Camino hacia la paz interior

Una idea que de un modo u otro últimamente he ido repitiendo en los últimos posts que he escrito es que nuestra experiencia externa, es decir, lo que nos pasa y, sobretodo, la manera en la que percibimos y gestionamos lo que nos pasa, tiene mucho que ver con nuestro estado interno. Esto, a su vez, conecta directamente con el concepto del “inconsciente”, pues es nuestro inconsciente el que de alguna manera rige nuestro estado de ánimo y, por lo tanto, define nuestra manera de actuar y de comportarnos.

 

sombra inconscienteEl inconsciente está vinculado fundamentalmente con nuestras emociones y regula la realidad que percibimos a modo de filtro. Así pues, a modo de ejemplo, podemos ver que si inconscientemente albergamos algún tipo de temor reprimido en nuestro interior, nuestra vida se verá condicionada indefectiblemente, de alguna manera, por dicho temor sin que, de modo alguno, nos demos cuenta de ello. Es por esta razón por lo que a menudo se vuelve tan fundamental (a través de terapia o de la forma que sea) procurar llevar el inconsciente a la conciencia, así como aprender a aceptar y gestionar las propias emociones.

En cualquier caso, esta vez no quiero hablar tanto del inconsciente en sí, sino de una posible interpretación de la realidad que nos pueda servir de ayuda para poder escapar de la espiral de sufrimiento (o al menos mitigar) a la que durante el transcurso de la vida en ocasiones nos vemos envueltos, de manera más o menos profunda o duradera. Para ello, esta vez no voy a tratar demasiado este asunto desde una perspectiva estrictamente psicológica sino que me gustaría afrontar esta cuestión desde un punto de vista más “trascendente” o “espiritual”, pues muchas de las ideas que a continuación expondré van más allá de lo estrictamente psicológico o racional, por lo que no deben interpretarse en modo alguno como algo “científico” o “comprobado empíricamente”, pero sí como una guía que quizá pueda servirnos de ayuda.

El concepto fundamental que quisiera transmitir es el de la importancia de la asunción de la propia responsabilidad acerca de lo que nos sucede, sea lo que sea. Es decir, tomar completamente las riendas de la propia vida independientemente de cuales sean los factores exteriores en los que nos veamos envueltos. Es decir, asumir completamente nuestra propia responsabilidad acerca de cómo respondemos a los acontecimientos que se nos presentan.

Así pues, en primer lugar, la responsabilidad debemos tomárnosla acerca de la importancia de nuestra actitud personal acerca de la realidad que nos acontece. En este sentido, viene completamente a colación la conocida cita de Viktor Frankl: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”

De esta manera, vemos como por muy negativas que puedan ser las circunstancias que se nos presenten, nuestra actitud al respecto deviene fundamental.

No obstante, volviendo a la idea del principio, si nuestro estado de ánimo (así como nuestras creencias, ideas, preocupaciones, etc.) condiciona en gran medida la manera en la que “vemos” la realidad, ¿no sería posible “cambiar” nuestra manera de ver la realidad modificando nuestro estado interno?

 

Ésta es, a grandes rasgos, la propuesta que nos ofrece “Un curso de milagros”: un cambio de percepción de la realidad. Esta obra, que la podríamos enmarcar dentro del “misticismo cristiano”, parte de la premisa de que la manera en la cual percibimos la realidad es precisamente la fuente que nos genera conflicto y sufrimiento. Por lo tanto, si queremos ser felices y a pesar de nuestro empeño no lo conseguimos, debe ser que nuestra manera de pensar habitual es errónea y que, por lo tanto, deberemos ser capaces de corregirla si queremos abandonar el dolor y alcanzar la paz, pues de ningún otro modo lo conseguiremos. Según “Un curso de milagros” en realidad el mundo exterior carece de verdadera existencia y no es sino una proyección exacta de nuestro estado interno. Así pues, podríamos decir que la realidad es algo parecido a una especie de sueño o “Matrix”, donde las personas, si así lo eligen, tienen la capacidad de “despertar”…

curso de milagrosDe este modo, es esencial que cambiemos la manera que tenemos de contemplar el mundo (basada en los juicios, la desconfianza, la avaricia, el rencor y, sobretodo, el miedo) por una visión basada en el reconocimiento del otro como un igual, el amor y, sobretodo, el perdón incondicional. Para ello, según este libro, es fundamental que alberguemos una actitud de total confianza en Dios o, si se prefiere, en una especie de inteligencia superior intrínseca a la propia vida. Una “inteligencia” que en realidad se alberga en nuestro interior y que es común a todos los seres de la existencia…

Como vemos, la metafísica de esta obra es bastante compleja y no es el objetivo de este artículo entrar a analizarla en profundidad. En cualquier caso, lo que cabe destacar es que desde “Un curso de milagros” lo importante es cambiar el foco de atención de lo exterior a lo interior, especialmente a nuestro estado mental (nuestras creencias y pensamientos). De las circunstancias externas a la experiencia individual. De los demás a uno mismo. Y de esta manera, según este libro, es como finalmente se producen “los milagros”

 

Una manera muy parecida de entender la existencia es la que se postula desde el Ho’oponopono. Si bien desde esta perspectiva no se niega la realidad exterior del mundo, sí que se afirma rotundamente que tenemos responsabilidad directa sobre todas las cosas que nos suceden. Según el Ho’oponopono somos nosotros (eso sí, sin darnos cuenta) los que generamos o atraemos todos los acontecimientos que devienen en nuestra vida.

