Acerca del deseo

Hoy me gustaría escribir acerca de un término que en muchas ocasiones se puede prestar a interpretaciones totalmente contrapuestas en el camino hacia la autorrealización del ser humano. Y es que, según mi punto de vista, esto no se debe tanto al hecho de que realmente pueda existir alguna contradicción según los diferentes enfoques, sino más bien a que acostumbramos a interpretar de la misma manera el significado de esta palabra en contextos muy diferentes. Me estoy refiriendo al concepto de “deseo”.

Tomando por caso la tradición oriental, por ejemplo el budismo, el deseo es la raíz del sufrimiento humano y, por tanto, algo que cualquier persona debe mitigar al máximo para alcanzar la paz interior. Sin embargo, desde otras perspectivas diferentes como por ejemplo el PNL o el “coaching”, el deseo se entiende como precisamente el motor fundamental en el bienestar de los individuos. Asimismo, distintas concepciones filosóficas y psicológicas, como por ejemplo la psicología humanista o la psicología transpersonal, comprenden el deseo como una especie de estado natural y necesario en la evolución normal del ser humano. Por lo tanto, desde esta dicotomía, la pregunta es obvia: ¿el deseo es la causa por la cual no logramos la felicidad o, por el contrario, es el camino que debemos seguir para alcanzarla?

Así pues, en las raíces mismas del budismo nos encontramos con lo que se conoce como las cuatro nobles verdades. Estas verdades son las siguientes:

  1. La vida es sufrimiento.
  2. La causa del sufrimiento es el deseo.
  3. Eliminando el deseo cesa el sufrimiento.
  4. Existe un camino para el cese del sufrimiento (el “óctuple sendero”).

Es muy importante tener en cuenta el significado que el budismo otorga a las palabras para entender bien lo que desprende de sus enseñanzas. De este modo, cabe entender “sufrimiento” como todo aquello que nos provoca angustia, preocupación, irritabilidad o cualquier tipo de insatisfacción en general, y no exclusivamente como aquello que nos pueda provocar un dolor físico o mental como por ejemplo la enfermedad o cualquier otro suceso trágico (que también). Así entendido, cabe reconocer que efectivamente la vida está repleta de diferentes momentos que nos provocan sufrimiento. Respecto al “deseo”, el budismo lo entiende más bien como “apego” o “aferramiento” y también, según el caso, como aquello que nos empuja hacia la “ambición”, la “codicia” o la “avaricia”. Si reflexionamos sobre ello, podemos llegar a la conclusión de que efectivamente el egoísmo del ser humano (hacia lo que ya se posee o hacia lo que se anhela) es la causa fundamental de su insatisfacción personal. Finalmente, el budismo afirma que la manera para alcanzar la “iluminación” o el estado de “nirvana”, es decir, el auténtico bienestar espiritual de la persona acontece poniendo fin a la concepción ególatra del mundo y señala la manera de cómo conseguirlo… Aunque para hablar de ello deberíamos ya adentrarnos plenamente en la doctrina budista.

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Por otro lado, desde un punto de vista más occidental, poniendo por caso por ejemplo la psicología humanista, podemos entender el término “deseo” como una especie de “motivación” que se da de manera genuina y espontánea en la persona o, mejor aún, como una suerte de “necesidad” vital del ser humano que aparece de manera natural.

En este sentido, creo que queda perfectamente ejemplificado el significado siguiendo la orientación ofrecida en “la pirámide de necesidades” de Maslow, según la cual las personas consiguen evolucionar en la medida en que logran satisfacer sus necesidades, desde aquellas más básicas, como las fisiológicas, hasta alcanzar las más elevadas, es decir, aquellas que conforman su sentido del ser.

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Desde esta perspectiva, podemos observar como la correcta satisfacción de las necesidades son algo intrínseco y completamente necesario en la evolución de la conciencia del ser humano. Ahora bien, cabe aclarar que en el momento en que quedan cubiertas las necesidades de un nivel determinado (por ejemplo el fisiológico) no tiene mucho sentido que las personas continuemos estancados en dicho nivel intentando seguir dando respuesta a dichas necesidades, pues no sólo no conseguiríamos aportar mayor felicidad sino que, muy probablemente, causaríamos el efecto contrario.

Por último, simplemente señalar que, teniendo en cuenta autores como Ken Wilber, podríamos señalar niveles “espirituales” en el desarrollo de la conciencia humana más allá del nivel de la “autorrealización”. Aquí seguramente, se entrelazaría aún más si cabe el concepto de “deseo” entre ambas perspectivas, otorgándole aún más consistencia si cabe.

En definitiva, creo que a la hora de abordar nuestros deseos y saber cómo darles respuesta, debemos alejarnos tanto de la inacción como de la acción desmedida. Es decir, a la hora de hacer una adecuada valoración de cualquier deseo que experimentemos, debemos tomarnos el tiempo suficiente para ser capaces de discernir si realmente es algo que nace de una necesidad interior propia o, por el contrario, simplemente es algo que surge fruto de nuestros miedos, envidias, obsesiones o caprichos. Seguramente, a partir de allí, obtengamos la respuesta a nuestros deseos y seremos capaces de actuar en consecuencia.

 

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