#1-O: Choque de Trenes y defensa de la democracia

choque_trenes1Se llevaba mucho tiempo – años – hablando del “choque de trenes”, es decir, de aquel momento en que la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de España se enfrentarían abiertamente a causa del ejercicio al derecho a la autodeterminación. Y podemos afirmar que a partir de la convocatoria oficial del referéndum para el próximo 1 de Octubre por la independencia de hace apenas dos semanas, ese momento ya ha llegado.

Se podría hablar largo y tendido sobre este asunto desde diferentes perspectivas, pero no es mi intención hacerlo en esta ocasión porque creo que cuando la cosa se tensa tanto no queda más remedio que tomar un posicionamiento al respecto, a pesar de que lo que sucede no sea lo que personalmente yo (ni muchos otros) hubiésemos preferido. Pero la realidad es tal cual se presenta. Y, nos guste más o menos, ahí estamos el conjunto de los ciudadanos contemplando este “choque de trenes”. Y lo cierto es que cuando dos trenes chocan, siempre se producen lamentables daños, independientemente de qué tren fuera por la vía correcta y cuál no, si es que fuera alguno…

Dicho esto, en primer lugar quiero dejar claro que todo esto no se estaría produciendo si el gobierno de España hubiera accedido a la celebración acordada con el gobierno de la Generalitat, en los términos que fueran, de un referéndum por la independencia de Catalunya.

El derecho de autodeterminación, es decir, la capacidad intrínseca de un pueblo o comunidad determinada a decidir sobre su futuro, es algo tan elemental que es muy difícil (por no decir imposible) no estar de acuerdo si no es desde un posicionamiento cercano al de un nacionalismo reaccionario.

¿Existe alguna razón por la que los ciudadanos de Catalunya (o de Euskadi o de Galicia) no puedan ejercer su derecho democrático a voto acerca de si desean seguir formando parte de España?

Pues bien, como el gobierno del Estado lleva enrocado desde hace años en su posicionamiento negativo, ahora nos vemos abocados a esta situación. Y es totalmente cierto (y también es bueno recordar) que desde Catalunya en este tema se han hecho muchas cosas bastante mal y que se han cometido ciertas irregularidades (véase el esperpento en la aprobación de la “ley de transitoriedad” o en la misma convocatoria del referéndum)  y que, además, de llegar a producirse el referéndum catalán, éste no contaría ni siquiera con las garantías mínimas marcadas por la Comisión de Venecia en esta materia, por lo que tampoco contaría con el aval y reconocimiento internacional…

Está claro que el gobierno catalán ha desobedecido al Estado al convocar el referéndum unilateralmente. Es una evidencia incuestionable. No obstante, yo me pregunto, ante la negativa reiterada del gobierno de España a acceder a un diálogo sobre la autodeterminación de Catalunya, ¿qué otra opción tenía el Govern? ¿Quedarse de brazos cruzados? ¿Esperar pacientemente a que haya elecciones generales para ver si gana “Podemos”? (cosa, por cierto, muy poco probable en estos momentos…)

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Sinceramente, pienso que el Govern català no tenía muchas alternativas si, de algún modo, quería presionar al Estado para que se aviniera a algún tipo de acuerdo dialogado…

Ahora bien, aún en el supuesto de estar totalmente en desacuerdo con la decisión adoptada por el Parlament de Catalunya, la respuesta del Estado a todas luces está siendo absolutamente desproporcionada e impropia de una democracia mínimamente avanzada o consolidada. En Catalunya ahora mismo estamos viviendo casi en estado de excepción: Las finanzas públicas intervenidas, la guardia civil interviniendo conselleries y otras instituciones del Govern, cierre de páginas web y, por lo tanto, en detrimento de la libertad de Internet, la policía haciendo registros en imprentas y oficinas de correos, prohibición de actos y manifestaciones a favor del “derecho a decidir”, cientos de alcaldes citados a declaración judicial, detenciones de cargos públicos, censura de spots publicitarios…

O dicho de otro modo, el estado español ha convertido definitivamente la defensa de los derechos nacionales de Catalunya en una lucha por los derechos civiles e, incluso, por el mantenimiento de la misma democracia, tal cual la entendemos a día de hoy. La respuesta social no se ha hecho esperar y una multitud ha tomado las calles y plazas para expresar enérgicamente su rechazo.

