catalunya con nada menos que casi 2 millones de votos. Ahora bien, también es cierto que esta mayoría independentista no alcanza la mitad del total de los votos contabilizados, sino que se queda rondando el 48%.

27SAsí pues, delante de este resultado, nos encontramos ante una contradicción de difícil solución. Por un lado tenemos una vitoria inapelable del voto claramente independentista, pero por otro lado, esta victoria resulta insuficiente desde el punto de vista plebiscitario para continuar adelante con el denominado “procés”.
No obstante, también es cierto que no sería correcto agrupar al conjunto del resto de los votos emitidos como contrarios a la independencia, ya que opciones como por ejemplo Unió Democràtica de tradición nítidamente catalanista y con más de 100.000 votos, o Catalunya sí que es pot (la coalición conformada por Podemos, ICV y Equo) que defiende la realización de un referéndum de autodeterminación y con más de 360.000 votos, no las podemos clasificar en modo alguno como contrarias a la independencia (aunque tampoco favorables). Pero aún teniendo en cuenta todo esto, la situación sigue siendo extremadamente delicada para todos aquellos que defendían que estas elecciones se hacían a modo de referéndum sobre la independencia de Catalunya, puesto que, como decía anteriormente, el voto nítidamente independentista no ha logrado alcanzar la mitad de los sufragios.
Además creo conveniente tener en cuenta otros datos interesantes que nos ofrece la lectura de estos resultados electorales:
– Si contamos a los diputados de CiU en el último lustro como independentistas (puesto que hasta las presentes elecciones dichos diputados defendían un programa electoral ciertamente ambiguo respecto la independencia) JxSí, la lista donde finalmente se acabaron integrando CDC i ERC de manera no muy diferente –recordemos- a la propuesta original del president Artur Mas, pierde nada menos que 9 escaños respecto a la suma de los resultados obtenidos por CiU y ERC en 2012. Incluso teniendo en cuenta el gran ascenso de la Cup (pasa de 3 diputados a 10), el cómputo total de escaños independentistas es ligeramente inferior al obtenido en los anteriores comicios. De hecho, desde 2010 donde la cifra se situaba en 76, la representación de diputados del bloque independentista ha ido, aunque poco, disminuyendo paulatinamente en cada contienda electoral…
– Por otra parte, si tenemos en cuenta el ascenso espectacular de una fuerza como Ciutadans/Ciudadanos (que pasa de 9 a 25 diputados, con más de 700.000 votos a favor convirtiéndose en la segunda fuerza del arco parlamentario) de perfil claramente españolista comprobaremos que se pone de manifiesto la polarización que se está dando en la sociedad catalana respecto a esta cuestión. De hecho, desde 2010 el verdadero cambio de tendencia que se está dando en Catalunya en cuanto a representación parlamentaria es precisamente el importante aumento de diputados de perfil nacionalista español, ya que si en 2010 la suma de PP y Ciutadans era de 21 escaños, ahora en 2015 la suma de diputados de estos dos partidos asciende ya a 36, es decir, prácticamente el doble.
A todo esto, el gobierno español con mayoría absoluta del PP y como era de prever, sigue manteniendo firme su postura de inmovilismo y de hostilidad hacia las demandas del gobierno catalán. Hecho que no hace sino acrecentar el anhelo de muchos catalanes por conseguir un estado independiente. Bajo mi punto de vista, la única vía para desatascar esta situación pasa por un cambio rotundo de gobierno en las elecciones generales que tendrán lugar el próximo mes de diciembre.

Por último, creo que va a ser muy interesante ver qué pasa finalmente con la conformación del nuevo gobierno catalán puesto que puede ser muy esclarecedor respecto al rumbo que tomarán los acontecimientos los próximos meses, ya que a JxSí no les son suficientes sus 62 escaños para proclamar a Artur Mas como presidente de la Generalitat en el supuesto de que la Cup se mantenga firme en su convicción de no dar apoyo al actual president (a JxSí le haría falta al menos un voto positivo más para alcanzar la mayoría simple si la Cup se abstiene, puesto que es del todo previsible que el resto de grupos voten en contra).

