Trascendencia: aceptación y cambio

Hace algún tiempo hablé en un post dela sombra, es decir, de aquella oscuridad que albergamos en nosotros mismos y que, como tal, somos incapaces de ver. Por la simple razón de que es invisible a nuestros ojos. No obstante, como ya dije aquella vez, a veces las circunstancias arrojan luz ante nosotros y nos obligan a contemplar, a veces con dolor, aquello que durante tanto tiempo (quizás desde siempre) hemos negado o no hemos sido capaces de concebir.

Una vez llegado este momento, aunque podemos negar la mayor y entrar en un proceso de autoengaño con tal de proteger nuestro ego, lo cierto es que si somos honestos prestaremos total atención a la claridad de la luz que se manifiesta delante nuestro… Aceptar nuestras debilidades, limitaciones, errores y nuestra total humanidad. También he hablado, desde distintas perspectivas, en diferentes ocasiones de este proceso de aceptación. Por ejemplo desde un punto de vista devenido por las circunstancias o desde una perspectiva más interior.

Ahora bien, a veces sucede que este punto de inflexión es tan radical que se convierte en un camino de no retorno. Una señal que nos indica que ya nada será lo mismo, que necesariamente no puede ser igual. Un punto en el cuál la crudeza de nuestra sombra es tan brutal que la mera aceptación ya no resulta suficiente.

En ese instante se abre un proceso en el cual la integración de la sombra de la que hablaba en anteriores posts se transforma en una potente herramienta de cambio interior. Tal como si fuera un proceso de desintoxicación interno. Al igual que si se tratara de un filtro de desintoxicación espiritual, del cual no sabemos bien bien cómo vamos a salir, pero que lo sabemos necesario y vital para nosotros. Como una llamada de socorro interna que no podemos eludir. Una alarma que nos indica manifiestamente que por este sendero ya no es posible transitar y que es necesario un cambio de rumbo en nuestra vida. Un cambio necesariamente interno. Trascender en buena medida lo que hasta ahora era nuestra personalidad para dar paso a una nueva forma, que nos conduce a un nuevo nivel de conocimiento, a una perspectiva mucho más profunda. Parecido a lo que ocurre con la mariposa al romper la crisálida. Quizás un cambio doloroso en parte, pero definitivamente, necesario. Y con toda probabilidad, a pesar de todo, con casi toda la seguridad que al final resulte a mejor.

Una transformación que logre que todo el sufrimiento pasado y presente tenga sentido y que, a pesar de todo, valga la pena seguir creciendo y aprendiendo. En definitiva, seguir viviendo.

crisálida

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Trascendencia: aceptación y cambio

Catalunya. Artículo 155 (…y más)

Hace ya más de una semana del ingreso en prisión preventiva y sin fianza de los presidentes de la ANC y Òmnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, acusados de un supuesto “delito de sedición”. Concretamente, se les acusa de ser los instigadores de la masiva (y espontánea) movilización ciudadana, en protesta a las actuaciones de la guardia civil el pasado 20 de septiembre a fin de evitar los preparativos del referéndum de autodeterminación del 1 de Octubre, y en la cual se registraron daños a varios vehículos policiales. Durante dicho día y desde primera hora de la mañana se produjeron “por sorpresa” registros en diferentes sedes de la Generalitat y otras empresas privadas y, finalmente, se detuvieron a 14 responsables de la administración catalana. Actualmente, y también por esta misma cuestión está siendo investigado por requerimiento judicial el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero.

Jordis

Por otro lado, el pasado sábado Rajoy compareció públicamente para anunciar que el próximo viernes el Senado dará luz verde a la aplicación del artículo 155 en Catalunya. Un hecho totalmente excepcional y sin precedentes en los 40 años de vida de la democracia española. El gobierno del PP ha acordado con el apoyo conjunto de PSOE y Ciudadanos, supuestamente bajo el amparo de dicho artículo, el cese en pleno del gobierno catalán así como también, en caso necesario, el control del cuerpo de la policía autonómica y de los medios de comunicación públicos catalanes (TV3 y Catalunya Ràdio), entre otras medidas. Recordemos que el Estado ya tiene intervenidas desde hace aproximadamente un mes las finanzas catalanas.