Y ante esta actitud autoritaria y toda esta vorágine de represión desatada por el Estado, gente como yo que no entendemos en absoluto la ideología nacionalista y que ni siquiera tenemos un posicionamiento a favor de la independencia de Catalunya, pero que venimos de movimientos sociales como el 15M y que defendemos un pensamiento libertario, nos tendrán enfrente. Puesto que creemos radicalmente en el diálogo, el acuerdo y, sobretodo, en la democracia y la libertad.

Y, no nos olvidemos, haya o no finalmente referéndum, después del día 1, llegará el día 2…

SPAIN-CATALONIA-POLITICS-PROPAGANDA

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#1-O: Choque de Trenes y defensa de la democracia

Algunas reflexiones desordenadas respecto a los atentados

LAZO CONDOLENCIAHace poco más de una semana de los atentados de Barcelona y Cambrils. Poco más de una semana y parece que haya pasado un mundo. En la tarde de ayer salieron a las calles del centro de Barcelona medio millón de personas para expresar su rechazo al terrorismo y solidaridad con las víctimas. Recordemos que estos atentados, además de dejar un centenar de heridos, se cobraron la vida de 15 seres humanos inocentes, incluyendo niños que apenas habían tenido la oportunidad de comenzar su aventura por la vida. Y jóvenes. Y también mayores, es igual. 15 muertos que solamente estaban en el lugar más inadecuado en el momento más inoportuno. E imprevisible. Y fortuito. Personas que, bien pudieran esa tarde haber decidido hacer cualquier otra cosa y ahora estarían vivas. Y quizás otras ocuparían su lugar. Quién sabe. Personas que bien podríamos haber sido cualquiera de nosotros. Yo mismo, quizá. No hay ningún motivo racional que justifique su muerte ni por el cual se comprenda que esas personas, y no cualesquiera otras, deberían morir ese día… Pasear por las Ramblas de Barcelona una tarde de Agosto. Ya ves, tú. Nada más cotidiano. Nada fuera de lo más habitual.

Posteriormente, fueron muertos a manos de las fuerzas de seguridad la mayoría de los terroristas implicados en el mayor atentado yihadista perpetrado jamás en Catalunya. Unos seis, creo. No lo sé con certeza. También murieron dos más el día anterior a causa de la explosión de una bomba que preparaban con tal de cometer un atentado aún mucho más terrible en la capital catalana. Aunque lo cierto es que tampoco lo sé bien. La información es algo confusa y todo esto resulta muy difícil de comprender… Y, sinceramente, tampoco quiero saber demasiado. No encuentro que los detalles en este caso sean importantes. Al final, ha sucedido así, ¿qué más da lo demás?, ¿de qué sirve pensar que hubiera podido ser aún peor? En cualquier caso, con los terroristas abatidos, más muertos que sumar la negra lista de muertos. Y aunque no sienta ni mucho menos el mismo dolor por la muerte de unos y otros, lo cierto es que al final todo me resulta de lo más entristecedor. Pues todas ellas son muertes que, al fin y al cabo, acrecientan esta funesta espiral de odio, miedo, locura y desolación.

Barcelona, París, Londres, Madrid. También Madrid. Otros muertos que nos tocaron de muy cerca hace relativamente poco, apenas algo más de una década. Definitivamente, desde el 11-S de 2001, con el estremecedor derrumbe de las torres gemelas de Nueva York asistimos atónitos a otra manera de comprender hasta donde puede llegar el alcance del terrorismo contra la población civil. Porque el terror siempre afecta más cuando lo sentimos de cerca, cuando les ocurre a aquellos con los que más nos identificamos. Es así: no tienen el mismo valor para nosotros estos muertos que los que se producen por las guerras y conflictos armados en Palestina, Kurdistán o Síria. Simplemente porque aquéllos no los sentimos como propios y, en cambio, estos sí. No es ninguna rareza, nos duele más la muerte de aquéllos con los que más cosas en común compartimos. Es normal que así sea. Aunque probablemente el nexo de unión de unos y otros sea mucho más evidente de lo que de común imaginamos y tal vez fuera bueno reflexionar sobre ello.

En cualquier caso, desde entonces hasta ahora, tras todas estas muertes, después de todo este horror ¿qué hemos aprendido? Creo que apenas nada. O, al menos, poco. Muy poco…

De este modo, si nos preguntamos por el motivo de todo esto, ¿cuál es la causa, si es que existe? ¿Simplemente el generar terror por el terror? ¿La sinrazón? No lo creo en absoluto.

Porque, vamos a ver, ¿existe un motivo que pueda ofrecernos una comprensión para todo esto?