La postura la de la Cup sobre esta cuestión, dicho sea de paso, a mi entender es del todo razonable y coherente con sus principios.
Así pues, a partir de ahora, se inicia un verdadero pulso entre CDC y la Cup que se resolverá a favor de uno u otro grupo en función de si Artur Mas revalida su condición de president y que, por consiguiente, condicionará claramente la deriva política y las decisiones del futuro ejecutivo. En el caso de que finalmente no se logre un acuerdo entre ambas formaciones (cosa bastante probable), en breve los catalanes nos veremos abocados a una nueva llamada a las urnas. La cuarta en 6 años. Todo un récord.
Mientras tanto, no cabe decir que el resto de los asuntos continuarán, lamentablemente, permaneciendo en un segundo plano de la actualidad… ¡Y lo que queda!

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PD: En el momento de escribir estas líneas, acaba de saltar la noticia de que el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya ha citado ha declarar el próximo 15 de octubre al presidente de la Generalitat, Artur Mas, como imputado por la consulta del 9N… En fín, vayan preparando las palomitas!

Sobre las elecciones del 27S

Sobre la independencia de Catalunya

peonzaComo creo que he dicho en veces anteriores, bajo mi punto de vista es una obviedad que un grupo de gente determinado, denomínese con el nombre que quiera (comunidad, país, etc.) tiene derecho a poder decidir libremente como se organizan, siempre y cuando -otra obviedad- eso no vaya en contra de derechos fundamentales de terceros. Dicho lo cuál, Catalunya, Euskadi, Galicia o La Rioja (si se diera el caso) deberían poder ejercer perfectamente el derecho a la autodeterminación, si así mayoritariamente lo reclamaran. Eso, lógicamente de manera independiente a cualquier hipotético resultado y respetando las preferencias de cada cuál. Que para gustos, los colores… Pues a mi entender, ni la organización territorial de un determinado lugar, ni la bandera que cuelgue de un edificio, no atentan por sí mismos, contra los derechos fundamentales de ningún ser humano.

El tipo de gobierno que se establezca después, quizá sí… Pero eso es otra cosa. Y otra cosa es otra cosa.

Y lo cierto es que en España hasta la fecha, no es posible ejercer este derecho para Catalunya, ni para cualquier otro pueblo que así lo reclamara. Y eso además, a mi entender, denota un déficit democrático claro. Déficit compartido por la mayoría de los Estados democráticos del mundo, es verdad (no hablemos ya de los “no democráticos) pero eso no es excusa para evidenciar esta carencia. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dicen. Y además, tenemos ejemplos bien cercanos (Reino Unido sin ir más lejos) en los que se pone de manifiesto de forma evidente que debería ser algo totalmente asumido en pleno siglo XXI.

Así pues, después de esta pequeña introducción algo repetitiva (aunque creo que necesaria) de mi punto de vista sobre el derecho de autodeterminación, quisiera esbozar unas pinceladas acerca de porqué, según lo veo yo, la independencia o la no-independencia de Catalunya es un debate que está al margen de lo concerniente en términos meramente sociales o humanos.

Lo único importante de un grupo humano cualquiera, son precisamente los humanos que lo conforman. Esto, dicho así parece una obviedad (y en realidad lo es) pero a menudo nos confundimos con una multiplicidad de factores que ensalzan aspectos secundarios de todo tipo en detrimento de las propias personas. Las sociedades se miden por el tipo y la calidad de relaciones que establecen sus gentes entre sí y con los demás, es decir, en cómo nos tratamos los unos a los otros, el grado de libertad y de respeto que nos concedemos a nosotros mismos y a los demás; el vínculo y el grado de empatía que establecemos con nuestros amigos, conocidos, vecinos; el trato que ofrecemos a los otros, a los diferentes, a los que no piensan exactamente como nosotros y también a los que piensan totalmente al contrario, a los desfavorecidos, a los débiles, a los inmigrantes, a los niños, etc; los valores éticos y/o morales que imperan en la mayoría de nosotros, la educación que ofrecemos a nuestros hijos, el afecto que brindamos a nuestros mayores, en cómo nos relacionamos con el trabajo, con el dinero, con el medio ambiente, con los animales y hasta con aquello más simple. La suma de todo esto, al final da como resultado el tipo de sociedad en que vivimos.