La excusa para dar luz verde a la decisión del gobierno es la de “la restauración de la legalidad” tras la comparecencia el pasado día 10 de Octubre del president de la Generalitat, Carles Puigdemont. resultats-1-oEn esta sesión el president de la Generalitat ciertamente jugó con estudiada ambigüedad respecto la valoración de los resultados del referéndum del 1 de octubre y los efectos que de él se derivan, es decir, la independencia de Catalunya. Recordemos que los resultados de este referéndum dieron una victoria clara del independentismo con el 90% de votos a favor, con una participación de alrededor del 40% del censo, a pesar de toda la violencia policial que durante la jornada se ejerció contra una población indefensa y que acabó con centenares de personas heridas… Resultados los del referéndum, por otro lado, muy similares a los de la “consulta del 9N” de 2014.

Sea como fuere, es evidente que hasta día de hoy en ningún momento ha habido una declaración formal de independencia en Catalunya por parte de Puigdemont (pues ésta no consta en el “DOGC” ni en ningún otro documento oficial) y que de las palabras del president  a todos luces se desprende una voluntad de diálogo con el ejecutivo español con tal de lograr una solución acordada a este conflicto. A pesar de ello, el gobierno central ha optado por continuar en su línea de “mano dura” con la activación de este artículo.

En los próximos días, está previsto un nuevo pleno en el Parlament de Catalunya (sobre el cual desde algunas fuentes se especula en que pueda declararse, ahora sí, la independencia), además de también una posible comparecencia de Puigdemont en el Senado. Por otro lado, en las últimas horas parece ser que los planes del PP puedan complicarse debido a que el PSOE ha anunciado que se desmarcaría de dar su apoyo al 155 si desde la Generalitat se convocan elecciones autonómicas. No obstante, el gobierno ya se ha apresurado a advertir que rechaza la paralización de la aplicación de dicho artículo independientemente de cualquier hipotética convocatoria de elecciones en Catalunya… Ya veremos cómo acaba la cosa.

Pues estos son, en resumen, los últimos acontecimientos respecto a lo que algunos se refieren como el “problema catalán”. Así pues, ¿es exagerado hablar de “presos políticos” en España y de la aplicación de un posible “golpe de estado” en Catalunya? Que cada cual saque sus propias conclusiones.

En cualquier caso y según mi modo de ver la realidad social, me gustaría plantear las siguientes consideraciones:

  • ¿En serio cree el gobierno español que vale la pena llegar hasta aquí con tal de evitar una solución acordada con el gobierno de la Generalitat?
  • ¿Piensan que con el uso de la represión y la violencia conseguirán poner freno a la legítima aspiración de la mayoría de los catalanes de decidir libremente su futuro?
  • ¿De verdad son tan profundamente nacionalistas y reaccionarios que están dispuestos a poner en riesgo los mismos cimientos de la democracia con tal de preservar a toda costa y a la fuerza la unidad de España?
  • Y por último, ¿no sería mucho mejor para todos acceder a la celebración de un referéndum acordado para la autodeterminación de Catalunya? Un referéndum similar al celebrado hace pocos años en Escocia (de acuerdo con el Reino Unido) y, donde el potencial del “no a la independencia”, a pesar de todo, sigue siendo muy elevado.

Por último, solamente añadir que bajo mi punto de vista es posible que con la aplicación del artículo 155 el Estado pueda controlar la situación en Catalunya a corto o medio plazo. No lo sé… No obstante, estoy convencido que es absurdo imaginar que de esta manera este conflicto se solucionará definitivamente, sino al contrario: la situación de seguir por esta vía cada vez será más complicada y las consecuencias de todo ello mucho más imprevisibles y, seguramente, más descorazonadoras y lamentables.

Esperemos que en algún momento, más pronto que tarde, se imponga el sentido común. De momento, lo única esperanza para que la cosa no empeore más quizás sea la intervención de la comunidad internacional (cosa que parece muy poco probable en estos momentos) y la presión popular al gobierno del conjunto del pueblo español, no solamente el catalán. Pues definitivamente ya no se trata de una cuestión (sólo) de nacionalismos enfrentados, sino sobre todo de defensa de las libertades y de los valores democráticos más básicos.

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Catalunya. Artículo 155 (…y más)

Represión 1-Octubre ¡Esto no es democracia!

Son las 18:00 horas del 1 de octubre de 2017. El día del referéndum catalán. Llevamos casi 500 heridos, según fuentes oficiales, por cargas indiscriminadas de la policía nacional a ciudadanos que sólamente pretendían ejercer su derecho a voto de manera pacífica.