¿El petróleo, quizá? ¿El fanatismo religioso, tal vez? ¿Las guerras que se libran en Oriente Medio? ¿Los intereses económicos? Lo cierto es que posiblemente no encontremos una argumentación sencilla sino que exista toda una extensa maraña de hilos que se relacionan y se comuniquen los unos con otros, confeccionando un todo enormemente complejo…

En cualquier caso, estoy convencido de que los terroristas no son unos locos que simplemente quieren matar a la gente y ya. Quizás sea esta la explicación que a nosotros nos resulte más plausible, pero en el fondo, sabemos que no es así. Que no puede ser así. Ellos tendrán sus motivos, seguro, aunque nosotros no los comprendamos… Y tal vez no queramos ni tan siquiera escuchar.

Al igual que tampoco comprendemos qué carajo pasa con eso que llaman el Estado Islámico, el ISIS el DAESH o como quiera que lo llamen. Ni tampoco con el papel que juega el régimen de Arabia Saudí, ni con la venta de armamento de empresas occidentales a determinados países, ni con el dinero que financia las guerras (¿nuestro dinero?), ni con la crisis de los refugiados y ni mucho menos con los inmigrantes que vienen en patera a nuestras costas en busca de un futuro mejor.

Y sin embargo, aceptamos todas estas cosas que no entendemos con absoluta normalidad. Mira tú, qué curioso. Así pues, quizás la nueva normalidad en unos años sea aceptar también los atentados que se comentan en nuestras sociedades como algo que pasa de vez en cuando. Que no sabemos porqué, pero pasa. Como cuando existía ETA, pero en plan bestia. Con la misma normalidad como cuando ahora contemplamos en las noticias que se producen violaciones a mujeres, o asesinatos por razones machistas, o palizas a homosexuales, a extranjeros, a vagabundos, o la normalidad de la violencia en el fútbol, en las agresiones en los patios de colegio o, simplemente, los atracos en la calle a punta de navaja. Es decir, como algo que pensamos que ojalá que nunca nos suceda a nosotros pero que sabemos que son cosas que pueden ocurrir. Porque la vida es así. La gente está muy mal y hay cosas que no se pueden cambiar. Así que mejor cruzar los dedos, intentar no meterse en líos y que cada cual procure salvarse su culo. En el fondo, esta es la manera normal con la que nos movemos por el mundo y nos relacionamos los unos con los otros: repletos de desconfianza y de miedo… Y es que, por desgracia, razones no nos faltan. Cuando no es una cosa es otra. Y todo esto sin contar ya nuestros miedos habituales a quedarnos sin trabajo, a que nos deje la pareja, a que nos traicione un amigo, etc. Vamos, una locura de vida.

De lo que estamos hablando es de que, quizás, acabemos incorporando el terrorismo a nuestro sentimiento normal de vulnerabilidad. Aumentándolo, más y más, eso sí. Incorporar esta pesada carga a la ya de por sí voluminosa mochila de ataduras y cadenas.

Porque, en el fondo, nos sentimos vulnerables. Aunque claro está, siempre nos quedará el consuelo de encontrarnos en el lado de “los buenos”, por supuesto. “Los malos” siempre son los otros (el extranjero, el musulmán, el negro, el chino, el rico, el pobre, el hombre, la mujer, el catalán, el castellano, el de mi izquierda, el de mi derecha…) Pero nosotros, no. Nunca. La culpa, del otro. Siempre. Así de sencillo.

Dicho lo cual, no obstante, quiero dejar absolutamente claro que pienso firmemente que los terroristas que deciden llevar a cabo estos miserables actos, desde luego, son absolutamente responsables de sus acciones. Simplemente pretendo estirar del hilo de este pensamiento:

¿Por qué razón una persona decide acabar con la vida de alguien que ni siquiera conoce? ¿De alguien que no le ha hecho nada en absoluto?

Y, al final, después de mucho pensar sólo se me ocurre una respuesta: el odio.

Así pues, quizás sea tiempo de reflexionar qué motivos les lleva a unos jóvenes que han nacido y crecido en nuestra sociedad a odiar de esa manera, a odiar tanto como para desear meterse en una furgoneta y atropellar a todo aquel ser inocente que se cruce en su camino, ya sean mujeres, niños o ancianos. A atropellar a cuantos más mejor. Y a sentir que hacen bien. Sentir como su odio se libera otorgándole una extraña sensación de libertad y justicia. Aún a sabiendas de que probablemente ellos mismos morirán pocas horas después. De un tiro en el pecho. A sabiendas que esto supondrá el fin de sus cortas vidas. A sabiendas del poco valor, por lo tanto, que se dan así mismos. ¿Qué les lleva a estas personas a sentir que sus vidas tienen tan poco valor? ¿A ver que su única opción es aquella que les conduce a su propia muerte sin remedio?

