Entrevista a Daniel Gabarró

Conocí a Daniel Gabarró (no personalmente) hace un par o tres de años como oyente del programa “L’Ofici de Viure” de Catalunya Ràdio, en el cual colabora ocasionalmente. La verdad es que, tras escucharlo en diferentes intervenciones en el mismo programa, me di cuenta que “conectaba” bastante bien con su forma de entender la vida. De esta manera, comencé a interesarme de una forma más profunda por su actividad (textos, vídeos, etc.) a través de su página web danielgabarro.com

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En los últimos meses, gracias al proceso participativo en la elaboración de su nuevo libro propuesto por el mismo autor a todos los seguidores de su web, tuve la oportunidad de contribuir aportando mi granito de arena en21 creencias que nos amargan la vida y, aprovechando la ocasión, le propuse personalmente a Daniel Gabarró la idea de realizar una pequeña entrevista para mi Blog, a la que accedió sin ningún tipo de inconveniente.

Así pues, sin más dilación, os dejo con la entrevista y espero que la disfrutéis tanto como yo.

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P Recientemente se ha publicado tu nuevo libro “21 creencias que nos amargan la vida” escrito en colaboración con Nieves Machín. ¿Nos podrías explicar cómo surgió la idea?

DG: Fue algo muy hermoso porque resultó que en un gimnasio de Lleida que se llama EKKE me invitaron para dar una charla (puesto que ellos consideran que hay que cuidar el cuerpo pero también hay que cuidar el alma, el interior, y una vez al mes procuran organizar una charla o actividad que tenga que ver con el autoconocimiento) y entonces me dijeron “habla de lo que te de la gana” y lo les planteé hacer una charla que se titulase “terremoto mental”.  “Terremoto mental” porque les estuve explicando unas cuantas ideas que socialmente parecen ciertas pero que, sin embargo, son falsas y nos hacen sufrir y nos complican nuestra vida.

Tras la charla, que tuvo muy buena acogida y a la que acudieron más de 100 personas, mucha gente me vino a dar las gracias explicándome que nunca habían pensado en lo que les había contado y que realmente al escucharlo se habían dado cuenta de que su vida había estado marcada por una serie de ideas que eran falsas y que les habían hecho sufrir. Y, entonces, de repente tuve la idea. Así que llamé a Nieves Machín, que es la transcriptora de los cursos de de Gerardo Schmedling – un colombiano que murió, si no me equivoco, en el año 2004 – y al que considero uno de mis maestros. Gerardo Schmedling fue una persona muy sabia que dejó gravadas más de 300 o 500 horas de audio (no recuerdo exactamente), y Nieves Machín se dedicó durante 5 años, al salir del trabajo, a transcribirlos. De esta manera, como yo conozco a Nieves y valoro mucho el trabajo que ha hecho de transcripción y sé de su sabiduría, la llamé y le propuse escribir este libro entre los dos, basándonos especialmente en las enseñanzas de Gerardo Schmedling aunque también pudiéramos añadir otras cosas que nosotros mismos hubiésemos experimentado y ella le pareció una idea maravillosa. En resumen, que a partir de una charla nació este libro.

Tengo que decirte, también, que ahora en Enero voy a presentar el libro en este mismo gimnasio, donde tengo pensado dedicar unos 10 o 15 minutos en comentar este libro y el resto de la hora u hora y media, procuraré hablar sobre lo que significa amar y cómo podemos hacerlo de forma sabia, y ofreceré 7 herramientas del amor. La idea es que todo eso, pueda dar lugar a un nuevo libro en colaboración con Nieves Machín.

P En el proceso de elaboración del libro, también has dado la oportunidad de participar a tus seguidores con sus ideas y propuestas de mejora ¿nos puedes explicar cómo ha sido la experiencia?

DG: Ha sido una experiencia extraordinaria porque han participado 947 personas enviándonos correos electrónicos o propuestas en un foro. Al final hemos añadido, aunque no te puedo dar la cifra exacta, más de 200 cambios en el libro (algunos son muy pequeñitos o muy técnicos, como alguna falta ortográfica o algún signo de puntuación mal puesto) pero también alguna cosa de profundidad en el sentido en que había personas que nos alertaban sobre el significado confuso en la utilización de algunas palabras y nos proponían otras, o también sobre párrafos que no se entendían bien del todo y nos proponían alternativas o nos solicitaban ejemplos concretos en algunos apartados para que fuera más sencilla la comprensión… Y al comprobar que había mucha gente que nos decía exactamente lo mismo en algunos puntos, vimos que efectivamente había párrafos que estaban mal escritos, o que podían mejorarse, o que generaban mucha confusión.  Eso nos permitió simplificarlos y clarificarlos.

Como te digo, hemos añadido más de 200 cambios y eso es algo muy hermoso teniendo en cuenta que se trata de un libro  que no llega a las 200 páginas, cosa que quiere decir que, haciendo una media, en cada página como mínimo hay un cambio añadido por alguna de las personas que ha participado y a las cuales les agradecemos muchísimo su participación y, como muestra de ello, les hemos obsequiado con el libro en formato PDF y eBook gratis. En fin, que estamos muy contentos.

 P – En el libro expones claramente que las creencias de una persona condicionarán su actitud ante la vida y, en general, su felicidad.  Ahora bien, ¿cómo crees que estas creencias individuales pueden influir en el conjunto de la sociedad?