No tengo palabras. Sólo albergo tristeza e indignación, al tiempo que intento contener la rabia. Se puede estar de acuerdo o no con la independencia de Catalunya pero nada justifica el uso de la violencia ante una población indefensa.

Este día marcará un antes y un después en la política española, puesto que cada vez menos catalanes querrán seguir perteneciendo a un Estado que les maltrata de esta forma. También en el resto de España, creo que la honda de repulsa hacia estas políticas se hará expansiva en el resto de los pueblos de España. Y a nivel internacional, esto no se aguanta en ninguna sociedad que pretenda ser mínimamente democrática.

No quiero escribir más. Tampoco puedo… Simplemente dejo aquí algunas de las crudísimas imágenes que están dando la vuelta al mundo por Twitter en estos momentos.

Represión 1-Octubre ¡Esto no es democracia!

#1-O: Choque de Trenes y defensa de la democracia

choque_trenes1Se llevaba mucho tiempo – años – hablando del “choque de trenes”, es decir, de aquel momento en que la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de España se enfrentarían abiertamente a causa del ejercicio al derecho a la autodeterminación. Y podemos afirmar que a partir de la convocatoria oficial del referéndum para el próximo 1 de Octubre por la independencia de hace apenas dos semanas, ese momento ya ha llegado.

Se podría hablar largo y tendido sobre este asunto desde diferentes perspectivas, pero no es mi intención hacerlo en esta ocasión porque creo que cuando la cosa se tensa tanto no queda más remedio que tomar un posicionamiento al respecto, a pesar de que lo que sucede no sea lo que personalmente yo (ni muchos otros) hubiésemos preferido. Pero la realidad es tal cual se presenta. Y, nos guste más o menos, ahí estamos el conjunto de los ciudadanos contemplando este “choque de trenes”. Y lo cierto es que cuando dos trenes chocan, siempre se producen lamentables daños, independientemente de qué tren fuera por la vía correcta y cuál no, si es que fuera alguno…

Dicho esto, en primer lugar quiero dejar claro que todo esto no se estaría produciendo si el gobierno de España hubiera accedido a la celebración acordada con el gobierno de la Generalitat, en los términos que fueran, de un referéndum por la independencia de Catalunya.

El derecho de autodeterminación, es decir, la capacidad intrínseca de un pueblo o comunidad determinada a decidir sobre su futuro, es algo tan elemental que es muy difícil (por no decir imposible) no estar de acuerdo si no es desde un posicionamiento cercano al de un nacionalismo reaccionario.

¿Existe alguna razón por la que los ciudadanos de Catalunya (o de Euskadi o de Galicia) no puedan ejercer su derecho democrático a voto acerca de si desean seguir formando parte de España?

Pues bien, como el gobierno del Estado lleva enrocado desde hace años en su posicionamiento negativo, ahora nos vemos abocados a esta situación. Y es totalmente cierto (y también es bueno recordar) que desde Catalunya en este tema se han hecho muchas cosas bastante mal y que se han cometido ciertas irregularidades (véase el esperpento en la aprobación de la “ley de transitoriedad” o en la misma convocatoria del referéndum)  y que, además, de llegar a producirse el referéndum catalán, éste no contaría ni siquiera con las garantías mínimas marcadas por la Comisión de Venecia en esta materia, por lo que tampoco contaría con el aval y reconocimiento internacional…

Está claro que el gobierno catalán ha desobedecido al Estado al convocar el referéndum unilateralmente. Es una evidencia incuestionable. No obstante, yo me pregunto, ante la negativa reiterada del gobierno de España a acceder a un diálogo sobre la autodeterminación de Catalunya, ¿qué otra opción tenía el Govern? ¿Quedarse de brazos cruzados? ¿Esperar pacientemente a que haya elecciones generales para ver si gana “Podemos”? (cosa, por cierto, muy poco probable en estos momentos…)

papeleta

Sinceramente, pienso que el Govern català no tenía muchas alternativas si, de algún modo, quería presionar al Estado para que se aviniera a algún tipo de acuerdo dialogado…