Nosotros, desde la comodidad de nuestros hogares, deberíamos de ser capaces, al menos, de comprender una cosa: que el odio no puede ser combatido con balas, ni con mayores medidas de seguridad, ni mucho menos echándonos irresponsablemente la culpa los unos a los otros, ni con himnos o banderas, ni desviando la atención con temas superfluos o que nada tienen que ver con todo esto ni intentando de forma miserable sacar rédito de algún modo de tanta desgracia… Y aprovechar para pensar en todo aquello que como sociedad quizás no estemos haciendo bien, todas aquellas medidas de integración social y de no exclusión que podríamos mejorar enormemente. Y a nosotros mismos. No como sociedad sino como seres individuales. Como nos comportamos con los demás, qué le estamos ofreciendo al mundo.

El odio sólo puede ser combatido proporcionando amor. Aunque cueste. Nada más tiene el más mínimo sentido. Ningún otro camino podrá conducir a la paz.

Amor sin distinción. Ésa es la única respuesta realmente valiente y revolucionaria. A todos. Rompiendo las barreras imaginarias que nos convierten en enemigos del otro, del diferente. Desde el respeto más profundo por las víctimas y por los familiares, por supuesto. Ya que jamás podremos ponernos en su pellejo. Jamás. Sólo podemos abrazarlos y callar si no sabemos hacer nada más. Y solidarizarnos con ellos, pues bien pudiéramos ser nosotros los protagonistas de interpretar ese triste papel. Y aceptar toda la ira y rabia que como humanos en estos momentos puedan albergar… Puesto que la comprendemos perfectamente. Tienen todo el derecho.

Y, por supuesto, aceptar también toda la tristeza por aquellos que ya no están. Que descansen en paz.

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Algunas reflexiones desordenadas respecto a los atentados

¿Y si…?

interrogante.jpgEl proceso es sencillo: viene una idea a la cabeza y entonces se encienden las alarmas. La mente empieza a divagar, valorando las hipotéticas situaciones y los diferentes escenarios posibles, se evalúan todas las variables que se nos puedan ocurrir y vemos que no hay forma plausible de tomar una decisión que nos satisfaga completamente… Así que, sin remedio, volvemos al punto de partida y repetimos todo el proceso para encontrar una salida del laberinto. Una y otra vez. Pero cada vez peor y la bola cada vez se hace más grande.

La idea que nos mantiene la mente aprisionada suele tomar una forma angustiante, normalmente relacionada con una preocupación o un temor hacia la posibilidad de que algo “malo” nos ocurra en un futuro más o menos próximo. Y esta idea puede estar causada debido a múltiples circunstancias: estrés laboral, conflictos familiares, dolores corporales, etc. Nuestra mente siempre encontrará mil y una justificaciones racionales que darán crédito a la inquietud que en estos momentos nos aflige el ánimo: “Tengo un dolor en…”, “en el trabajo ha pasado…”, “mi pareja me ha dicho que…” Y, justo a continuación, siempre vendrá la recurrente pregunta que dará consistencia y vida a todo este bucle: ¿Y si…?”

“¿Y si…?” Y justo inmediatamente después de formularnos esta pregunta (para la cual no nos será posible encontrar una solución certera porque parte de la premisa de una situación hipotética) siempre vendrá otro “¿Y si…?” Y luego otro, y otro, y otro. “¿Y si…?” “¿Y si…?” “¿Y si…?”…

En realidad, poco importa si nuestra preocupación tiene una base más o menos “real” o si se trata de una situación “en verdad” crítica o no. Nuestra mente en ese momento encontrará mil y una justificaciones para dar crédito a nuestra congoja. Por lo que, para nosotros, en ese momento será lo único importante.

Y mientras tanto, nada ocurre, sólo que nuestra mente deambula en un mar de dudas que nos abruman. Y nos colapsan. Y nos paralizan. No existe el momento presente porque todo queda eclipsado hacia un temor futuro por algo que aún no ha sucedido y que ni tan siquiera sabemos si realmente llegará a pasar y ni mucho menos de la forma en la que finalmente tendrá lugar (si es que lo tiene). Pero no lo podemos evitar. El proceso ya ha empezado y no hay quien lo pare. Es como un mecanismo automático del cuál desconocemos la ubicación del botón de apagado.

