La solución

PENSAR POSITIVAMENTE.B.MEGF.SAB.23 ENERO 2010.pensamientos

El tema de la independencia de Catalunya, para bien o para mal, ocupa el primer plano de la actualidad en Catalunya (valga la redundancia) y, muy posiblemente, también en España (con el permiso de “Podemos”).

En mi caso, a pesar de que estoy convencido de que la independencia realiza perfectamente la función  de “cortina de humo” para evitar tratar otros problemas mucho más acuciantes, no puedo evitar sentir una extraña fascinación por el asunto. Y es que, al fin y al cabo, la posible secesión de una comunidad determinada, no es un tema menor. Y más aún si esta comunidad se refiere al lugar donde pertenezco.

No voy a entrar en este post en un análisis de los motivos a favor o en contra de la independencia de Catalunya. Pues la intención de este escrito es muy diferente. Ahora bien, sí me gustaría señalar que muy a menudo los motivos que escucho por boca de políticos, periodistas, etc. en defensa de una u otra opción me producen en algunos casos una vergüenza abrumadora por su inconsistencia y, en otros, cierta rabia por su carácter manipulador. Ahora bien, también debo reconocer que hay veces (las que menos) que oigo o leo opiniones desde planteamiento lógicos, humanistas y/o existenciales muy bien fundamentados que me merecen todo el respeto del mundo. Al igual de respetable que, a priori, me parece la independencia (o no) de Catalunya.

Así pues, por muy interesantes que encuentre los debates sobre el derecho a la autodeterminación, me frustra enormemente que el espacio para la defensa de los derechos sociales haya quedado arrinconado o, en el mejor de los casos, se vea obligado a pasar por el “filtro” del independentismo. Resulta “divertido”, a la vez que ridículo, constatar que los abanderados por ambas partes en conflicto sean los representantes del PP y de CiU, es decir, los máximos responsables de los recortes en derechos y prestaciones sociales en nuestra sociedad y los mismos que, aún a día de hoy, siguen poniéndose de acuerdo en las decisiones que de forma más grave afectan al conjunto de la ciudadanía. Paradójico, cuanto menos.

Es por eso que creo necesario defender sin fisuras la solución a este asunto, para lo que es verdaderamente importante recupere el lugar que le merece. Y la solución no es otra que el reconocimiento al derecho a la autodeterminación de Catalunya (y, por supuesto, de cualquier otra comunidad que así lo reclamara) y la posterior realización de un referéndum vinculante. Cualquier otra opción me parece un flagrante error.

El nacionalismo es una ideología política basada en la exaltación de la propia nación y cultura en frente de las demás. Pero el reclamo independentista en Catalunya no puede reducirse sólamente a eso, aunque por supuesto también debe reconocerse que ha habido un notable incremento en los últimos tiempos del nacionalismo catalán. Ahora bien, por mucho auge nacionalista catalán tampoco es de recibo atacar el derecho a la autodeterminación desde la defensa a ultranza de los postulados del nacionalismo español. Y es que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y un clavo no quita otro clavo.

Caer en una lucha de nacionalismos enfrentados es el peor de los escenarios posibles, se mire como se mire. Y, lamentablemente, las posiciones que mantienen tanto del gobierno de la Generalitat, como la del gobierno del Estado distan mucho de evitar una mayor crispación social e institucional.

En las sociedades donde la cultura democrática está más enraizada la forma de resolver estos asuntos es mediante acuerdos que permitan dar cauce a las demandas sociales, es decir, a través de sistemas de votación legales y acordados. En el caso que nos concierne, por mucho que se pueda criticar los postulados de la Generalitat, es al gobierno de España al que le corresponde asumir la mayor responsabilidad.

Actualmente, por desgracia, nos encontramos en una situación de bloqueo permanente de la que es muy difícil salir: una notable mayoría del Parlamento catalán que defiende e impulsa el derecho a la autodeterminación de Catalunya y un Partido Popular (que, no olvidemos, hace de la identidad nacional española uno de sus valores ideológicos fundamentales) ejerciendo el poder con mayoría absoluta en el gobierno de España.

Ahora bien, lo que parecen ignorar los detractores de permitir un referéndum en Catalunya es que cuanto más impide dicha votación, mayor es el número de catalanes que así la reclaman. En tono jocoso, hay quién dice que el partido que ha hecho más por el independentismo catalán es el PP, y a mí no me parece que esta afirmación esté demasiado desencaminada… Lo cierto es que, si queremos ser realistas, un problema de esta envergadura no es sostenible a largo plazo. Quizás exista la posibilidad de que el suflé baje con el tiempo, pero en cualquier caso, no dejaría de ser un tema susceptible de volver a resurgir en otro momento con la misma o mayor intensidad si cabe. Asimismo, tampoco estaría mal que “los defensores de la unidad de la patria” fueran un poco pragmáticos y valoraran que si con la crisis económica tan dura que estamos viviendo, el enorme descrédito de la clase política, un gobierno del Estado conformado por el partido político que menos simpatías despierta en Catalunya… Es decir, que si prácticamente en el peor de los mundos posibles “tan sólo” un 40% de los catalanes acudieron a la cita del 9N, ¿por qué razón no apostar por una consulta en la cuál el potencial del “No” es enorme? Además, pudiera ser posible, que a partir de este proceso, encontráramos nuevas y mejores formas de organizarnos y relacionarnos entre todos.

Ahí lo dejo…

Para finalizar, quiero decir que la libertad para mí no tiene absolutamente nada que ver con la bandera que cuelgue en determinadas instituciones, ni con la existencia de unas u otras fronteras administrativas, ni con lo que ponga en un pasaporte, pero creo que el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos supone un claro avance democrático y, personalmente, a mí me gustaría vivir en un lugar lo más democráticamente avanzado posible.

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