Ahora bien, aún en el supuesto de estar totalmente en desacuerdo con la decisión adoptada por el Parlament de Catalunya, la respuesta del Estado a todas luces está siendo absolutamente desproporcionada e impropia de una democracia mínimamente avanzada o consolidada. En Catalunya ahora mismo estamos viviendo casi en estado de excepción: Las finanzas públicas intervenidas, la guardia civil interviniendo conselleries y otras instituciones del Govern, cierre de páginas web y, por lo tanto, en detrimento de la libertad de Internet, la policía haciendo registros en imprentas y oficinas de correos, prohibición de actos y manifestaciones a favor del “derecho a decidir”, cientos de alcaldes citados a declaración judicial, detenciones de cargos públicos, censura de spots publicitarios…

O dicho de otro modo, el estado español ha convertido definitivamente la defensa de los derechos nacionales de Catalunya en una lucha por los derechos civiles e, incluso, por el mantenimiento de la misma democracia, tal cual la entendemos a día de hoy. La respuesta social no se ha hecho esperar y una multitud ha tomado las calles y plazas para expresar enérgicamente su rechazo.

Y ante esta actitud autoritaria y toda esta vorágine de represión desatada por el Estado, gente como yo que no entendemos en absoluto la ideología nacionalista y que ni siquiera tenemos un posicionamiento a favor de la independencia de Catalunya, pero que venimos de movimientos sociales como el 15M y que defendemos un pensamiento libertario, nos tendrán enfrente. Puesto que creemos radicalmente en el diálogo, el acuerdo y, sobretodo, en la democracia y la libertad.

Y, no nos olvidemos, haya o no finalmente referéndum, después del día 1, llegará el día 2…

SPAIN-CATALONIA-POLITICS-PROPAGANDA

#1-O: Choque de Trenes y defensa de la democracia

Algunas reflexiones desordenadas respecto a los atentados

LAZO CONDOLENCIAHace poco más de una semana de los atentados de Barcelona y Cambrils. Poco más de una semana y parece que haya pasado un mundo. En la tarde de ayer salieron a las calles del centro de Barcelona medio millón de personas para expresar su rechazo al terrorismo y solidaridad con las víctimas. Recordemos que estos atentados, además de dejar un centenar de heridos, se cobraron la vida de 15 seres humanos inocentes, incluyendo niños que apenas habían tenido la oportunidad de comenzar su aventura por la vida. Y jóvenes. Y también mayores, es igual. 15 muertos que solamente estaban en el lugar más inadecuado en el momento más inoportuno. E imprevisible. Y fortuito. Personas que, bien pudieran esa tarde haber decidido hacer cualquier otra cosa y ahora estarían vivas. Y quizás otras ocuparían su lugar. Quién sabe. Personas que bien podríamos haber sido cualquiera de nosotros. Yo mismo, quizá. No hay ningún motivo racional que justifique su muerte ni por el cual se comprenda que esas personas, y no cualesquiera otras, deberían morir ese día… Pasear por las Ramblas de Barcelona una tarde de Agosto. Ya ves, tú. Nada más cotidiano. Nada fuera de lo más habitual.

Posteriormente, fueron muertos a manos de las fuerzas de seguridad la mayoría de los terroristas implicados en el mayor atentado yihadista perpetrado jamás en Catalunya. Unos seis, creo. No lo sé con certeza. También murieron dos más el día anterior a causa de la explosión de una bomba que preparaban con tal de cometer un atentado aún mucho más terrible en la capital catalana. Aunque lo cierto es que tampoco lo sé bien. La información es algo confusa y todo esto resulta muy difícil de comprender… Y, sinceramente, tampoco quiero saber demasiado. No encuentro que los detalles en este caso sean importantes. Al final, ha sucedido así, ¿qué más da lo demás?, ¿de qué sirve pensar que hubiera podido ser aún peor? En cualquier caso, con los terroristas abatidos, más muertos que sumar la negra lista de muertos. Y aunque no sienta ni mucho menos el mismo dolor por la muerte de unos y otros, lo cierto es que al final todo me resulta de lo más entristecedor. Pues todas ellas son muertes que, al fin y al cabo, acrecientan esta funesta espiral de odio, miedo, locura y desolación.