Así pues, en ocasiones, repletos de angustia y de temor a veces tomamos una decisión… Pero luego pensamos que no, que mejor otra cosa… Y así sucesivamente, para finalmente no saber ni tan siquiera qué es mejor o peor. “¿Y si…?” “¿Y si…?” “¿Y si…?”…

Así pues, cuando acontece tal situación, creo que lo mejor que podemos hacer por el momento es parar. Detenerse. No hacer nada en absoluto para no alimentar más la espiral de pensamientos y así cesar nuestro alocado monólogo. Y detenernos a observar como nuestro cuerpo está en tensión sin una razón objetiva que lo justifique. Escuchar el ritmo convulso de nuestro corazón, darnos cuenta de nuestra respiración agitada. Sentir las pequeñas gotas de sudor que se desprenden de las sienes o entre las manos. Observar cómo avanzamos hacia un camino que no lleva a ninguna parte, al igual que aquel ratón que corre sin cesar sobre una rueda que gira y gira pero no avanza a ningún lugar. Entender que, habitualmente, nada pasa tal cual lo imaginamos y que la mayoría de nuestras preocupaciones jamás llegan a concretarse en la realidad.

Y de esta manera, poco a poco, veremos que este estado se irá desvaneciendo de forma pausada, sin esfuerzo… Si es necesario podemos intentar ponernos en una posición cómoda para mirar de descansar, sentados en el sofá o estirados sobre la cama. Y contar hasta 10, hasta 100 o hasta 1000. Incluso dormir si es necesario. A veces también puede servir tomarse una ducha, salir a pasear, escuchar música o iniciar cualquier otra actividad que nos permita tomarnos un respiro. Desconectar. Descansar.

Y una vez consigamos mantener el cuerpo y la mente relajados, es posible que a continuación valoremos la situación de otra manera. Y desde este espacio de mayor tranquilidad hagamos lo que creemos que sea mejor o más conveniente para nosotros. Y si creemos que hemos de actuar al respecto de alguna manera determinada, hacerlo. Y si, después de todo, creemos que tal vez es mejor no hacerlo, pues no hacer nada. Entendiendo, eso sí, que no es posible controlarlo todo y que hay que aprender a convivir con la incertidumbre, pues en el fondo, no podemos estar completamente seguros de nada de lo que vaya a suceder en el futuro y que las cosas en muchas ocasiones no dependen exclusivamente de nuestra voluntad o de nuestros deseos ni de cómo creamos que deberían ocurrir. Por mucho que nos empeñemos en ello, nunca tendremos todas las respuestas pues hay multitud de factores que se escapan de nuestro control. En definitiva, debemos saber tolerar el “¿Y si…?”

Porque, mientras tanto, la vida pasa.

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¿Y si…?

Realidad, conciencia, vida… Matrix, WestWorld, Truman y filosofía.

¿Qué tienen en común “Matrix”, “WestWorld” o el “Show de Truman”?

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Éstas son tres obras de ciencia ficción consideradas mainstream” que, en el fondo, comparten un mismo hilo argumental: el cuestionamiento de sus protagonistas a la naturaleza de su propia realidad.

Hay otras muchas obras (no necesariamente de ciencia-ficción) que tratan desde diferentes perspectivas esta misma cuestión: desde los relatos literarios de Asimov y sus famosas  “tres leyes de la robótica” hasta, por ejemplo, el mito milenario de “La Caverna” de Platón, por no nombrar otros muchos filósofos y pensadores clásicos como Descartes.

En cualquier caso, con tal de abordar el cuestionamiento de la realidad, todos estos autores deben tratar fundamentalmente, de una manera u otra, el concepto de conciencia. Y esto es así puesto que para que podamos hacer referencia a un mundo exterior concreto (ya sea el mundo virtual de “Matrix”, el parque temático de “WestWorld” o el plató televisivo de “El Show de Truman”) necesariamente debe existir, al menos, un ser que capaz de percibirlo de alguna manera ya que, ¿tiene sentido hablar de la existencia de la Realidad sin hablar de la presencia de la Vida? Ahora bien, llegados a  este punto tal vez cabría preguntarse también si la vida necesariamente está ligada a una conciencia o no. Porque, al fin y al cabo, si toda la materia está constituida en última instancia por las mismas partículas (moléculas, átomos, quarks…) ¿qué diferencia existe entre un ser humano, un animal, una planta o una roca? ¿Quizá no radique precisamente en el grado de conciencia que sean capaces de desarrollar? ¿Tal vez así la conciencia sea el requisito necesario para comprender lo que es la vida?

