En positivo

Cada vez estoy más convencido que uno de los errores más flagrantes que a menudo cometemos es dejarnos arrastrar por la inercia de la auto-defensa o la confrontación cuando nos sentimos atacados por alguna razón. A veces nuestra crispación se produce simplemente al oír una idea que no nos gusta, otras veces es por la actitud de alguien que nos molesta, a veces por la decisión que adopta una persona sobre una cuestión determinada con la que no estamos de acuerdo por algo y así un larguísimo etcétera.

Por supuesto, en este terreno se incluye cualquiera que sea la acción e individuo que nos produce nuestra sensación subjetiva de malestar, independientemente de que acontezca en nuestras relaciones más directas y personales (relaciones familiares, amistades, conocidos, compañeros de trabajo, etc) o, por si el contrario, tenga lugar en ámbitos mucho más extensos de nuestro particular sistema social (dirección de empresa, instituciones públicas, los políticos, etc.)

El hecho es que, con frecuencia, cuando percibimos una contradicción o disonancia entre nuestra creencia y la de los demás, la asociamos inmediatamente a algún tipo de ataque personal hacia nosotros. Así pues, reaccionaremos según los parámetros lógicos de respuesta a una agresión, es decir, de algún modo, entraremos en lucha con el otro… O decidiremos emprender la huida si lo valoramos lo más prudente, aún asumiendo nuestra derrota.

Creo que esta forma de actuar es equivocada y, finalmente, no nos aporta nada de bueno. Debemos hacer un esfuerzo (aunque en ocasiones cueste) para ver las cosas desde una perspectiva diferente, contemplando la posibilidad de que podamos estar equivocados en nuestra interpretación de la realidad y de que quizá lo que nosotros estemos percibiendo como un ataque, en realidad no sea tal. E incluso cuando objetivamente podamos afirmar que realmente hay motivos para el enojo, es positivo valorar en todo momento si las medidas que podamos adoptar al respecto van a contribuir al entendimiento, o cuanto menos, a disminuir la tensión. Si no es así, probablemente no valgan la pena. Ahora bien, en cualquier caso, es importante siempre estar dispuesto en la medida de lo posible a empatizar con el otro y a ofrecer una respuesta asertiva que evite que nos dejemos llevar por inercias innecesarias que no llevan a ninguna parte.

Lo que pensemos, hagamos y digamos, si es en positivo, mucho mejor.

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