Al fin y al cabo, estas cosas tan cotidianamente integradas en nuestro interior y puestas en común con el resto, conformarán los ejes fundamentales en los que se sustentará cualquier sociedad en todos y cada uno de sus aspectos (sociales, educativos, sanitarios, laborales, etc). Todo lo demás, es decir, los razonamientos estrictamente económicos, históricos, estadísticos o legales para defender un tipo u otro de modelo social, en el fondo, son irrelevantes. De hecho, por desgracia a menudo funcionan más bien como un lastre que no como un aliciente. Y, en este aspecto, para bien o para mal, creo que los catalanes no somos demasiado diferentes al resto de los habitantes de la península ibérica. Ni mejores ni peores.

Es cierto que el aspecto nacional (o si se prefiere sentimental) es importante. No seré yo quién lo discuta. Pero también es verdad que no dice absolutamente nada acerca del nivel de conciencia de quién lo sustenta. El nivel de afecto hacia un determinado lugar, o la preferencia hacia si un sitio cualquiera debería estar administrativamente unido o separado, es independiente de cualquier idea acerca de la organización de sus estructuras sociales y el trato que se les ofrezca sus gentes. O mejor dicho, del trato que sus gentes ofrezcan y de las estructuras sociales que sean capaces de organizar. De hecho, en realidad, poco tiene que ver una cosa con la otra. Esto es lo de “mezclar la velocidad con el tocino” de toda la vida que decía un profesor mío de la EGB. Así pues, se entiende perfectamente que nos encontremos una y otra vez con perfectos cretinos y con personas la mar de interesantes que profesan las mismas preferencias respecto la independencia de Catalunya. Y también que nos topemos con sabios y estúpidos que coinciden en el anhelo contrario. Ironías que tiene la vida. Lo que pasa es que tenemos tendencia a poner el foco y ensalzar a aquellos hechos o personas que nos interesan a cada momento, según el caso y evitamos fijarnos en todo aquello que no nos confirma nuestra razón o, si lo hacemos, intentamos darle “la vuelta” con explicaciones que nos satisfagan a nosotros mismos. “Disonancia cognitiva”, se llama a este proceso en términos psicológicos.

En este sentido, no obstante, no deja de ser “gracioso” -digámoslo así- ver a según que personajes públicos defender una u otra posición. Gracioso y revelador.

Al fin y al cabo, el tema de la nación tiene enorme importancia para nosotros, ya que lo relacionamos, casi de manera inconsciente, con lo más básico: con nuestra familia, con nuestras tradiciones y costumbres, con nuestra infancia y con lo que nos han enseñado, con recuerdos, con canciones, con amigos… Con lo visceral. Con lo ancestral. Con nuestro sentido del yo y de la pertenencia grupal.

Y por eso mismo resulta un tema tan recurrente. Y tan manipulable. Porque lo sentimos en la piel. Y por eso mismo se han hecho cosas tan bellas y tan terribles en su nombre. Porque sirve como perfecta excusa y motivación… Para todo. Para lo más noble y para lo más ruin.

Ojalá un día sepamos capaces de integrar en nosotros todo lo bueno de eso, dejando a un lado la mezquindad y podamos reconocernos a todos como iguales aún en la diferencia, para al fín y sin rechazo de ningún tipo, trascenderlo de una vez y para siempre.

Sobre la independencia de Catalunya

El pacto

pactoEl “proceso catalán” es un tema realmente complejo, muy difícil de analizar desde una perspectiva simple, pues son muchos y muy variados los factores a tener en consideración. En cualquier caso, estoy convencido de que este tipo de conflictos, en menor o mayor grado, están relacionados indefectiblemente con factores identitarios y, por ese motivo, alejan a las personas de una perspectiva global e integradora de la humanidad que consiga superar las doctrinas románticas y, en buena medida, narcisistas y excluyentes, propias de la ideología nacionalista. No obstante, una vez más, quiero aclarar que sobre este tema, cuando hablo de “nacionalismo” lo hago en un sentido amplio, refiriéndome tanto al nacionalismo catalán como al español.

Para solucionar este conflicto, en cualquier caso, lo lógico y deseable sería abandonar las posiciones intransigentes y alcanzar algún tipo de acuerdo que satisficiera lo máximo posible a ambas partes pero, lamentablemente, parece ser que esto hoy por hoy esto no es posible. Y como ya comenté en algún post anterior, el gobierno del Estado debería tomar cartas en el asunto cuanto antes para permitir desbloquear la situación y rebajar la tensión. Lo deseable, finalmente, sería aceptar el hecho básico de que todos los ciudadanos tienen completo derecho a decidir democráticamente sobre todas las cosas que les atañen y en este caso particular, debería garantizarse a los ciudadanos catalanes, de alguna manera, el ejercicio al derecho de autodeterminación, si así lo desean.