Bajo nuestra perspectiva científica y desde teoría evolutiva de Darwin, asemejamos la vida únicamente a la transmisión de un determinado código genético de una generación a otra para la supervivencia de una especie determinada. No obstante, Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta(1976) acuñó el término “meme” de una forma bien diferente a la que cotidianamente se emplea en la era digital de hoy día cuando nos enviamos imágenes o videos graciosos que rápidamente se popularizan a través de redes sociales o programas de mensajería instantánea. Para Dawkins, un “meme” era una forma de “replicador” que compartiría las mismas características que nuestros genes, incluyendo por supuesto, ser considerados como partículas de información de vida. Ahora bien, al contrario que los genes, un “meme” no es ningún tipo de elemento físico, sino que pertenece al terreno de lo intangible.

gen egoistaLa teoría de Dawkins, a grandes rasgos, viene a ser una vuelta de tuerca a las ideas darwinistas: los genes son aquellas formas de replicadores que utilizan a los organismos vivos como una especie de vehículos con el objetivo de asegurarse su supervivencia y perpetuarse indefinidamente a lo largo del tiempo. No obstante, como decía anteriormente, los genes no serían la única forma de replicadores que pudieran existir.

Para explicarlo de forma sencilla, a mi entender y recuperando la cosmovisión platónica, es como si Dawkins situara un replicador diferente para los dos mundos que describe Platón: los genes pertenecerían al mundo de las formas (lo material, lo sensible, lo visible, lo perceptible mediante los sentidos) y los memes tendrían lugar en el mundo de las ideas (lo inmaterial, lo abstracto, lo invisible, lo inteligible mediante la razón).

Con cierto paralelismo a este concepto, unos cuantos años antes Carl Gustav Jung desarrolló el término “arquetipo” para hacer referencia a una suerte de unidad básica de la conciencia, que son comunes en todos los seres humanos. Para Jung, los arquetipos serían algo así como los pilares básicos sobre los que se conforma el inconsciente. Así pues, de esta forma, vemos que también desde diversas perspectivas científicas (aunque ciertamente no aceptadas mayoritariamente por la comunidad científica) la comprensión acerca del desarrollo de la vida como algo que va más allá de lo estrictamente físico o material, también es una idea recurrente a lo largo del tiempo y que apunta directamente a la consciencia de los seres.

En cualquier caso, y volviendo al tema en cuestión, podríamos definir la consciencia como la capacidad que tiene un ser de adquirir conocimiento sobre sí mismo y sobre su entorno. Y si convenimos que la consciencia se relaciona inevitablemente con la vida, no sería descabellado afirmar que cuanta más consciencia sean capaces de desarrollar los seres vivos,  mayor capacidad o intensidad de vida a su vez albergarán.

Así pues, desde este punto de vista, adquieren mucho sentido aquellas prácticas y corrientes de pensamiento que abogan por  no afligir conscientemente dolor o sufrimiento alguno a los seres vivos (especialmente a animales) como pudieran ser -entre otras- el vegetarianismo o el veganismo,  en las cuales se renuncia al consumo de la  carne animal como fuente de alimento. Estas ideas estarían en plena concordancia con el respeto a la vida teniendo en cuenta el grado de consciencia de los seres. De hecho, tal cosa no nos debería parecer demasiado extraña puesto que ya en nuestra vida cotidiana, la mayoría de nosotros no sentimos remordimiento alguno si, por ejemplo, matamos a un mosquito pero, en cambio, seríamos totalmente incapaces de matar a un perro, un gato o un colibrí. Probablemente, porque de alguna manera ya sepamos que el grado de conciencia entre un insecto y un animal vertebrado es muy diferente y, por tanto, la “capacidad de vida” que contienen uno y otro ser, también lo es. De hecho, esta actitud natural nuestra al relacionarnos con las diferentes especies animales, es bastante acorde con lo que hasta ahora nos dice la ciencia al respecto. Por ejemplo, el dolor es una sensación que está directamente relacionada con el sistema nervioso y está demostrado que en los insectos el sistema nervioso está muy poco desarrollado en comparación al de, por ejemplo, los mamíferos. De hecho, por lo que hasta ahora sabemos, el sistema nervioso de los insectos funciona como un mero mecanismo sensorial que les permite responder a los estímulos del ambiente… Y poco más. Así pues, de momento, no está en absoluto probado que sean capaces de sentir dolor físico. Al menos, de la misma manera en el que nosotros lo comprendemos. Ahora bien, dicho lo cual, no significa que los insectos (o incluso los vegetales) no sean capaces de percibir sensación alguna. Existen diferentes estudios y experimentos con plantas que parecen demostrar en estos organismos la evidencia de respuestas sensoriales complejas, aunque ciertamente la manera en la cual lo hacen, hasta ahora, se desconoce completamente. En cualquier caso, las evidencias empíricas que tenemos hasta la fecha parecen indicar una clara evolución de las emociones y, en general, de las capacidades cognitivas de los seres vivos según su escala evolutiva. En este sentido, son especialmente elocuentes los estudios comparados de desarrollo cerebral entre las distintas especies animales del planeta. Y este desarrollo evolutivo, desde la ameba hasta el ser humano, en último término, se traduce indefectiblemente en una mayor capacidad de conciencia.

