Retazos del 15M

Faltan pocos días para que se cumplan 6 años de aquella explosión de dignidad colectiva a la que se le llamó “15M“.

A modo de recuerdo, me gustaría compartir algunos de los eslóganes o frases que se popularizaron gracias a lo que supuso todo aquel movimiento…

Salud y re-evolución!

1. lo-llaman-democracia-y-no-lo-es2. no nos representan

2. no somos mercancia.jpg

3. crisis-estafa4. no-hay-pan-para-tanto-chorizo

5. Gente-sin-casa

6. nos mean encima y dicen que llueve8. no somos antisistema

7. vamos-despacio-porque-vamos-lejos

9.nuestros sueños11. democracy_not_found

11.les gusta cuando votas12. donde esta la izquierda.jpg

12. dormiamos-despertamos-toma-la-plaza.jpg13. adaptado.jpg

13.el cambio

 

 

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Retazos del 15M

La vida es el camino

En ocasiones, cuando nos referimos a aquello que comúnmente se suele denominar como “crecimiento o desarrollo personal”, nos puede surgir la duda de qué camino puede ser el más óptimo o adecuado para conseguir mejorar nuestros propósitos: que si el Yoga, el Tai Chi, el Mindfulness, o una determinada corriente de pensamiento o religión o cualquier otra cosa…

De hecho, existe un amplísimo abanico de posibilidades (desde libros de “auto-ayuda”  o ensayos filosóficos, hasta multitud de ciclos de conferencias, cursos, seminarios o talleres) que supuestamente ofrecen recursos a todos aquellos interesados en lo referente a temas relacionados de algún modo con la “espiritualidad” o el “auto-conocimiento”… Eso, por no hablar también de la posibilidad de acudir a diferentes terapias, etc.

En cualquier caso, es imposible juzgar cualquiera de los recursos que acabo de mencionar como “bueno” o “malo”, eso dependerá de muchísimos factores, entre los cuales destacaría sobretodo el de la propia persona interesada.

En mi caso, por ejemplo, práctico Yoga más o menos regularmente y también he recibido tratamiento mediante terapias físicas como por ejemplo la acupuntura. Por otro lado, el tema de la “conciencia” (por llamarlo de algún modo) me interesa muchísimo y he leído bastante al respecto y también suelo ver o escuchar charlas sobre este tema (normalmente a través de Internet, aunque a veces también de manera presencial). No obstante, sólo señalo esto únicamente para subrayar que con toda probabilidad lo que a mí me pueda servir o resultar postivo a otra persona no le ayude ni le genere el más mínimo interés. Y eso no significa ni que yo ni la otra persona tengamos razón o estemos equivocados. Simplemente se trata de descripciones de experiencias individuales.

En cualquier caso, lo que me gustaría remarcar a través de este post es que, al final, el verdadero camino de desarrollo personal no tiene que ver nada en absoluto acerca de terapias, libros, creencias, prácticas o seminarios. Todo esto no dejan de ser, en último término, señales que pueden servir para apuntar una dirección (y que a veces pueden resultar muy útiles). Pero en ningún caso se refieren a la meta, ya que no existe ninguna “receta mágica” para el auto-conocimiento. Es decir, que no son “la cosa en sí”, como diría Kant.

En el fondo, creo que todo es mucho más sencillo: la propia vida es el camino. Nuestra vida, tal como es, nos ofrece siempre la oportunidad constante de aprender, de crecer y de desarrollarnos y profundizar cada vez más en nuestro propio crecimiento personal. De esta manera, en lo más cotidiano se esconde la práctica más compleja y en lo más trivial reside la sabiduría más profunda. En nuestras relaciones con los demás es cuando mejor podemos observarnos a nosotros mismos. En nuestra cotidianeidad es donde se nos da lo más extraordinario. Es en nuestra propia mirada, en nuestra manera de ver el mundo, donde podemos encontrar nuestro sentido profundo. La sabiduría no se haya en la búsqueda sino en el encuentro.

Carl G. Jung  habla de “individuación” para hacer referencia al proceso de autorrealización del ser humano a lo largo de la vida, es decir, del camino de desarrollo personal que nos lleva a ser verdaderamente nosotros mismos. Para ello, es necesario trascender nuestros conflictos internos existenciales y ser capaces de integrar en nuestro ser nuestra parte inconsciente, nuestra sombra.

