Naturaleza sutil

equilibrioExiste una especie de brújula interior que a menudo descuidamos a la hora de desenvolvernos por el mundo. Se trata de algo que, quizá está un paso más allá de nuestros sentimientos, algo de naturaleza sutil. Una cosa que no llega a manifestarse con claridad pero que se encuentra detrás de cualquier pensamiento, emoción, o comportamiento que podamos experimentar y que, al final reconocemos en nosotros bajo una sensación básica, pero constante y fundamental, de bienestar o desasosiego. Esta sensación en última instancia es la responsable de hacernos sentir bien o mal con nosotros mismos. Las emociones se manifiestan intensamente al momento pero, al poco, se desvanecen y, en cambio, la sensación a la que me refiero, aunque bajo una intensidad aparentemente débil, permanece latente en nosotros. Se trata de un indicador que nos dice si estamos alineados con nosotros mismos o no, o dicho de otra manera, si existe una coherencia entre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones o, si en realidad, no existe. Y en caso de que así sea, si esta coherencia está en conexión con nuestro sentido más profundo del ser.

Y es que saber equilibrar emociones con pensamientos y acciones es imprescindible  para evitar contradicciones personales y multitud de conflictos internos. La coherencia es algo fundamental si queremos vivir con plenitud, honestidad y responsabilidad nuestra vida y para conseguirlo es imprescindible sabernos escuchar, comprendernos y actuar en consecuencia.

Todo ello, si bien necesario, no es suficiente para armonizar completamente nuestra vida. Más allá de esto, es imprescindible observar si esta coherencia para con nosotros (en caso de producirse), finalmente, nos proporciona un sentido genuino de felicidad, de crecimiento, de expansión, de plenitud, de serenidad, de paz… O si, por el contrario, nos continúa induciendo hacia la incomodidad, la insatisfacción, la intranquilidad, el sufrimiento, etc. porque de ser así, es decir, si aún creyendo integrar relativamente bien nuestras acciones, con nuestro razonamiento y nuestras emociones, no conseguimos sentirnos bien con nosotros mismos, es probable que nuestra coherencia subjetiva se encuentre desajustada respecto aquello esencial capaz de ofrecernos un propósito en la vida, entendiendo la vida desde una perspectiva mucho más holística de lo que lo hacemos habitualmente. Entendiéndola, como algo inherente a nosotros como todo y parte a la vez, como una melodía dentro de una canción.

Pienso que dicha sensación se trata de algo así como una suerte de guía que tiene mucho que ver con nuestro sistema primitivo y natural, con nuestro inconsciente y nuestras intuiciones, más allá de las palabras y de la comprensión estrictamente racional, y que además suele ofrecernos una respuesta bastante eficaz y rápida sobre todo aquello que nos sucede. Y si finalmente percibimos que no estamos correctamente alineados, seguramente es que nos estamos equivocando en algo y debemos de nuevo pararnos a escuchar, a comprender y, probablemente, cambiar. Y quizá las modificaciones que nos convenga realizar no recaigan tanto a nuestro juicios o sentimientos, sino sobre nuestra manera de percibir…

En cualquier caso, creo que es bueno que confiemos y nos dejemos llevar por este indicador vital, aún sin saber o entender exactamente adónde nos conduce, al igual que el agua se deja llevar por la corriente de un río.

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