Según esta sabiduría hawaiana, lo verdaderamente importante es asumir completamente la toma de responsabilidad de lo que nos pasa y, por lo tanto, aceptar que todo lo que se da en nuestra vida (lo bueno y lo malo), depende en último término de nosotros y que su causa se encuentra en lo que desde el Ho’oponopono se conoce como “memorias pasadas” (a pesar de que nosotros no seamos conscientes de ellas). No obstante, según esta tradición en el fondo no importa demasiado (por no decir en absoluto) comprender por qué se producen las cosas, sino que lo fundamental es, simplemente, que nos hagamos responsables de lo que ocurre y que seamos capaces de perdonar – y perdonarnos – por las cosas que nos suceden. De esta manera es como conseguimos “limpiar” lo que sea que existe en nosotros que produce las situaciones que nos afligen. Como vemos, para la práctica del Ho’oponopono es necesario cultivar una actitud de agradecimiento hacia la propia vida y ser capaces de generar una absoluta confianza acerca de nuestro devenir futuro. En esto observamos una clara coincidencia con “Un curso de milagros”.

Existen diferentes maneras de practicar el Ho’oponopono, pero seguramente la más conocida es la de la repetición a modo de mantra de las frases “Lo Siento. Perdóname. Gracias. Te amo” desde una perspectiva de total confianza hacia la vida y sin expectativas de ningún tipo: confiando en que lo que acontezca, no tiene que ser lo que nosotros creemos o deseamos sino simplemente la mejor solución que el destino nos depara para nosotros y también para los demás.

ho oponopono

De nuevo, pues, vemos que desde esta perspectiva el enfoque en la resolución de los conflictos y el sufrimiento se centra una vez más en la actitud de la propia persona y no en el entorno y que la confianza vuelve a ser un requisito fundamental.

 

Por último, quisiera señalar que muchas de estas ideas encajan muy bien con el concepto de “karma” de doctrinas orientales, como por ejemplo el budismo. “Karma” es un término de origen sánscrito que significa “acción”. Con frecuencia, desde nuestra perspectiva occidental solemos asemejar el “karma” a algo así como a un “destino irremediable” (habitualmente con connotaciones negativas). Y si bien esta visión no es completamente errónea, sí que nos puede alejar sobremanera de su verdadero significado. El “karma” lo podríamos resumir como “la ley universal de la causa y efecto”: nuestras acciones generan un tipo de impacto (positivo, negativo o neutro) y según éste, se desprenderán unas determinadas consecuencias para nuestro entorno y para nosotros mismos.

De esta manera, el “dar y recibir” serían acciones que estarían estrechamente ligadas. En realidad, desde un punto de vista estrictamente occidental, este concepto no debería sorprendernos demasiado teniendo en cuenta su semejanza con la famosa tercera ley de Newton, aquella que afirma que “a cada acción siempre se opone una reacción de igual intensidad pero en sentido opuesto”. Seguramente, una de las principales diferencias de nuestra concepción de la física con la teoría del “karma” (y probablemente el elemento que más nos distancia de su aceptación) sea el hecho de que no percibamos los resultados de nuestras acciones de manera inmediata. Sea como fuere, esta razón no significa que los efectos de nuestras acciones no vayan a producir, antes o después, un impacto en nosotros.dharma

En cualquier caso, es muy importante destacar que, desde el punto de vista de las religiones dhármicas, por “acción” no se entiende solamente las acciones físicas que realicemos, sino también nuestras actitudes, hábitos, intenciones y, en definitiva, todo el conjunto de pensamientos y emociones que alberguemos. Así pues, según nuestro estado mental y emocional y nuestro comportamiento en general, generaremos un tipo u otro de “karma”. Y será precisamente este tipo de “karma” el que experimentaremos en nuestra vida cotidiana. Es como un bucle “acción-reacción” que se retro-alimenta continuamente. Esta idea casa muy bien con las “situaciones repetitivas” que a menudo se producen durante nuestra existencia. Es decir aquellas circunstancias (normalmente desagradables) que de alguna manera “misteriosa” o al menos bastante desconcertante para nosotros, se van repitiendo de manera recurrente en el transcurso de nuestra vida sin entender muy bien por qué.

De esta manera, para escapar de nuestro “karma negativo” es necesario que no alimentemos más las causas de nuestro sufrimiento, es decir, que no reaccionemos siempre igual ante aquellas situaciones que nos provocan nuestro malestar… A veces se comprende el “karmacomo una suerte de mensaje o enseñanza necesaria para nosotros que la vida nos muestra una y otra vez hasta que seamos capaces de aceptarlo, comprenderlo o integrarlo.

 

Y ya para finalizar este escrito, más allá de las creencias de cada cuál, quisiera simplemente de nuevo hacer hincapié en la importancia de responsabilizarnos al máximo posible de nosotros mismos, no solamente en lo referido a nuestro comportamiento, sino también de nuestros pensamientos y emociones, como un posible medio de alcanzar una mayor paz interior, independientemente de cuáles sean las situaciones que nos aparezcan. Así pues, al margen de si algunas de las ideas aquí expuestas pudieran ser ciertas o no, lo que parece desde cualquier punto de vista incuestionable es que nuestro estado de ánimo y nuestra actitud personal ante las diferentes circunstancias que se presenten resultan fundamentales. Y que a fin de lograr un enfoque lo más positivo posible en nuestra vida es esencial que seamos capaces de tomar algún tipo de responsabilidad individual ante todo lo que nos sucede.

 

Viktor Frankl.jpg

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