Barcelona, París, Londres, Madrid. También Madrid. Otros muertos que nos tocaron de muy cerca hace relativamente poco, apenas algo más de una década. Definitivamente, desde el 11-S de 2001, con el estremecedor derrumbe de las torres gemelas de Nueva York asistimos atónitos a otra manera de comprender hasta donde puede llegar el alcance del terrorismo contra la población civil. Porque el terror siempre afecta más cuando lo sentimos de cerca, cuando les ocurre a aquellos con los que más nos identificamos. Es así: no tienen el mismo valor para nosotros estos muertos que los que se producen por las guerras y conflictos armados en Palestina, Kurdistán o Síria. Simplemente porque aquéllos no los sentimos como propios y, en cambio, estos sí. No es ninguna rareza, nos duele más la muerte de aquéllos con los que más cosas en común compartimos. Es normal que así sea. Aunque probablemente el nexo de unión de unos y otros sea mucho más evidente de lo que de común imaginamos y tal vez fuera bueno reflexionar sobre ello.

En cualquier caso, desde entonces hasta ahora, tras todas estas muertes, después de todo este horror ¿qué hemos aprendido? Creo que apenas nada. O, al menos, poco. Muy poco…

De este modo, si nos preguntamos por el motivo de todo esto, ¿cuál es la causa, si es que existe? ¿Simplemente el generar terror por el terror? ¿La sinrazón? No lo creo en absoluto.

Porque, vamos a ver, ¿existe un motivo que pueda ofrecernos una comprensión para todo esto?

¿El petróleo, quizá? ¿El fanatismo religioso, tal vez? ¿Las guerras que se libran en Oriente Medio? ¿Los intereses económicos? Lo cierto es que posiblemente no encontremos una argumentación sencilla sino que exista toda una extensa maraña de hilos que se relacionan y se comuniquen los unos con otros, confeccionando un todo enormemente complejo…

En cualquier caso, estoy convencido de que los terroristas no son unos locos que simplemente quieren matar a la gente y ya. Quizás sea esta la explicación que a nosotros nos resulte más plausible, pero en el fondo, sabemos que no es así. Que no puede ser así. Ellos tendrán sus motivos, seguro, aunque nosotros no los comprendamos… Y tal vez no queramos ni tan siquiera escuchar.

Al igual que tampoco comprendemos qué carajo pasa con eso que llaman el Estado Islámico, el ISIS el DAESH o como quiera que lo llamen. Ni tampoco con el papel que juega el régimen de Arabia Saudí, ni con la venta de armamento de empresas occidentales a determinados países, ni con el dinero que financia las guerras (¿nuestro dinero?), ni con la crisis de los refugiados y ni mucho menos con los inmigrantes que vienen en patera a nuestras costas en busca de un futuro mejor.

Y sin embargo, aceptamos todas estas cosas que no entendemos con absoluta normalidad. Mira tú, qué curioso. Así pues, quizás la nueva normalidad en unos años sea aceptar también los atentados que se comentan en nuestras sociedades como algo que pasa de vez en cuando. Que no sabemos porqué, pero pasa. Como cuando existía ETA, pero en plan bestia. Con la misma normalidad como cuando ahora contemplamos en las noticias que se producen violaciones a mujeres, o asesinatos por razones machistas, o palizas a homosexuales, a extranjeros, a vagabundos, o la normalidad de la violencia en el fútbol, en las agresiones en los patios de colegio o, simplemente, los atracos en la calle a punta de navaja. Es decir, como algo que pensamos que ojalá que nunca nos suceda a nosotros pero que sabemos que son cosas que pueden ocurrir. Porque la vida es así. La gente está muy mal y hay cosas que no se pueden cambiar. Así que mejor cruzar los dedos, intentar no meterse en líos y que cada cual procure salvarse su culo. En el fondo, esta es la manera normal con la que nos movemos por el mundo y nos relacionamos los unos con los otros: repletos de desconfianza y de miedo… Y es que, por desgracia, razones no nos faltan. Cuando no es una cosa es otra. Y todo esto sin contar ya nuestros miedos habituales a quedarnos sin trabajo, a que nos deje la pareja, a que nos traicione un amigo, etc. Vamos, una locura de vida.

De lo que estamos hablando es de que, quizás, acabemos incorporando el terrorismo a nuestro sentimiento normal de vulnerabilidad. Aumentándolo, más y más, eso sí. Incorporar esta pesada carga a la ya de por sí voluminosa mochila de ataduras y cadenas.

