System Not Found

Vivimos días inciertos. Hace años que arrastramos una crisis financiera fruto de la especulación inmobiliaria y de crédito internacional que, como bien se sabe, se ha traducido en unos índices enormes de desempleo y  una alarmante precarización laboral, además de recortes en prestaciones sociales de todo tipo. En los últimos tiempos también hemos sido testigos de cómo las partidas económicas destinadas a sanidad y educación (los dos pilares fundamentales de un “Estado de bienestar”) se han ido reduciendo progresivamente y observamos impávidos a su vez cuán complicado es el acceso a la vivienda para los más jóvenes o el drama de los desahucios. En nuestros barrios, demasiadas familias tienen dificultades para llegar a fin de mes aún trabajando y, lejos de ellos, miles de personas mueren intentando atravesar nuestras fronteras, huyendo de la guerra o de la pobreza extrema.

A todo esto, la desigualdad social sigue creciendo. La brecha salarial entre los que más cobran y los que menos, es insultante. Cada vez más, una proporción más pequeña de personas en el mundo acumula más riqueza que el resto. Las empresas del IBEX y, en general, las grandes multinacionales atesoran cada vez más beneficios. Contemplamos impasibles como se siguen vendiendo armas y estableciendo extrañas alianzas con países en guerra mientras lloramos los atentados terroristas que nos tocan de cerca. Por otro lado, los casos de corrupción institucionalizada parecen la norma habitual y observamos como los políticos navegan sin rumbo aunque, eso sí, muy bien acomodados a  la espera de que un día el viento sople a favor, mientras procuran cuadrar bien los presupuestos que les dicta la troika y encorsetar nuestras libertades individuales en nombre de la lucha contra el fanatismo religioso.

Mientras tanto, la contaminación va en aumento y el planeta muere poco a poco, sin que nadie le haga mucho caso.

Hubo un momento en que todo se paró por un instante. La gente tomó las plazas y gritó “basta”. Se reunieron miles de sonrisas, ilusiones y esperanzas. Le llamaron 15M. Luego, nadie sabe bien bien lo que pasó… Pero al final, pasó. Aparecieron “las mareas” y otros movimientos ciudadanos. Unos con más fortuna que otros. También llegaron estelades y gritos de independencia y grandes manifestaciones y la promesa de que existe un país imaginario en el que todos seremos felices. O, al menos, la ilusión de emanciparnos del país causante de todos nuestros males. Y surgió un circo mediático acerca de este tema que dura hasta hoy y que, por lo visto, tiene cuerda para rato.

Más tarde, llegó el día a día y la cotidianeidad. Y el cansancio. Y un cierto aburrimiento. Y “el esto para qué” y el “si total, ¿yo qué puedo hacer?” y el “si no sirve para nada”.

De pronto, un día unos gritaron “podemos” y volvieron las sonrisas a las caras. Y gente muy diversa parecía ponerse de acuerdo y muchos confluyeron en un proyectos comunes pero diversos. Y se ganaron elecciones en ciudades importantes y parecía que se podían cambiar las cosas. Pero, al final, todo resulta más complicado. Mucho más complicado. Y la sonrisa poco a poco se fue desvaneciendo. Definitivamente, aunque lo sabíamos, la solución tampoco llegará por este lado. Al menos, no sólo…

Ahora se ha acabado el verano, parece que volveremos a repetir por tercera vez elecciones generales en diciembre. La fiesta de la democracia se está convirtiendo en una funesta envoltura de votos y coloridas y costosas campañas para intentar esforzarnos al máximo en no reconocer cuál es el verdadero mensaje: System not found.

Y sólo nosotros, individualmente, podremos cambiarlo.

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System Not Found

Referentes del 15M

A falta de pocos días para la conmemoración del quinto aniversario del 15M, me gustaria rendir mediante este post un pequeño homenaje a tres de las personas que, de forma natural, se constituyeron como referentes para este movimiento social y que, lamentablemente, nos dejaron hace pocos años.

Stéphane Hessel (1917-2013)

Diplomático francés. Participó en la redacción de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” y autor de los libros “¡Indignaos!” (2010) y “¡Comprometeos!” (2011).

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“ La peor de las actitudes es la indiferencia, decir ‘no puedo hacer nada, ya me las arreglaré’ ”

José Luís Sampedro (1917-2013)

Escritor y humanista español. Criticó ferozmente las miserias sociales derivadas del neoliberalismo y participó en el prólogo de la edición española del libro “¡Indignaos!

