Poder y Responsabilidad Individual

Que el mundo en el cuál vivimos está bastante jodido, es algo que más o menos la mayoría de personas tenemos presente. Lo cierto, es que en el anterior post ya dediqué unas breves reflexiones sobre este tema, así pues prefiero dedicar este artículo a nuestra responsabilidad como individuos respecto la sociedad en la cual vivimos. De hecho, ante esta realidad sombría que a menudo se nos presenta la mayoría de nosotros acostumbramos a mostrar una actitud bastante pasiva. Habitualmente, tendemos a culpabilizar a los demás (políticos, banqueros, empresarios, etc.) de las desgracias y peligros que nos acechan mientras miramos las noticias de la tele desde nuestro sofá, sin hacer absolutamente nada al respecto, más allá de esperar agazapados que a nosotros no nos afecte todo esto demasiado.

¡Y ni qué decir tiene que las personas de poder que con sus decisiones desde sus despachos realmente moldean el devenir colectivo tienen una responsabilidad enorme respecto la sociedad a la que pertenecen! Decisiones que, por desgracia, a menudo denotan un egoísmo y una irresponsabilidad alarmante. No obstante, pienso que en muchas ocasiones la pasividad de la mayoría de la ciudadanía no ayuda a solventar esta situación, sino al contrario, más bien ayuda a perpetuarla e incluso a potenciarla.

Así pues, creo que nos somos del todo conscientes de nuestra responsabilidad individual respecto al conjunto de la sociedad. E incluso me atrevería a hablar del enorme poder que podemos llegar ejercer como individuos para influir positivamente en la realidad de la cuál formamos parte. Nuestros deseos y anhelos de un mundo mejor jamás se materializarán por sí solos, si no ponemos un poquito de nuestra parte. La vida no se trata de ir mirando unos boletos de lotería de vez en cuando para ver si nos ha tocado “el gordo” y, si no, pues nada. Así pues, siguiendo la idea de los “postulados de poder” de Michel Foucault – según la cual el poder no es algo perteneciente a un grupo reducido de humanos o instituciones, ni tampoco algo que pueda adquirirse, conquistarse o aprenderse sino que simplemente se corresponde con  aquellas acciones que se ejercen desde la total libertad individual con tal de obtener un resultado determinado – es hora de que las personas tomemos las riendas de nuestra propia vida y de que decidamos en qué tipo de mundo queremos vivir. De este modo, para hacer efectiva nuestra influencia positiva en la sociedad resulta imprescindible la implicación y el compromiso personal derivados de mantener un estado de coherencia entre nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones. Y esta coherencia sirve exactamente igual para ayudar a una transformación social, como para la búsqueda de un propósito vital individual o mantener un estado de serenidad interior con uno mismo.

No es la primera vez que escribo sobre este asunto. De hecho, cuando empecé con este Blog publiqué varios posts en esta misma dirección. Así que para no extenderme demasiado, a quien pueda interesarle puede consultarlos en los siguientes enlaces: el cambio y el cambio (II). No obstante, sí que me gustaría en este artículo lanzar algunas pequeñas reflexiones por si sirven de ayuda sobre la manera en la que actuamos en la sociedad:

  • Nos quejamos del gobierno pero… ¿a qué partidos políticos votamos?
  • Nos quejamos de los bancos pero… ¿a qué bancos confiamos nuestro dinero?
  • Nos quejamos de las multinacionales… ¿pero a qué empresas o marcas compramos?
  • Nos quejamos del medio ambiente… ¿pero qué medidas tomamos para evitar ejercer un impacto negativo en él?
  • Nos quejamos de la actual falta de valores en la sociedad… ¿pero nos preocupa la clase de educación que reciben los niños y jóvenes?
  • Nos quejamos de cómo está el mundo… ¿pero qué hacemos nosotros para mejorarlo?

 

Cabe recordar que en la actualidad existe todo un abanico de posibilidades diferentes a las convencionales como por ejemplo la banca ética, las cooperativas de energía renovable, los productos ecológicos  y/o de comercio justo, etc. que constituyen opciones fácilmente a nuestro alcance para que nuestra influencia en el mundo se traduzca en términos positivos y se potencie una nueva manera de entender las relaciones entre los seres humanos.

Y sobre todo, es importante tener presente que lo único que indefectiblemente podemos controlar es lo que nosotros individualmente hagamos. Ahí reside nuestro poder y es irresponsable eludirlo: en primer lugar, por nosotros mismos, porque tiene que ver con nuestro camino de realización personal; y en segundo lugar, por los otros, porque nuestras acciones tienen afectación sobre el resto. Y ser conscientes de que nuestro comportamiento también puede servir de ejemplo (o al menos de posibilidad) para el de los demás. Y que cuanto mayor sea el número de personas dispuestas a comprometerse de esta manera, mayor será el impacto en pos de una sociedad mejor.

Me gustaría acabar este artículo compartiendo una excepcional conferencia de Joan Antoni Melé sobre el sentido de la vida que, entre otras muchas cosas interesantes, trata de manera genial todo este asunto:

 

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