Realizadas estas advertencias previas, quiero avisar desde ya que las reflexiones que a continuación realizaré sobre los últimos movimientos políticos en Catalunya (como es natural y a pesar de mis esfuerzos) estarán totalmente impregnadas de mi interpretación subjetiva de la realidad y de mi desapasionamiento en cuestiones relativas a patrias y banderas. Y es que, aunque, entiendo perfectamente el sentimiento de afecto hacía el propio país y cultura e incluso lo encuentro de lo más normal, pienso que los seres humanos debemos trascender en medida de lo posible nuestra limitada visión de la realidad, para ir más allá en la comprensión del mundo. Aún así, insistiré una vez más en que una percepción de la realidad integradora del ser humano puede conseguirse igual en la España actual que en una Catalunya independiente.

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El pacto

La lista de Mas

Hace unos días el presidente de la Generalitat, Artur Mas, presentó su hoja de ruta en el llamado “proceso catalán”. La idea básica es que para convocar  elecciones anticipadas (a modo de elecciones plebiscitarias) es necesario elaborar una lista independentista unitaria (mixta entre partidos políticos y destacados miembros de la sociedad civil) capaz de conseguir la mayoría absoluta para encarar una nueva etapa de 18 meses de negociaciones y otros preparativos que finalizaría con una nueva convocatoria de elecciones donde, ahora sí, en caso de victoria del bloque partidario de la independencia se proclamaría el nuevo estado catalán independiente.

Ésa es, a grandes rasgos, la idea.

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Y como era previsible, la propuesta ya ha obtenido el respaldo de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), que ha sido un pilar fundamental en el éxito de las convocatorias multitudinarias a favor de la independencia de los últimos años y que, recordémoslo también, apuesta claramente por la transversalidad de los partidarios de la independencia que significa, en este contexto, excluir en todo momento cualquier tipo de diferencia ideológica que pueda debilitar la causa independentista.

Dejando a un lado el análisis sobre la credibilidad y/o viabilidad del proyecto, hemos de constatar que Artur Mas ha sabido, por un lado, conectar con el mensaje central que lleva repitiéndose al menos los últimos dos años en Catalunya, es decir, aquél que asegura que la prioridad absoluta de la sociedad catalana es la independencia y la importancia de la unidad de los partidos favorables para conseguirla (si bien también es cierto que él ha sido uno de los principales artífices de dicho mensaje) y, por otro lado, ha tenido la habilidad necesaria para canalizar dicho mensaje según sus propios intereses: recordemos que durante los últimos meses las encuestas vaticinaban una victoria clara de ERC en unas hipotéticas elecciones catalanas, aunque también hay que reconocer que a raíz del “éxito” del 9N, las encuestas volvían a reflejar un auge en la intención de voto a CiU mostrando unos resultados muy parejos entre ambas formaciones.

En cualquier caso, creo que el president de la Generalitat ha sido muy hábil  al conseguir dejar en una posición muy difícil a ERC: si no está de acuerdo con la lista unitaria, no habrá elecciones anticipadas (con el gravísimo coste que puede acarrear esta decisión a la formación de Oriol Junqueras) y si, por el contrario, le da el visto bueno, reforzará claramente el liderazgo del president. Sea como fuere, Mas gana y ERC pierde.

En los próximos días habrá pronunciamientos oficiales por parte miembros destacados de ERC, pero todo apunta que, salvo sorpresa, el plan del president no se verá sustancialmente modificado.

Por otro lado, me gustaría destacar cómo de esta forma Artur Mas protege la labor de su gobierno, que no lo olvidemos ha abanderado los recortes sociales en nuestra sociedad, y por si aún quedará algún cabo suelto, el president ya ha avisado que una condición imprescindible para que tenga lugar todo este plan es que entre los que formen parte de la lista unitaria, no puede haber lugar para la disidencia o la crítica en cuestiones sociales o económicas durante el periodo de 18 meses que va desde una convocatoria de elecciones catalanas hasta la siguiente.

¿Liderazgo o chantaje?

Así las cosas, juzguen ustedes mismos.

La lista de Mas