¿Podemos?

Los numerosos casos de corrupción institucionalizada, las aberrantes cifras de desempleo, la precariedad laboral, el aumento de la pobreza y la desigualdad social, los recortes en prestaciones sociales, sanidad, educación…

Desde que, allá por el año 2008, estalló la burbuja inmoviliaria y crediticia a causa fundamentalmente de la vorágine de la especulación financiera, la crisis económica ha hecho estragos en nuestra sociedad entre los más desfavorecidos y las clases medias. Por su parte, las medidas que ha adpotado nuestro gobierno para frenar esta crisis, a menudo en connivencia con los postulados de la troika, no han hecho sino acrecentar en muchos casos sus desastrosas consecuencias y/o indignar aún más a la ciudadanía, como por ejemplo ha ocurrido con la desregularización del mercado laboral o con el rescate multimillonario de determinadas entidades financieras con dinero público.

Como consecuencia de todo ello, en mayo de 2011 hubo una espectacular respuesta social en forma de espontáneas acampadas de protesta en las principales plazas del país. Fue lo que se denominó el movimiento de los indignados o 15M.

Entre los eslóganes que popularizó enormemente el 15M destacaría los siguientes:

“No somos MERCANCÍAS en manos de políticos y banqueros”.

“Le llaman democracia y no lo es”.

Y aunque desde entonces hasta ahora ha llovido lo suyo, no podemos obviar el nexo de unión que existe entre el fenómeno de “Podemos” y todo lo expuesto anteriormente, pues en cierta manera, configura un mismo relato.

podemos

Podemos, a su vez, ha conseguido popularizar el concepto de casta para describir a los responsables de la delicada situación social del país. Casta se refiere a las oligarquías dominantes, a las élites financieras, a las multinacionales que controlan el mercado, a los grandes especuladores bursátiles, a los partidos políticos responsables del gobierno de los últimos tiempos… Es decir, a los poderes que han configurado nuestro sistema tal y como lo hemos conocido. O dicho en un lenguaje más planero, el concepto casta serviría para delimitar la línea que separa “a los de arriba de los de abajo”.

Desde el éxito en las elecciones al parlamento europeo en mayo de este mismo año (con más de 1.200.000 votos varios meses después de su creación) el auge de Podemos no ha parado de aumentar, llegando en la actualidad, incluso, a ser la primera fuerza política en intención directa de voto según algunas encuestas.

Así las cosas, son numerosas las voces pro-establishment que intentan desacreditar o que, directamente, se alzan en contra de este nuevo partido político desde todas las esferas posibles, si bien es cierto que de momento sus críticas no parecen tener demasiado calado entre los ciudadanos.

Ahora bien, soy de la opinión que, si bien es cierto, que es absolutamente necesario y casi imprescindible la llegada de una ola de aire nuevo a nuestro país, creo que no es menos cierto que la hipotética irrupción de Podemos en el gobierno del Estado no sería suficiente para lograr una verdadera transformación social.

Pienso que ahora mismo existe una gran parte de la población española que se siente defraudada, estafada, ignorada, indignada, abandonada o cabreada con la clase política y que, en buena medida, representan un porcentaje elevado de los posibles votantes de Podemos. Es decir, que la formación de Pablo Iglesias ha sabido conectar con el descontento generalizado de la sociedad. La parte negativa de todo esto es que el voto de castigo que en la actualidad representa Podemos, creo que no basta para iniciar las medidas necesarias a favor de una sociedad diferente si no se acompaña de una verdadera concienciación social de la población. Es decir, ¿queremos realmente una sociedad nueva o simplemente volver a la situación anterior a 2008? ¿somos capaces de hacer una autocrítica como sociedad sobre nuestro grado de responsabilidad en la actual crisis y de los cambios que serían necesarios para no volver a repetir los errores? ¿creemos que es posible una verdadera transformación social sin que tengamos ningún tipo de implicación personal en ello? ¿estamos preparados para desafíar o resistir a los poderes dominantes y, a la vez, ofrecer al mundo otra manera de hacer las cosas?

La propuesta de cambio está sobre la mesa. Ahora falta tener la valentía de ponerla en práctica, pues de lo contrario se corre el peligro de que vaya desinflándose peligrosamente por el camino y al llegar a la meta nos encontremos con una caricatura de lo que pudo haber sido. Sea como fuere, el éxito o el fracaso no dependerá del resultado electoral de una determinada formación política, sino de nosotros mismos.

¿Podemos?

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