Porque, en el fondo, nos sentimos vulnerables. Aunque claro está, siempre nos quedará el consuelo de encontrarnos en el lado de “los buenos”, por supuesto. “Los malos” siempre son los otros (el extranjero, el musulmán, el negro, el chino, el rico, el pobre, el hombre, la mujer, el catalán, el castellano, el de mi izquierda, el de mi derecha…) Pero nosotros, no. Nunca. La culpa, del otro. Siempre. Así de sencillo.

Dicho lo cual, no obstante, quiero dejar absolutamente claro que pienso firmemente que los terroristas que deciden llevar a cabo estos miserables actos, desde luego, son absolutamente responsables de sus acciones. Simplemente pretendo estirar del hilo de este pensamiento:

¿Por qué razón una persona decide acabar con la vida de alguien que ni siquiera conoce? ¿De alguien que no le ha hecho nada en absoluto?

Y, al final, después de mucho pensar sólo se me ocurre una respuesta: el odio.

Así pues, quizás sea tiempo de reflexionar qué motivos les lleva a unos jóvenes que han nacido y crecido en nuestra sociedad a odiar de esa manera, a odiar tanto como para desear meterse en una furgoneta y atropellar a todo aquel ser inocente que se cruce en su camino, ya sean mujeres, niños o ancianos. A atropellar a cuantos más mejor. Y a sentir que hacen bien. Sentir como su odio se libera otorgándole una extraña sensación de libertad y justicia. Aún a sabiendas de que probablemente ellos mismos morirán pocas horas después. De un tiro en el pecho. A sabiendas que esto supondrá el fin de sus cortas vidas. A sabiendas del poco valor, por lo tanto, que se dan así mismos. ¿Qué les lleva a estas personas a sentir que sus vidas tienen tan poco valor? ¿A ver que su única opción es aquella que les conduce a su propia muerte sin remedio?

Nosotros, desde la comodidad de nuestros hogares, deberíamos de ser capaces, al menos, de comprender una cosa: que el odio no puede ser combatido con balas, ni con mayores medidas de seguridad, ni mucho menos echándonos irresponsablemente la culpa los unos a los otros, ni con himnos o banderas, ni desviando la atención con temas superfluos o que nada tienen que ver con todo esto ni intentando de forma miserable sacar rédito de algún modo de tanta desgracia… Y aprovechar para pensar en todo aquello que como sociedad quizás no estemos haciendo bien, todas aquellas medidas de integración social y de no exclusión que podríamos mejorar enormemente. Y a nosotros mismos. No como sociedad sino como seres individuales. Como nos comportamos con los demás, qué le estamos ofreciendo al mundo.

El odio sólo puede ser combatido proporcionando amor. Aunque cueste. Nada más tiene el más mínimo sentido. Ningún otro camino podrá conducir a la paz.

Amor sin distinción. Ésa es la única respuesta realmente valiente y revolucionaria. A todos. Rompiendo las barreras imaginarias que nos convierten en enemigos del otro, del diferente. Desde el respeto más profundo por las víctimas y por los familiares, por supuesto. Ya que jamás podremos ponernos en su pellejo. Jamás. Sólo podemos abrazarlos y callar si no sabemos hacer nada más. Y solidarizarnos con ellos, pues bien pudiéramos ser nosotros los protagonistas de interpretar ese triste papel. Y aceptar toda la ira y rabia que como humanos en estos momentos puedan albergar… Puesto que la comprendemos perfectamente. Tienen todo el derecho.

Y, por supuesto, aceptar también toda la tristeza por aquellos que ya no están. Que descansen en paz.

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Algunas reflexiones desordenadas respecto a los atentados

¿Y si…?

interrogante.jpgEl proceso es sencillo: viene una idea a la cabeza y entonces se encienden las alarmas. La mente empieza a divagar, valorando las hipotéticas situaciones y los diferentes escenarios posibles, se evalúan todas las variables que se nos puedan ocurrir y vemos que no hay forma plausible de tomar una decisión que nos satisfaga completamente… Así que, sin remedio, volvemos al punto de partida y repetimos todo el proceso para encontrar una salida del laberinto. Una y otra vez. Pero cada vez peor y la bola cada vez se hace más grande.

