El cambio

luzA menudo insisto en la misma idea una y otra vez: no podemos esperar que el cambio llegue del exterior, sino a partir de nosotros mismos. Entiendo que la revolución es interior y nuestra conciencia la única luz que nos puede servir de guía. Por eso a mí me gusta más hablar de re-Evolución que de revolución.

Pienso que en muchas ocasiones esperamos que la solución a los males individuales o colectivos que nos acechan nos venga dada de afuera y en ello depositamos muchas de nuestras esperanzas. Lo cierto es que es muy difícil que algo así ocurra alguna vez porque, en cierta medida, la sociedad es producto de los ciudadanos que la habitan y, de algún modo, los unos somos reflejos de los otros.

Hay una cita, que creo que se le atribuye a Gandhi, que expresa muy bien lo que intento decir que dice sé  tú el cambio que quieres ver en el mundo. A mi entender, esto no quiere decir que si un individuo evoluciona en cierta dirección toda la sociedad cambie inmediatamente con él, pero sí que, en cambio, influye en cierta medida a transformar el conjunto.

Existe un concepto en sociología denominado “masa crítica” que viene a decir que para que un fenómeno social ocurra es necesario alcanzar cierto número de personas. La sociedad está conformada por individuos y cuando un número determinado de individuos se comportan a la vez de una manera concreta la tendencia del resto es a mimetizar ese mismo comportamiento.

Así pues, muchas veces, encuentro un error y casi un sinsentido creer en la posibilidad de un mundo mejor, menos desigual, con mayor justicia social, si somos incapaces de contribuir personalmente en las cosas más básicas para conseguirlo. Para ello es fundamental hacer un esfuerzo en recuperar los valores y capacidades más nobles que anidan en nuestro interior, es decir, todo aquello que nos hace sentir bien con nosotros mismos: la honestidad, la empatía, el agradecimiento, la sinceridad, el respeto, la generosidad, la solidaridad, etc. y procurar adecuar correctamente nuestra forma de actuar. Si no lo hacemos así, es decir, si no procuramos proponer al mundo la mejor versión posible de nosotros mismos, es muy difícil esperar que el mundo nos confíe algo mejor para nosotros.

Si conseguimos alinear nuestra forma de pensar y de sentir con nuestro comportamiento y acciones, veremos como a la vez, potenciamos un cambio positivo en los demás y contribuimos activamente en un cambio mucho más global.

Quizás otro día escriba un post sobre cosas mucho más concretas que creo que podemos hacer en pos de una transformación social. De hecho, casi seguro que lo hago próximamente. Hoy me apetecía más centrarme en lo fundamental.

Como diría “El Principito“, “lo esencial es invisible a los ojos”.

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