La “individuación” de Jung nada  tiene que ver con el “individualismo”, como sinónimo de egoísmo o similar. Más bien es su opuesto. La “individuación”, lejos de separarnos de los otros, nos une a los demás, puesto que nos hace reconocer nuestra humanidad compartida.

Y para llegar a alcanzar todo eso, pienso que no hay otra manera que vivir auténticamente nuestra vida. Sin demasiados juicios, exigencias, pretensiones, rechazos o recriminaciones. Simplemente estando atentos a lo que acontece, de manera honesta y reconociendo nuestra especificidad, es decir, siendo conscientes de que no existe guía alguna que podamos seguir más que la que se nos está brindado a cada momento para desarrollar nuestras potencialidades…

… Fluyendo con la existencia.

fluir

La vida es el camino

Humildad

Si somos capaces de reconocer todas nuestras debilidades y limitaciones, nuestras carencias y frustraciones, todos nuestros errores y mezquindades, nos estaremos brindando la posibilidad de abrirnos a un nuevo espacio de libertad. Una libertad interna que no depende de lo que pase afuera, pues se refiere a la libertad de ser tal cual como uno es, independientemente de cualquier otro factor. Si aceptamos nuestras sombras, es decir, todo aquello que no queremos ver en nosotros mismos, nos adentraremos en las profundidades de nuestro ser de manera honesta y podremos llegar a conocernos un poquito mejor.

De esta manera, sabiéndonos cuán lejos estamos de la irreal imagen de la perfección que a menudo anhelamos y que jamás alcanzaremos, es cuando precisamente nos reencontramos con la esencia de nuestra propia humanidad. Porque ser “humano”, no sólo contempla sentir pensamientos, emociones y experiencias positivas. También contiene experimentar a veces rabia, dolor, envidia, tristeza, celos, frustración, miedo… Y reconocerlo, paradójicamente, puede ser un primer paso para dejar de sufrir y para observar los acontecimientos desde una nueva perspectiva que nos permita evolucionar. Así pues, cuando nos contemplamos de manera honesta es cuando somos capaces de reconocernos también en los demás. Porque, al fin y al cabo, todas las personas compartimos la misma humanidad. Cuando nos damos permiso para ser como somos, ocurre que cuando nos equivocamos lo podemos volver a intentar, sin castigarnos y aprendiendo de los posibles errores cometidos. Cuando no nos martirizamos por haber caído, es cuando nos damos permiso para volvernos a levantar y, tal vez, podamos aprender algo de lo sucedido para que no se vuelva a repetir. Por eso es importante cosechar la humildad en nosotros, para evitar ser juez y parte de nuestra propia vida y convertirnos simplemente en protagonistas de la misma. Y esto depende sólo de que uno mismo se dé la libertad suficiente para contemplarse de manera sincera, sin rechazar nada de aquello que conforma nuestro ser, incluso aquello que nos disgusta. Así pues, probablemente nos daremos cuenta que durante el transcurso de nuestra vida siempre hemos intentando hacer las cosas de la mejor manera que hemos sabido o podido a cada momento. Y comprenderemos, a su vez, que los demás han hecho exactamente lo mismo que nosotros, cada cual a su manera y con los recursos de los que ha dispuesto. Sin más.

Lo dicho hasta ahora, no significa en ningún caso que tengamos que resignarnos irremediablemente a lo que acontece, ya sea la realidad externa o los factores internos. La resignación y la aceptación pueden parecer similares pero tienen una diferencia sutil que cambia completamente nuestra actitud ante la vida. La resignación es una rendición, la adopción de un posicionamiento pasivo a merced de las circunstancias externas o los sentimientos internos ante los que me siento totalmente indefenso y vulnerable. La aceptación, en cambio, significa acoger completamente la realidad que se está dando, sin rechazarla de ninguna manera, e intentar aportarle lo mejor de nosotros mismos.

Aceptar es responsabilizarse de lo que uno piensa, siente y hace, independientemente de cualquier otra consideración. Porque sin aceptación, no es posible tampoco el cambio. De esta manera, si no aceptamos nuestra propia oscuridad, tampoco jamás podremos transformarla… Simplemente porque, o bien no la contemplamos, o bien estemos convencidos de que es imposible hacerlo.