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Así pues, retomando la cuestión que se planteaba al inicio del post, la capacidad de conciencia estaría intrínsecamente ligada a nuestra percepción de la realidad que nos rodea. De esta forma se entiende que cuanto mayor sea nuestra consciencia individual, también alcanzaremos un mayor grado de conciencia de nuestra realidad. Esto es, al fin y al cabo, lo que les sucede a los protagonistas de las obras que comentaba al inicio del artículo. A medida que “despiertan su conciencia” se van dando cuenta que la realidad que les envuelve es muy diferente a la que hasta ese momento conocían. No obstante, la “nueva realidad” en ningún momento niega o sustituye a la anterior, sino que simplemente la amplia, la integra y, sobretodo, la trasciende. La realidad virtual de Matrix sigue existiendo a pesar de que Neo consiga liberar su mente de ella…

Una cosa en común que tienen todos estos relatos es la importancia a atender a “la voz interior” que cuestiona la realidad aceptada hasta el momento. A partir de ese instante, los personajes de estas historias deberán tener la valentía de tomar toda una serie de decisiones a menudo a contracorriente de la sociedad o de los propios hábitos  y costumbres (lo que a menudo se conoce como “zona de confort”) que les llevará a emprender acciones totalmente nuevas, rompiendo así  la rutina cotidiana (“los bucles narrativos” que tan gráficamente quedan expuestos en “WestWorld”).

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Lo explicado anteriormente guarda muchas similitudes con la descripción de “el viaje del héroe” que desarrolló el antropólogo Joseph Campbell en su libro “El héroe de las mil caras” (1949) después de estudiar los mitos y leyendas tradicionales de diferentes culturas alrededor del mundo. El trabajo de Campbell ha sido utilizado, sobretodo, a la hora de confeccionar historias de ficción y  guiones cinematográficos (sobretodo para cine de aventuras). En cualquier caso lo que nos plantea este autor es la estructura de un relato en el cuál un personaje “ordinario” recibe algún tipo de “llamada a la acción” por la cual deberá decidir abandonar su mundo conocido para adentrarse en una aventura repleta de incertidumbres, de la cuál finalmente, después de superar diferentes dificultades y obstáculos, deberá regresar trayendo para sí un importante aprendizaje y, también de esta manera, totalmente transformado.

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Finalmente, creo que el tema de la Inteligencia Artificial” es otro de los aspectos a tratar al hablar de la relación entre conciencia y vida. En la ciencia ficción podemos encontrar (además de “WestWorld”) innumerables obras que de forma magistral plantean esta cuestión (“2001”, “Blade Runner”, “A.I. Inteligencia Artificial”, “EVA”, etc.), aunque seguramente nadie como Asimov y su “saga de los Robots”.

En cualquier caso, la pregunta que invariablemente cabe responder siempre es la Robotmisma: ¿si el ser humano llegara a desarrollar artificialmente una inteligencia con plena conciencia de sí misma y de su entorno, deberíamos considerarla como una forma de vida al igual que la nuestra?

Y aunque es un dilema realmente complejo, creo que no será difícil de adivinar por todo lo expuesto en este artículo que personalmente considero que, indudablemente, así debe ser.

Porque, al fin y al cabo, y parafraseando al personaje de Morfeo (Matrix) sobre el concepto de realidad:

“Si estás hablando de lo que puedes sentir, lo que puedes oler, lo que puedes saborear y ver, entonces lo real son simplemente señales eléctricas interpretadas por tu cerebro.”

