Tao Te Ching

Me gustaría empezar este post sobre la utilidad de las enseñanzas del Tao en nuestra vida cotidiana haciendo una breve introducción respecto a los orígenes del taoísmo:

El “Tao Te Ching” es una pequeña obra de unos 2.500 años de antigüedad atribuida al maestro chino Lao Tse (a veces conocido como Lao Tzu), con la que se ha convenido dar origen al sistema filosófico conocido como “taoísmo”. Y aunque lo cierto es que encontramos elementos del pensamiento taoísta (quizás el más evidente es el Yin-Yang) en escritos anteriores, como por ejemplo en el “I-Ching” o “Libro de las mutaciones”, es en el “Tao Te Ching” donde se refleja una síntesis de todo esta sabiduría tradicional milenaria y, a la vez, dónde ésta se expresa con mayor relevancia. Sin lugar a dudas, podemos afirmar que el taoísmo y el confucianismo conforman los dos grandes sistemas filosóficos clásicos de la antigua China, y en el caso del taoísmo es, sin dudas, el “Tao Te Ching” su principal obra de referencia. Hay quienes ven el taoísmo como una suerte de religión. Y si bien no existe propiamente una religión taoísta, sí que es cierto que comparte multitud de similitudes con el hinduismo o el budismo. En este sentido, creo que existe un gran paralelismo del taoísmo con el Yoga, pues ambas disciplinas se desmarcan totalmente de cualquier clase de organización religiosa, pero al tiempo, son evidentes las similitudes compartidas con las religiones orientales respecto a la cosmovisión del mundo y del ser humano. Aunque siendo rigurosos, en verdad, el Tao no deberíamos ni siquiera considerarlo una disciplina… Y ni tan siquiera un sistema de pensamiento sino más bien una manera de vivir. El Tao simplemente es. “El Tao que puede ser expresado no es el Tao eterno”.

Así pues, según mi criterio, estos serían los principales puntos que nos señala el Tao para nuestra vida:

  • Todos formamos parte de la misma esencia o naturaleza. Por lo tanto, no existe mejor ni peor. Los términos opuestos se definen mutuamente, y sin uno no puede existir el otro. En el equilibrio de los opuestos, en la no-lucha, reside la paz auténtica.
  • La aceptación del instante presente. Sin juzgar, sin categorizar, sin etiquetas de ningún tipo. Lo que sucede es lo único real que pasa y la única oportunidad que tenemos para experimentarlo, de sentir la propia vida. Es absurdo negar o ir en contra de lo que ya está ocurriendo.
  • El goce por vivir. La vida es cambio. Vivir implica morir, impermanencia, y ser consciente del fluir de la propia vida es una experiencia de plenitud por sí misma. Nosotros somos el cambio constante y somos la vida misma.
  • Alinearse con el propio movimiento vital, con las circunstancias que te rodean y las situaciones que se dan. Desde la honestidad y la integridad, sin que la voluntad propia se convierta en un obstáculo para uno mismo y los demás. La acción y el pensamiento adecuado siempre surgen desde la espontaneidad y de manera alineada con el presente.

 

yin-yang

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