La idea que nos mantiene la mente aprisionada suele tomar una forma angustiante, normalmente relacionada con una preocupación o un temor hacia la posibilidad de que algo “malo” nos ocurra en un futuro más o menos próximo. Y esta idea puede estar causada debido a múltiples circunstancias: estrés laboral, conflictos familiares, dolores corporales, etc. Nuestra mente siempre encontrará mil y una justificaciones racionales que darán crédito a la inquietud que en estos momentos nos aflige el ánimo: “Tengo un dolor en…”, “en el trabajo ha pasado…”, “mi pareja me ha dicho que…” Y, justo a continuación, siempre vendrá la recurrente pregunta que dará consistencia y vida a todo este bucle: ¿Y si…?”

“¿Y si…?” Y justo inmediatamente después de formularnos esta pregunta (para la cual no nos será posible encontrar una solución certera porque parte de la premisa de una situación hipotética) siempre vendrá otro “¿Y si…?” Y luego otro, y otro, y otro. “¿Y si…?” “¿Y si…?” “¿Y si…?”…

En realidad, poco importa si nuestra preocupación tiene una base más o menos “real” o si se trata de una situación “en verdad” crítica o no. Nuestra mente en ese momento encontrará mil y una justificaciones para dar crédito a nuestra congoja. Por lo que, para nosotros, en ese momento será lo único importante.

Y mientras tanto, nada ocurre, sólo que nuestra mente deambula en un mar de dudas que nos abruman. Y nos colapsan. Y nos paralizan. No existe el momento presente porque todo queda eclipsado hacia un temor futuro por algo que aún no ha sucedido y que ni tan siquiera sabemos si realmente llegará a pasar y ni mucho menos de la forma en la que finalmente tendrá lugar (si es que lo tiene). Pero no lo podemos evitar. El proceso ya ha empezado y no hay quien lo pare. Es como un mecanismo automático del cuál desconocemos la ubicación del botón de apagado.

Así pues, en ocasiones, repletos de angustia y de temor a veces tomamos una decisión… Pero luego pensamos que no, que mejor otra cosa… Y así sucesivamente, para finalmente no saber ni tan siquiera qué es mejor o peor. “¿Y si…?” “¿Y si…?” “¿Y si…?”…

Así pues, cuando acontece tal situación, creo que lo mejor que podemos hacer por el momento es parar. Detenerse. No hacer nada en absoluto para no alimentar más la espiral de pensamientos y así cesar nuestro alocado monólogo. Y detenernos a observar como nuestro cuerpo está en tensión sin una razón objetiva que lo justifique. Escuchar el ritmo convulso de nuestro corazón, darnos cuenta de nuestra respiración agitada. Sentir las pequeñas gotas de sudor que se desprenden de las sienes o entre las manos. Observar cómo avanzamos hacia un camino que no lleva a ninguna parte, al igual que aquel ratón que corre sin cesar sobre una rueda que gira y gira pero no avanza a ningún lugar. Entender que, habitualmente, nada pasa tal cual lo imaginamos y que la mayoría de nuestras preocupaciones jamás llegan a concretarse en la realidad.

Y de esta manera, poco a poco, veremos que este estado se irá desvaneciendo de forma pausada, sin esfuerzo… Si es necesario podemos intentar ponernos en una posición cómoda para mirar de descansar, sentados en el sofá o estirados sobre la cama. Y contar hasta 10, hasta 100 o hasta 1000. Incluso dormir si es necesario. A veces también puede servir tomarse una ducha, salir a pasear, escuchar música o iniciar cualquier otra actividad que nos permita tomarnos un respiro. Desconectar. Descansar.

Y una vez consigamos mantener el cuerpo y la mente relajados, es posible que a continuación valoremos la situación de otra manera. Y desde este espacio de mayor tranquilidad hagamos lo que creemos que sea mejor o más conveniente para nosotros. Y si creemos que hemos de actuar al respecto de alguna manera determinada, hacerlo. Y si, después de todo, creemos que tal vez es mejor no hacerlo, pues no hacer nada. Entendiendo, eso sí, que no es posible controlarlo todo y que hay que aprender a convivir con la incertidumbre, pues en el fondo, no podemos estar completamente seguros de nada de lo que vaya a suceder en el futuro y que las cosas en muchas ocasiones no dependen exclusivamente de nuestra voluntad o de nuestros deseos ni de cómo creamos que deberían ocurrir. Por mucho que nos empeñemos en ello, nunca tendremos todas las respuestas pues hay multitud de factores que se escapan de nuestro control. En definitiva, debemos saber tolerar el “¿Y si…?”

Porque, mientras tanto, la vida pasa.

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¿Y si…?