De este modo, al final comprenderemos que durante el transcurso del tiempo algunas veces las cosas salen bien y que otras veces no pero que, en el fondo, tampoco pasa nada… Quizás en todo esto también resida la raíz del perdón, del propio y del ajeno: en entender que al final la vida es un camino de crecimiento y de aprendizaje y que, por tanto, las equivocaciones y los errores no son sólo cosas habituales de las que nadie está exento, sino también, completamente necesarias en nuestro camino de desarrollo personal como seres humanos, para dotar a la vida de significado.

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Humildad

La unidad de las izquierdas

A raíz de la noticia un tanto sorprendente respecto al acuerdo entre “Podem Catalunya” y “Un País en Comú” (el nombre provisional del nuevo partido de confluencia catalán apadrinado por Ada Colau) que se dio a conocer de manera paradójica (y quizás reveladora) ayer en  Madrid a través de Pablo Iglesias y Xavier Domènech, me he animado a escribir un artículo respecto a esa idea tantas veces en boga de la conveniencia, e incluso de la necesidad, de la unidad de los partidos “de izquierdas”.

No obstante, me gustaría realizar antes una breve reflexión respecto el proceso de construcción de este “nuevo sujeto político” que empezó a fraguarse desde hace unos meses en Catalunya. En realidad, pocas novedades hay que añadir respecto al post que escribí a finales del año pasado, más allá de que parece que queda claro que el objetivo principal de este proyecto es aunar a “Barcelona En Comú”, “ICV/EUA” y “Podem bajo un mismo partido político, es decir, rehuyendo de la formula de coalición que por ejemplo presentan actualmente en el Congreso de los Diputados (“En Comú Podem”) o en el propio Parlament de Catalunya (“Catalunya Sí Que Es Pot”), perdiendo de este modo los partidos confluyentes gran parte de su independencia a fin de conformar este nuevo espacio político.

De este modo, lamentablemente, hemos visto cómo hasta la fecha la construcción de este nuevo partido se ha llevado a cabo totalmente al margen de la participación ciudadana y que las decisiones las han ido tomando las cúpulas de los partidos en despachos a puerta cerrada. En honor a la verdad, quizás la única excepción, en cierto modo, la hemos visto en “Podem” aunque, para ser sinceros, a la postre creo que tampoco ha quedado claro qué papel han estado jugando en todo esto…  Pienso que lo más lógico por parte de “Podem” (si realmente pretendían cumplir con un mandado ciudadano) hubiera sido la realización de una consulta clara desde el inicio de este proceso para saber si sus bases querían o no integrarse en un único partido conjuntamente a “BComú” y “ICV-EUA” (y no la extraña pregunta de “libre interpretación” que efectuaron a sus inscritos hace apenas unos días). Y en caso afirmativo, entonces sí, empezar todo este proceso. Ahora bien, quizás es que esta lógica no entraba dentro de los planes de Pablo Iglesias que, por las razones que sean, parece que tiene bien claro que sus referentes en Catalunya, mucho antes que Albano Dante, deben ser Ada Colau y Xavier Domènech.

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Y hasta aquí esta pequeña reflexión acerca de cómo veo que van las cosas en “Un País En Comú”, y ahora sí, me dispongo a hablar respecto la unidad de las izquierdas”.

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Mucha gente cree que para que se produzca un cambio social, es necesario que los partidos “de izquierdas” dejen a un lado sus divergencias y se unan en un frente en común, con el fin de derrotar a “la derecha”. Yo, entiendo la argumentación de que así es más probable conseguir una mayoría que suponga una alternativa a un gobierno “de derechas” porque “la suma multiplica” y blablablá… Ahora bien, discrepo profundamente de que de esta manera se consiga una verdadera transformación social. Me explico:

Dejando a un  lado la consideración (a mi entender bastante evidente) de que difícilmente pueden conseguirse cambios significativos a través únicamente de las instituciones sin tener en cuenta en modo alguno el interés REAL de la ciudadanía, creo que la unidad de la izquierda (así entendida), en el mejor de los casos, sólo podría servir para un cambio de gobierno, pero nunca para una verdadera transformación social, y ni siquiera para una “transformación institucional”. Y a continuación detallaré los dos motivos fundamentales:

– En primer lugar, pasaré a explicar lo que yo llamo la teoría del ideario del mínimo común. Pongamos por caso que se genera un frente amplísimo “de izquierdas” que cuenta desde partidos anticapitalistas y de extrema izquierda hasta partidos socialdemócratas y de centro-izquierda. Pues bien, estos partidos a la hora de generar un ideario y programa en común deberán ponerse siempre de acuerdo de algún modo. El problema estriba en que los puntos en común que acabaran definiendo su línea política habitualmente estarán marcados por el partido menos “de izquierdas” de todos… Es decir, a un partido de extrema izquierda lo habitual es que siempre le resulte fácil asumir las reclamaciones en materia social de un partido socialdemócrata (de hecho, es probable que estas reclamaciones las encuentre insuficientes). En cambio, difícilmente un partido socialdemócrata asumirá la mayoría de reclamaciones sociales de un partido de extrema-izquierda. Por lo tanto, si la organización de este “frente de izquierdas” se basa en el consenso entre los diferentes actores, serán precisamente los partidos más moderados los que marcarán claramente la línea a seguir de este espacio político.

– En segundo lugar, pasaré a explicar lo que yo llamo el efecto del pez grande. Pongamos por caso que este frente de izquierdas acuerda que su programa e ideario no será fruto de un consenso entre todos los partidos que lo conforman como en el caso anterior, sino que se acuerda que en la toma de decisiones se respetará la proporcionalidad que cada uno de los partidos tenía por separado. Por ejemplo, si los socialdemócratas representan el 40% del espacio político “de izquierdas”, en el supuesto frente de izquierdas deberán continuar manteniendo este 40% de representación en los órganos de poder. Es decir que, al fin y al cabo, habrá partidos (normalmente uno o como máximo dos) que impondrán claramente su criterio sobre el resto, que simplemente ejercerían el rol de meras comparsas, puesto que el pez grande se come siempre al pequeño.

Así pues, cualquiera de las dos alternativas que he explicado, creo que menoscaban claramente la representación democrática de la sociedad, puesto que estos “frentes de izquierdas” se alejan mucho más de los ciudadanos que dicen representar. Es decir, un número mucho más grande de personas depositarían su voto en una opción que no les resultara representativa. Esta cuestión es especialmente grave puesto que, además, al darse un acuerdo entre todos los grupos de  izquierda, la discrepancia o alternativa a nivel institucional quedaría totalmente invisibilizada…

Por lo tanto, el frente de izquierdas creo que es una opción que sólo puede servir puntualmente (en el mejor de los casos) como medida de excepción para derogar a un gobierno determinado, pero nunca para devenir un cambio radical en el sistema.

A modo de conclusión, creo que para una verdadera transformación social, lo únicamente necesario es el empoderamiento ciudadano y, para ello los partidos políticos (especialmente los de izquierdas que reivindican un cambo social) deben facilitar las herramientas necesarias para que el pueblo pueda decidir de forma directa, sin intermediarios, sin postureos… Dotando así a la democracia de contenido.

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La unidad de las izquierdas

No penso callar

Hoy me gustaría recuperar un vídeo que realizó la delegación catalana de Amnistía Internacional dentro de la campaña “No penso callar”, de finales de 2015, porque pienso que es muy importante que seamos conscientes de nuestros derechos como seres humanos desde bien pequeñitos…

Y como dice uno de los lemas más conocidos de esta ONG, “el mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo”.

No penso callar

“Alike” (corto de animación)

En esta entrada quiero compartir un pequeño cortometraje de animación, de apenas 8 minutos de duración, titulado “Alike” dirigido por Daniel Martínez Lara y Rafa Cano Méndez, que vio la luz a finales del año pasado.

Como sus autores explican, la historia intenta plantear una reflexión acerca de la paternidad y la enorme importancia de la influencia de los padres hacia sus hijos y, sobretodo, plantea una crítica hacia los estímulos y la educación en general que reciben los más pequeños en nuestra sociedad.

Ahora bien, creo que del corto también se desprende una perspectiva crítica respecto al actual modelo social en el cual, desde la infancia y siguiendo los más elementales principios del “condicionamiento clásico” de Pavlov, aprendemos a dejar de lado nuestra capacidad creativa limitándonos, poco a poco, en nuestra toma de decisiones y adiestrándonos, de esta manera, para llegar a convertirnos en engranajes necesarios para perpetuar un sistema “gris” que no está en absoluto diseñado para que las personas tomemos el protagonismo respecto nuestras propias vidas.

(Más info en www.alike.es)

“Alike” (corto de animación)