La sombra

A veces ocurre que nos sobreviene una situación, tal vez inesperada, otras veces límite, en ocasiones urgente o desesperada, que nos descubre a nosotros mismos de una manera que jamás antes hubiéramos ni siquiera concebido, como un espejo que nos devuelve una imagen sobre nosotros totalmente nueva, que no reconocemos.

Durante nuestro proceso normal de desarrollo, a partir de nuestros recuerdos y nuestra historia de vida particular, generamos en nuestra mente una auto-imagen que engloba todas aquellas características y conceptos que asociamos con nuestra identidad personal. En este proceso, no cabe decir que la familia, la cultura y la sociedad en general devienen elementos fundamentales. Así pues, comúnmente dependiendo de nuestra propia idea del “Yo”, generada a través de la experiencia, nos relacionaremos con el mundo (y con nosotros mismos) de un modo u otro.

Pero como decía al principio, a veces un sólo instante es suficiente para hacer añicos toda esta enorme construcción mental que hemos elaborado acerca de nosotros mismos y descubrirnos de una  manera totalmente nueva, produciéndonos un enorme desconcierto interior.

Freud fue pionero al proponer que, por debajo del umbral de nuestra conciencia, en realidad se mueve un vasto espacio psíquico generado en su nivel más esencial por impulsos instintivos de supervivencia (especialmente sexuales) que, en última instancia, se corresponderían con las verdaderas causas de nuestro comportamiento. No obstante, fue sin duda, Carl Gustav Jung quien supo darle al inconsciente una explicación que relacionara la evolución del ser humano con un sentido o propósito vital mucho más profundo. Para Jung, al igual que la materia se puede dividir cada vez en partículas más pequeñas, también la psique puede dividirse en elementos cada vez más esenciales. A estas unidades básicas las denominó “arquetipos” y se albergan en el inconsciente y, de la misma manera que los procesos mentales conscientes como la atención, el cálculo o la memoria son comunes en todas las personas (independientemente de la época, el lugar o cualquier otra consideración), los arquetipos también lo son. De esta idea surge la conocida expresión de “inconsciente colectivo”.

Ahora bien, de entre todos los arquetipos comunes en los seres humanos, quizás el de la sombra resulta ser el más interesante. O, al menos, podemos considerarlo el primer gran paso que debemos dar en el camino del autoconocimiento. Podemos describir la sombra como todo aquello que conforma nuestro ser y que, por alguna razón, hemos rechazado o no aceptamos. Podríamos incluso afirmar que todo el complejo mecanismo de represión del inconsciente freudiano queda concentrado en el concepto de la sombra junguiano. A menudo, para explicar la sombra se citan las obras literarias de “El retrato de Dorian Gray” o “El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hide”. Personalmente, creo que se trata de ejemplos apropiados, pues ambas obras expresan de manera metafórica la disociación de la personalidad en el individuo. Ahora bien, es muy importante señalar que la sombra no tiene porque sólo albergar aquellas características  que podríamos denominar “negativas”, sino al contrario, es muy probable que también esconda atributos personales que podríamos considerar como “positivos” pero que, por alguna razón, no hemos sido capaces de integrar en nuestro ser (quizás debido a la presión social, quizás por temor a reprobación familiar, tal vez condicionados por nuestra educación, etc.). Asimismo, a menudo resulta delicado diferenciar entre características “positivas” o “negativas” en la personalidad. Por ejemplo, ¿tener un temperamento fuerte es bueno o malo?, ¿y una alta sensibilidad? Parece que no existen respuestas absolutamente cerradas a estas cuestiones, pues las circunstancias bajo las cuales florezcan tales atributos en la persona devienen fundamentales.

Ahora bien, cabe reconocer que en la sombra se engloba en gran parte todo aquello que se considera el lado más miserable del ser humano: la envidia, los celos, el egoísmo, la violencia, etc. De esta manera, es interesante observar como a menudo nos sobresaltamos cuando detectamos alguna de estas características en los demás, al tiempo que somos incapaces de reconocerlas en nosotros mismos. Esto es lo que coloquialmente expresamos cuando decimos “mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”. A este fenómeno, Jung lo denominó con el nombre de “proyección”. Una de las maneras en las que la proyección suele ponerse de manifiesto resulta cuando la conducta de alguien nos enerva o enfada especialmente, mientras que en realidad las circunstancias objetivas no justificarían en modo alguno nuestra animadversión hacia tal persona en cuestión.

Con todo, la idea fundamental que me gustaría expresar en este post es la importancia de la integración de la sombra en nuestro ser. O dicho de otra manera, la aceptación de que también albergamos una parte oscura. En verdad, al aceptar nuestras debilidades, lejos de volvernos más perversos, cada vez nos hacemos más humanos y adquirimos una mayor destreza a la hora de controlar (o, al menos, de saber actuar) ante nuestros impulsos o emociones inconscientes, puesto que el primer gesto a la hora de abordar con éxito una situación conflictiva cualquiera es sabiéndola reconocer. De este modo, al descubrir nuestra sombra personal, el inconsciente se torna cada vez más consciente, y esto a su vez, además de otorgarnos un mayor autoconocimiento, nos hace ser más humildes y, por tanto, nos convertimos en seres mucho más tolerantes a la hora de juzgar las actitudes y comportamientos de los demás, pues somos capaces de reconocernos en el otro, incluso en sus miserias.

 “Humano soy y nada de lo humano me es ajeno”

(Terencio)

sombra

 

 

 

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Un comentario en “La sombra

  1. […] Carl G. Jung  habla de “individuación” para hacer referencia al proceso de autorrealización del ser humano a lo largo de la vida, es decir, del camino de desarrollo personal que nos lleva a ser verdaderamente nosotros mismos. Para ello, es necesario trascender nuestros conflictos internos existenciales y ser capaces de integrar en nuestro ser nuestra parte inconsciente, nuestra sombra. […]

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