DG: Primero deja que haga la siguiente reflexión: las creencias individuales influyen en la actitud de una persona ante la vida y en su felicidad personal. Por ejemplo, si yo creo que un papel que tengo en mi mano es un boleto de lotería que está premiado, mi actitud ante ese papel, mis sentimientos ante ese papel, serán muy distintos a que si yo pienso que ese papel se trata de una multa de tráfico. Por lo tanto, lo que yo pienso marca lo que siento. Y lo que siento marca lo que hago. Así pues, a nivel individual debemos observar con mucha atención cuáles son las creencias que nosotros tenemos y que marcan nuestra vida porque eso va a definir el tono de nuestra felicidad: si estoy mirando el mundo con miedo,  o con odio, o con inseguridad, etc. sentiré una serie de sensaciones o sentimientos que me estimularán una forma determinada de actuar y de relacionarme con los demás que, a su vez, me provocará cada vez albergar menos felicidad.

Así pues, creo que estas creencias influyen muchísimo en el conjunto de la sociedad porque en realidad de lo que estamos hablando es del nivel de conciencia colectivo. Es decir, hay una serie de creencias que están compartidas por muchísimas personas y dichas creencias marcan la forma en cómo es habitual relacionarse en esta sociedad. Por ejemplo, una de las creencias fundamentales de nuestra sociedad es pensar que el Bien y el Mal existen. Y como el Bien y el Mal existen, hay que luchar contra el Mal porque si no luchamos contra él, resulta que finalmente acabará derrotando al Bien. Y esta idea de que nosotros debemos luchar contra el Mal significa que en nuestro interior (sin darnos cuenta y debido a esa creencia) existe la violencia que, a su vez, quiere decir que es inevitable que la sociedad sea violenta.

¿Y por qué? Pues porque la suma de las creencias individuales genera unas creencias colectivas que, a su vez, generan unas formas habituales de conducta que implican unas realidades concretas. Si nuestra sociedad, a nivel individual, hiciera un cambio generalizado en su nivel de conciencia, la suma de esas conciencias individuales darían lugar a un nivel de conciencia colectivo superior y eso daría como resultado una sociedad distinta, más sabia, más amorosa, más tierna. De alguna forma, el nivel de conciencia colectivo es producto de la suma de los niveles de conciencia individuales. Ahora bien, este nivel colectivo de conciencia existe porque, de alguna forma, está condicionado por lo que se enseña en las familias y en las escuelas, lo que se vive en la calle, lo que se consideran normas de buena educación, o lo que se considera “comprensible”. Por poner un ejemplo, en este momento es “comprensible”  y “normal” que si alguien se porta mal haya que castigarlo de alguna manera, hecho que nos lleva, por lo tanto, a una sociedad que entiende las cárceles en un sentido mucho más punitivo de lo que deberían ser en realidad. En definitiva, a avalar la venganza.

De esta manera, vemos que es evidente que las creencias de las personas a nivel individual influyen en el conjunto de la sociedad. Y ninguna sociedad puede actuar más allá de su nivel de conciencia actual. Por lo tanto, quizá lo fundamental sería entender que una de las misiones básicas que en estos momentos debería tener la administración pública, el Estado, sería subir el nivel de conciencia de sus ciudadanos, ya que al hacerlo, además de comportar un mayor nivel de bienestar personal, también traería consigo un mayor bienestar a nivel colectivo en todos los aspectos (económico, científico, etc.). Es decir, hasta ahora hemos considerado que el nivel de conciencia corresponde exclusivamente al ámbito privado o individual, pero posiblemente debemos empezar a pensar que en verdad se trata de un tema de interés colectivo y, en este sentido, el Estado y las administraciones públicas deberían empezar a plantearse la manera en cómo incrementar este nivel de conciencia y, en definitiva, cómo cambiar las creencias falsas de la sociedad para que tengamos creencias sabias.

P – Por último, ¿te atreves a dar un consejo genérico para todas aquellas personas que sienten la necesidad interna de mejorar de algún modo su vida, de ser más felices, pero que no saben por dónde comenzar?

DG: Yo les animaría a comenzar a leer este mismo libro de “Las 21 creencias que nos amargan la vida” y, sobretodo, a empezar a hacer trabajo de autoconocimiento, ya que una vez que yo me voy conociendo, me doy cuenta que gran parte de mi sufrimiento (por no decir la totalidad de mi sufrimiento) es optativo. El dolor, entendido como algo físico, es inevitable. En cambio el sufrimiento, entendido como algo psicológico, es optativo.

El sufrimiento (psicológico) aparece cuando no soy capaz de comprender el significado de lo que ocurre. Porque todo lo que ocurre tiene siempre causas, y en tanto que tiene causas es comprensible, y en tanto que es comprensible no puedo oponerme a ello. Por lo tanto, para cualquier persona que quiera mejorar de algún modo su vida pero no sepa por dónde empezar, autoconocimiento. Sin ningún tipo de duda.

Tal vez, yo recomendaría a un gran maestro que es Antonio Blay y su libro “SER. Curso de Psicología de la Autorrealización” o empezaría por los libros de Anthony de Mello, o quizá otros… En cualquier caso, buscaría por ahí hasta que encontrase un camino que resonase en mi corazón y entonces me implicase, porque uno de los problemas que tenemos, creo yo, es que las personas van cambiando y leyendo de un autor a otro, y van de un curso a otro y de un taller a otro… Pero no se implican. Y en realidad lo que necesitamos es encontrar un camino que llame nuestro corazón e implicarnos en ese camino, profunda e intensamente.

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