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“ Desde la infancia nos enseñan primero a creer los que nos dicen las autoridades, los curas, los padres… Y luego a razonar sobre lo que hemos creido. La libertad de pensamiento es al revés, lo primero es razonar y luego creeremos lo que nos ha parecido bien de lo que razonamos ”

Eduardo Galeano (1940-2015)

Escritor y periodista uruguayo. Fuertemente comprometido en la lucha contra las dictaduras de américa latina y, en general, del reconocimiento de los derechos humanos y sociales.

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“ Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo ”

Referentes del 15M

¡Feliz 15M!

4º aniversario del 15M. Y la pregunta obligada: ¿qué queda de todo aquello?

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Creo que es una de las pregunta más recurrentes que hay al hablar de este tema (creo que la primera vez que la escuché fue pocos meses después de que tuvieran lugar las primera acampadas de Madrid y Barcelona) y, a la que imagino que todavía le quedan muchas más veces que formularse en los próximos años, pues el 15M, en cierta medida, desde su misma aparición fue un movimiento que no seguía los parámetros convencionales del tiempo.

Por un lado, podemos dar una respuesta a esta cuestión de manera, más o menos, (digámoslo así) “materialista”. Actualmente del 15M, como tal, la verdad es que queda bien poco: algunas asambleas locales en barrios de ciudades o en algunas poblaciones bastante desconectadas entre sí y con más o menos éxito grado de participación y suerte. Seguramente los “iaioflautas” es una de las agrupaciones aparecidas a raíz del 15M que mejor ha aguantado el paso del tiempo. Y por supuesto la PAH, claro… Aunque para ser estrictos, la PAH ya existía previamente al 15M, si bien es cierto que a partir de su irrupción alcanzó los niveles de repercusión actuales.

Ahora bien, a partir del 15M hubo muchísima gente que emprendió compromiso con otros muchos movimientos sociales (las llamadas mareas ciudadanas, asambleas de parados, etc). También hubo muchas personas que a partir de ese momento se involucraron activamente en algunas formaciones políticas o sindicales ya existentes e ideológicamente afines como por ejemplo la CUP, el partido pirata o la CGT. Otros muchos decidieron involucrarse de manera activa en AMPA’s, AAVV, ONG’s o cooperativas y entidades diversas y, otros, simplemente tomaron conciencia a nivel particular respecto a sus hábitos de consumo particulares y estilos de vida generales.

Seguramente, una de las consecuencias del 15M de mayor impacto (al menos en los últimos meses) ha sido la aparición de grupos políticos que recogen en gran parte el testigo de todo aquello, como Procés Constituent, o las múltiples candidaturas ciudadanas de confluencia municipal inspiradas en Barcelona En Comú (Guanyem Barcelona) que han surgido alrededor de todo el territorio o el fenómeno de Podemos. También cabe añadir que muchas de las demandas del 15M han sido también recogidas, con más o menos éxito, por partidos tradicionales de izquierda como por ejemplo IU.

Así mismo, cabe decir que fueron muchas las personas que en algún momento participaron del 15M en asambleas, manifestaciones y acciones diversas (o que simplemente se sintieron identificadas) y que, para ellas, allí acabó todo. Personas para los que el 15M no significó realmente un cambio en su vida… Pero que creyeron en algún momento que valía la pena estar ahí. Personas que recuerdan esta fecha con cierto cariño y ternura.

15M

Bien pues todo eso desde una un punto de vista palpable es lo que queda del 15M… Pero todo lo dicho, en verdad, es lo de menos.

El 15M fue un sueño que compartimos centenares de miles de personas. Una emoción inexplicable que te conectaba con la vida, con el sentir de los demás. La sensación de sentirte protagonista de algo importante, algo por lo que merecía la pena dedicar esfuerzos, algo que iba mucho más allá de uno mismo. Reconocer por un instante que otro mundo es posible, que la utopía no es inalcanzable, que la esperanza existe y habita en cada uno de nosotros. Sabernos iguales en la diferencia. Reconocernos los unos a los otros como semejantes. Aparcar las pequeñeces que nos distancian y potenciar todo aquello que nos une. La voluntad de querer entendernos con los demás, de respetar las discrepancias y buscar los acuerdos. El contar con el otro de manera auténtica, no como tu enemigo, rival o adversario, sino como tu compañero. Confiar, creer, existir. Vivir el instante. Hablar, compartir, aprender, crecer… El deseo de querer darnos los unos a los otros la oportunidad de tener una alternativa que nos satisfaga a todos. La búsqueda del bien común.

