¿Qué es el Yoga?

Conocí el Yoga hace unos 8 años aproximadamente, casi por casualidad y atraído por la curiosidad. Y también por una especie de necesidad de darle cierto impulso diferente a mi vida. En aquel entonces, recuerdo que lo relacionaba con algo que tenía que ver con el ejercicio físico pero también con algo más espiritual… Y lo cierto es que mi concepción del Yoga ha evolucionado bastante desde entonces aunque, en realidad, cabe reconocer que en esencia no estaba equivocado.

Hoy en día, la mayoría de gente tiene diferentes ideas vagas acerca del Yoga. Por una parte, abundan las personas que lo relacionan con una especie de actividad física ligera. También aquellas que piensan que se trata de una disciplina que consiste en ejercer complicadas posturas físicas, propias casi de contorsionistas. Las hay que opinan que se trata de un seguido de técnicas de relajación mental y corporal. Y también, las que lo relacionan con una especie de disciplina religiosa de corte oriental. Pues bien, a pesar de que cabe reconocer que en realidad todas estas creencias son bastante ciertas, también es verdad que se tratan de ideas muy vagas e incompletas.

El Yoga tiene sus raíces en la India y se remonta a unos cuantos miles de años atrás en el tiempo, a pesar de que en Occidente empieza a hacerse popular durante la segunda mitad del siglo XX, a partir de los años 60 más o menos. Ciertamente, su origen es religioso pues ya aparece como concepto en el Bhagavad Gita y en las Upanishad (los textos sagrados hinduistas) y, por lo tanto, su práctica es habitual en el hinduismo y, también, en el budismo. Más adelante, no obstante, más o menos entre los siglos V y III anteriores a nuestra Era (a través de lo que se conoce como los Yoga Sutras de Patanjali) el Yoga se emancipará -por así decirlo- y constituirá por sí mismo una disciplina.

La palabra Yoga es de origen sánscrito y, aunque existen varias interpretaciones, comúnmente este término se traduce como “Unión”. Así pues el objetivo del Yoga es la unión del individuo consigo mismo y también con el conjunto del cosmos. Es decir, por un lado la unión de Cuerpo y Mente (o si se prefiere la integración o harmonía de Cuerpo – Emoción – Pensamiento – Espíritu) y, por otro, la unión del individuo con el resto de seres humanos y, por extensión, con el conjunto del universo. Así pues, podemos englobar el Yoga dentro de la perspectiva filosófica de la “no dualidad”.

En nuestras sociedades, cuando nos referimos al Yoga en realidad estamos haciendo referencia únicamente a una de las diferentes técnicas o disciplinas de Yoga que existen. Más concretamente a aquella conocida como “Hatha Yoga”. Es decir, aquella técnica donde el ejercicio corporal es primordial. Ciertamente, existen otras técnicas de Yoga físico, como por ejemplo el “Kundalini”, pero sin lugar a dudas, la más extendida en Occidente es la “Hatha”. Ahora bien, como decía anteriormente, es importante señalar que existen diferentes vías o caminos del Yoga. De hecho, por ejemplo, existen disciplinas de Yoga donde el ejercicio físico es inexistente o mínimo y donde la práctica se basa en la meditación o la introspección profunda, o incluso otras en las cuales se entiende la práctica del Yoga desde la acción desinteresada o altruista (lo que aquí, por ejemplo, conoceríamos como “voluntariado”).

En cualquier caso, centrándonos en el Hatha Yoga, podemos definirlo como la realización totalmente consciente de determinadas posturas físicas (asanas), habitualmente combinadas con ejercicios de control sobre la propia respiración (pranayamas) y, en ocasiones, con actividades de relajación o concentración (a través de por ejemplo, la recitación de mantras). El objetivo de todo ello es (además de los beneficios físicos que se derivan) alcanzar a través del cuerpo una profunda relajación de nuestro sistema de pensamientos y emociones, y obtener un estado meditativo consistente en la calma y la atención plena en el ahora.

Según el Yoga, la atención continuada en el momento presente lleva consigo la iluminación, es decir, la consecución de un profundo conocimiento acerca de uno mismo y de la propia realidad de la vida. Es decir, la “Unión”.

Particularmente, además de constituír una manera muy conveniente de mantener un estado de forma lo más saludable posible, considero el Yoga como uno de los posibles caminos que llevan al autoconocimiento. Ahora bien, el Yoga es individual y único. No existen diferentes niveles, ni años que cursar para conseguir un determinado conocimiento o obtener un título específico, ni cinturones Dan, ni nada que se parezca a todo eso. El Yoga es sólo una experiencia personal. Por tanto, cada cual hace del Yoga lo que quiere y puede profundizar más o menos según conveniencia… El Yoga sólo sirve a modo de inercia, de empuje, de estímulo, tal vez de señal. Pero la práctica del Yoga por sí misma no enseña nada, pues no tiene nada que enseñar, ya que, en última instancia, el profesor es solamente un guía y el individuo es su propio maestro.

El Yoga, al final, sólo invita al que lo practica a ir un poco más allá.

Enlightenment in nature

 

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