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Y ahora ya sí, por último y a modo de conclusión, me gustaría añadir que tal vez todo esto guarde a su vez un estrecho vínculo con el mismo concepto de libertad puesto que, en última instancia, ¿qué hacen personajes como “Neo”, “Dolores” o “Truman” sino buscar su liberación individual ante la realidad social que les es manifiesta?

Realidad, conciencia, vida… Matrix, WestWorld, Truman y filosofía.

“El Procés”: Pros y Contras

Hace unos días el president de la Generalitat, el sr. Carles Puigdemont, anunció el próximo 1 de Octubre como la fecha para el referéndum de independencia de Catalunya. Cabe destacar que, de momento, aún no cuenta con una convocatoria “oficial” puesto que presumiblemente, en el momento en que ésta se produzca, será recurrida al Tribunal Constitucional…

En cualquier caso, creo que es un buen momento para hacer un pequeño listado de valoración de las cosas (tanto positivas como negativas), que hasta ahora nos está dejando “el procés” desde que se iniciara allá por el año 2012. Vaya por delante que soy consciente que, debido a la complejidad de este asunto, es muy complicado realizar un resumen de este tipo sin caer en ciertas simplificaciones. Eso, por no hablar de mi propia perspectiva individual que, por mucho que me esfuerce en ser lo más imparcial posible, siempre influirá en la valoración que haga. Aún así, creo que el esfuerzo puede valer la pena.

 

Aspectos Positivos:

– Situar en la agenda de la actualidad el problema no resuelto en la transición respecto las diferentes realidades identitarias y nacionales de la sociedad española (catalana, gallega, vasca…).

– Poner de manifiesto la necesidad imperiosa de regeneración y profundización democrática del conjunto del Estado español, donde la insatisfacción de la población respecto la clase política y, en general, al actual sistema de representación democrática es evidente.

– Agudizar la crisis de los hasta ahora partidos hegemónicos surgidos del denominado “régimen del 78” (PP, PSOE, CiU).

– Aparición de un proyecto colectivo generador de ilusión para gran parte de la sociedad civil catalana, que puede servir también de estímulo para la movilización y el empoderamiento del resto de la sociedad española.

– Colocar en el orden del día la dicotomía entre “legalidad” y “legitimidad” y, por tanto, la conveniencia o no a la desobediencia como forma de resistencia o acción política.

 

Aspectos Negativos:

– Relegar a un segundo plano de la actualidad aspectos tan fundamentales para la vida de las personas como por ejemplo aquellos que tienen que ver con la vivienda, la salud, la educación o los derechos laborales en pos a “un bien superior”.

– Potenciar el efecto “cortina de humo” ante los numerosos casos de corrupción y malas praxis de gran parte de las clases dirigentes, o simplemente ante medidas de privatización o recortes de los servicios públicos o prestaciones sociales.

– Auge en buena parte de la ciudadanía la ideología nacionalista, fomentando así cierto clima de confrontación entre las diferentes realidades culturales que conforman España.

– Difuminar la presencia de otro tipo de movimientos o reivindicaciones sociales.

– Cierta irresponsabilidad de los partidos políticos que, acostumbrados a no decir “toda la verdad”, suelen realizar un relato de la realidad social según sus propios intereses u objetivos particulares y a no tener suficientemente en cuenta la afectación que sus decisiones pueden ocasionar en el conjunto de la población.

 

Pues estas son, a mi entender, las cosas que hasta ahora (además de bastante entretenimiento) nos ha traído “el procés”…

 

Me gustaría acabar este post con una pequeña reflexión final. Existen dos grandes grupos entre los que, como yo, creen que un referéndum vinculante es necesario para solucionar este conflicto: (1) los que apuestan por la vía unilateral y (2) los que creen que es necesario un acuerdo con el Estado para su realización.

Personalmente, estoy convencido que hasta que no haya un acuerdo con el Estado efectivamente todo este proceso no terminará y, por lo tanto, se irá reiniciando de una manera u otra como en un bucle (algunas veces de forma seguida y otras de manera más dilatada en el tiempo, en ocasiones de forma sosegada y en otras con más o menos virulencia).

Ahora bien, también creo que hasta la fecha, en cierto modo, es necesaria la presión ejercen los partidarios de la vía unilateral para que esto llegue a producirse algún día… Esperemos que más pronto que tarde.

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“El Procés”: Pros y Contras