Y también protestar y rebelarse y resistir ante las injusticias del presente. Con ausencia de violencia. Desde la paz. Partiendo del ahora, desde la seguridad de saber que estás conectado y en coherencia con lo que haces. De saber que te impulsa algo que va mucho más allá de ti mismo.

El 15M nunca desaparecerá porque fue mucho más allá de una fecha o un tiempo determinado. Se manifestó de una manera diferente a la convencional. Fue como un despertar colectivo que dejó una huella imborrable en nuestro interior. Como una luz que ilumina la oscuridad. Un sueño que no desaparecerá jamás porque se materializó y se hizo realidad. Existió aunque fuera por unos pocos instantes. Y que ahí sigue. Evolucionando, cambiando y permaneciendo igual. Porque está más allá del tiempo y del espacio. Y porque forma parte de nosotros.

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¡Feliz 15M!

La esencia

Desde que recuerdo tener cierto uso de razón, siempre he sentido un fuerte interés por la política, pero podemos decir que a partir del surgimiento del movimiento 15M (allá por mayo del 2011) mi implicación en los movimientos sociales ha sido muy activa.

Creo que el éxito del 15M fue la absoluta espontaneidad con la que apareció. Muchísimos nos sentimos inmediatamente identificados con la indignación que nos producía el sistema político y económico vigente y con las carencias que denotaba la democracia actual y, a la vez, nos sentimos animados a transformar la sociedad partiendo de cero, sin condicionamientos previos, al margen de partidos políticos y sindicatos, con total respeto hacia las sensibilidades y opiniones diversas, en busca del consenso mayoritario y creyendo que entre todos es posible hacer de nuestro mundo un lugar mejor donde vivir. Y que la base indiscutible para hacerlo era la defensa de los derechos humanos.

acampada barcelona

Mucho ha llovido desde entonces. Yo soy de la opinión que el 15M fue un éxito ya que consiguió que se cambiara el discurso dominante hasta la fecha y que introdujera en los planteamientos de una mayoría de la población muchas de sus reclamaciones, como por ejemplo en lo referente a la transparencia, la regeneración democrática, la necesidad de contar con la participación ciudadana en la toma de decisiones de todo tipo, etc; y también consiguió que aparecieran diferentes y variadas luchas sociales, como por ejemplo las diferentes mareas ciudadanas, o colocar a movimientos sociales ya existentes como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en el primer orden de la actualidad.

A día de hoy, el surgimiento de movimientos políticos como  por ejemplo “Procés Constituent” en Catalunya, las diferentes plataformas municipalistas de “Guanyem/Ganemos” por todo el Estado o, incluso, el propio “Podemos” derivan en buena medida de lo ocurrido a partir de aquellas acampadas.

No obstante, durante todo este tiempo he detectado que, por desgracia, a menudo se producen en el seno de estos movimientos ciertas inercias que impiden que estas reivindicaciones sociales se concreten y consigan la fuerza necesaria para hacerse realidad. Dichos factores son: el egocentrismo y la lucha de poder. Estos dos elementos pueden reconocerse con máscaras muy diversas, desde la intransigencia hacia las opiniones de los demás, pasando por la imposición del propio criterio al resto, el desprecio a las minorías y acabando por la búsqueda vacía de la notoriedad y el reconocimiento público, entre otras.

Y todo ello es lamentable porque, repito, a mi modo de ver, en cierto modo tanto el egocentrismo como la lucha por el poder (que pueden considerarse dos caras de la misma moneda) son responsables fundamentales en buena parte de las causas de los males de todo tipo que nos afectan, puesto que cuanto más nos centramos en nosotros mismos menos en cuenta tenemos al resto y cuanto más nos interesa alcanzar el poder, quizá más descuidamos los motivos que nos movieron a organizarnos.

Yo creo que es comprensible buscar los mecanismos más adecuados para hacer llegar el discurso en defensa de los derechos sociales a la mayoría de los ciudadanos, pero sin olvidar nunca que es lo importante: la transformación social.

Así pues, es en el regreso a la esencia, es decir, a los valores primordiales como el respeto, la solidaridad, la justicia, la cooperación, la dignidad, el compañerismo, etc. donde encontramos el camino de vuelta a la fuente que nos inspiró para dar sentido a lo que hacemos cuando nos encontramos perdidos en medio de caminos que no llevan a ninguna parte.

flor de loto

La esencia